Noche de provincias

20171228_36.JPGPerfectamente podría sonar a esa hora la campana de la Audiencia, o de la Catedral; dos signos de la vida provinciana en la que la gente se suele acomodar con tanta facilidad por aquello de la reconfortante tibieza que da.

  Hay quien piensa que hoy en día el hereje es el que va contra la Iglesia, el Capitalismo o que su apoyo a los nacionalismos permitirá la masa crítica necesaria para vencer el orden establecido. Es, sin duda, otra de las manifestaciones de la vida provinciana.

Al saber de todos estos pienso en “El hombre de la multitud” de E.A. Poe, en Walter Benjamin, el Luis Cernuda, gente que supo, deseó y vivió la vida solitaria a la contra del provincianismo.

 

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No hay cárcel en lo urbano

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Leo en un libro, cuyo título y autor he olvidado ya, que la experiencia urbana es la propia de alguien que vive en una cárcel o en un panóptico. Uno lee luego los ensayos sobre el París del Segundo Imperio de Walter Benjamin y se da cuenta de la distancia entre Benjamin y los ensayistas hoy en día (o al menos de algunos ensayistas bastante renombrados).

Solo hay que pensar en el flâneur baudeleriano, en el mismo Walter Benjamin recorriendo los meandros de París o los paseos de Franz Hessel por Berlín. No hemos de quedarnos en eso que, con más ignorancia que desdén, algunos llaman alta cultura. Pensemos en el callejeo de las clases populares por las calles de Madrid, de Nueva York. Esas excursiones a Coney Island, a Long Island, ese merodeo desde el Harlem hasta la Estatua de la Libertad, o los paseos por el Madrid popular. También las tribus urbanas han hecho de la ciudad su territorio. Esto es normal. Nadie que quiera vivir con libertad puede pensar en el pueblo como lugar donde vivir esa libertad. Es en la gran urbe donde la LIBERTAD se vive, con sus incomodidades, sí, pero también con sus enormes beneficios.

La ciudad, por fortuna, no es una cárcel, por mucho que algunos se empeñen en meter a la vida en el lecho de Procusto de sus teorías. Ocurre solo que algunos tienen miedo de la libertad individual, la que uno conquista por sí mismo sin ayuda de ningún partido político ni ninguna asociación o asamblea o grupo de apoyo sicoterapeúticoatísticocreativopolíticoasambleario. Uno vive solo y establece amistad con los libres, como nos descubrió Baruch Spinoza.

Adioses

Leo en los periódicos recuentos del año. Destacan el alto número de artistas (en su sentido más amplio, aunque creo que predominan los músicos) que este año han fallecido. A muchos de ellos los he escuchado con verdadera pasión. He ido recibiendo las notificaciones de la muerte de cada uno de ellos sin demasiada alharaca sentimentalista. Será que me he hecho viejo, pero sobre todo que tanta efusión sentimental que nos inunda me repele.

Creo que en la tristeza, sobre todo en la desgracia y en la tristeza, uno ha de mantenerse firme, fuerte, y la congoja ha de ir por dentro, como las aguas turbulentas que corren por debajo de la superficie de los ríos. Es la única manera de comportarse en la que uno no cae ni en el patetismo ni hace el ridículo.

Y repito, en una época como esta en que todos se aprestan a demostrar ansiosos sus sentimientos – lo que solo consigue que sean infantiles – la verdadera soberanía reside en el control de las emociones. Solo así uno no forma parte de la grey.

Escribo esto al poco de enterarme que Carrie Fisher ha fallecido – otra pieza de la niñez que desaparece — y al saber que los rancios de la izquierda dizque radical española la utilizan para sus estupideces políticas. Aunque, seamos sinceros, un comunista del período alto del Capitalismo (en el que vivimos) — o del período medio (Lukács, por ejemplo) — es incapaz de entender (ahí quedan los escritos estéticos de tantos y tantos comunistas, con la excepción de Theodore Adorno, Walter Benjamin y pocos más) la función de la ambigüedad de la ficción.

(Nota Bene: quizás la izquierda española utiliza la Guerra de las Galaxia porque cree que George Lucas, su director, es Georg Lukács, el filósofo (en puridad, el teólogo) marxista. Nada me extrañaría conociendo como conozco la indigencia intelectual de la izquierda.)

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Tierra yerma

De repente el tiempo ha cambiado. La niebla es intensa y la humedad es elevada. Hace frío y es desapacible pasear por las calles por el simple gusto de pasear. Es lo normal a estas alturas del año. Altura o ya bajura porque en nada cambiaremos de año, y siento que en estos últimos meses vamos cayendo en picado hacia nadie sabe dónde. No es el momento de aceleración histórica que dijo Walter Benjamin, el jeztzeit de su tesis XIV sobre filosofía de la historia.

El momento no está preñado con múltiples posibilidades. En realidad solo hay una: la caída por el barranco. Lo que aún no sabemos es la velocidad que alcanzaremos.

No olvidemos que en ese momento único el ángel de la historia corre, se aleja despavorido y vuelve la cabeza para mirar atrás y contemplar el tamaño de la catástrofe. Un ángel que tiene sus reminiscencias mesiánicas en Benjamin. El arcángel con la espada se aleja del campo de batalla una vez que la ha iniciado. En una tierra yerma, abandonada por la divinidad, la Humanidad lucha y el resultado es el acabamiento de toda esperanza y el regreso a la errancia, como en épocas pasadas.

La pregunta es cómo un materialista puede albergar todavía sueños o ilusiones proféticas.

Arqueología

Paso unos días en Madrid. Paseo por las calles, atestadas de gente y, sobre todo, de ruido. Este viaje he notado el continuo runrún de coches, motos y autobuses. Aunque termino acostumbrado, agradezco, por ejemplo, el tiempo que pase en el parque del Retiro, donde el ruido era casi inexistente y era, desde luego, menos agresivo que el del motor de un automóvil.

En El Matadero, centro de creación contemporánea, como dice en los folletos que reparten, tampoco hay ruido; entiéndase, ruido que moleste. Vemos algunas exposiciones, y me llama la atención la que se titula Arqueológica, dedicada a la esta disciplina pero que señala algo que ya Walter Benjamin dejó apuntado: la arqueología, hoy en día, no está en las excavaciones de civilizaciones pasadas. La velocidad a la que se mueve nuestra sociedad ha logrado que nuestro pasado podamos buscarlo en el cubo de la basura. Nuestro presente, al cabo de pocos años, se vuelve un fantasma cuyos rastros están en el basurero. Los armarios guardan gran cantidad de rastro de lo que fue nuestra vida en forma de viejos discos, cómics amarillentos, camisas que ya no nos pondremos. Walter Benjamin dejó dicho que los pasajes de París eran los lugares donde empezar una nueva arqueología, hoy en día incluso los pasajes se han quedado ya antiguos.