Anteojos

DSCF7512.JPGDesde la desierta avenida cojo los prismáticos y echo la vista al horizonte lejano de los viajes que nunca he hecho (y quién sabe si haré). Desde la desierta avenida en la temprana mañana de verano cuando solo unos pocos se dirigen al trabajo y otros tantos regresan a casa después de una noche de farra y quién sabe si encontrarán arroz blanco en el frigorífico, escruto el horizonte de la lejana ciudad a la que voy todos los veranos desde los libros. Viajo de un lado a otro desde la chaise longue en que paso las horas vespertinas del calor que cae a plomo sobre el asfalto y sobre los coches, recalentando la atmósfera y encendiendo los cristales de los vasos de las terrazas y de las ventanas.

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Playa de interior

DSCF7355La playa está lejos, o eso nos dicen, equivocados, los que no saben que la playa está dentro, que solo hace falta un poco de imaginación y uno puede vivir la vida que Ceesepe vivía como capitán Achab retirado en una ciudad fantasmagórica como si fuera el decorado de un Blade Runner posmoderno y onírico (aún más onírico que el de la película).

La playa, para los que, varados en medio de los secos trigales de Castilla no viajamos, es una idea de playa con una brisa fresca, un cocotero y un daiquiri. A lo lejos, el sonido de las olas que rompen perezosas en la arena.

Para este viaje apenas se necesita nada: un sombrero rayado, una pared y un foco para hacer la foto que luego se pega en la pared con una chincheta.

Verano de lecturas

 

Cartel_2.jpgMás o menos hoy comienzan mis vacaciones. Aún tendré algunos asuntillos que rematar, pero lo gordo — por decirlo de algún modo — ya lo he acabado. Ahora me espera un verano de lecturas, caribeñas como lleva siendo costumbre desde hacia varios años. LLego a las vacaiones con alguns relecturas en el cuerpo, Sodoma y Gomorra de Marcel Proust, de quien me he propuesto volver a leerme  todo En busca del tiempo perdido a razón de un volumen por verano.

Ahora hay tiempo y ganas de leer por placer. Durante el año el palcer de leer existe y lo siento, pero hay veces que las obligaciones se cruzan en nuestro camino. Ahora, no, lo que ahora leo es solo por placer.

Finale

Los altos ventanales del verano son ya un recuerdo luminoso de un tiempo que discurrió calmo, detenido en algunos momentos. El frescor matutino y el bullicio sosegado que subía de la calle al abrir las ventanas para que la vida entrase, cauta, al apartamento. La noche cálida y tranquila, con los últimos retazos de las conversaciones en la terraza del restaurante. Los niños  que juegan a media tarde y las personas mayores sentadas en los bancos. Estampas de un tiempo que ha pasado ya irremediablemente y que no volverá a repetirse aunque algunas veces caigamos en la trampa de la nostalgia y creamos ver lo que no existe sino en nuestro recuerdo.

Viaje

La luz y el frescor matinal de la clara mañana dominical entran por los abiertos ventanales del apartamento. Apenas se escucha a algunas personas; el domingo ralentiza y enmudece las ciudades. En breve saldrá el autobús y nosotros con él, de vuelta, aunque el trayecto dure casi tanto como desplazarse a Nueva York. Esto es una de esas anomalías entrañables de este mundo: mientras que a cualquier capital apenas tardas unas horas, viajar de una  iudad de provincias a otra puede llevarte un día completo.

Tiempo

Es eso que se deshilacha cuando una temporada va acabando, como por ejemplo ahora, el verano, cada vez más breve, aunque no más anodino ni tampoco más intenso. Solía pensar que si algo era breve, la intensidad que pondría en su disfrute, compensaría todo. Ahora veo que no es así, que la edad tamiza hasta las más encendidas pasiones, quizá sea que el cuerpo ya no aguante físicamente, quizás, quién sabe, un cierto aburrimiento de la vida.

Afuera se escucha el rumor de las hojas y de las personas, como si fuera la resaca de un mar lejano. Afuera la vida discurre, el tiempo en su acepcion mas natural, sin 1ue nadie se percate de que transcurre. En los bancos las personas mayores de todos los días, quizás viudos, sin nadie que los espere en ningún lugar, vuelven a dejar que el tiempo los atraviese un día más, como si ese fuera el destino final de todos ellos, de cada uno de nosotros.

Queda poco tiempo, el justo para volver a recordar algunos momentos de estos escasos días, y volvera hacer la maleta para regresar a la rutnia de la vida donde el tiempo se camufla.