La historia, no paran de decírnoslo, se repite

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Hubo una Primavera de Praga, en que el gobierno checo inició tímidas reformas de democratización, que se resolvió con la ocupación de Checoslovaquia por parte de la URSS, y los comunistas protestaron, solo algunos, débilmente y siguieron apoyando a la URSS. Hubo, décadas después, protestas en la Plaza de Tiannanmen para pedir mayor libertad y democracia. El gobierno comunista chino masacró a los manifestantes. Y los comunistas europeos siguieron apoyando el comunismo. Ahora hay en Venezuela protestas ciudadanas para que haya más libertad y democracia, y el gobierno chavista reprime las protestas con ferocidad, Y los comunistas españoles, que tanto hablan de democracia, callan y no critican. Solo apoyan el régimen tiránico chavista. La historia se repite siempre demasiadas veces, y los miserables no cambian de bando.
Desde otro punto de vista Eduardo Jordà lo explica muy bien.

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Conservadores, dijeron, señalando a los otros

Si hay una organización conservadora en el mundo hoy en día, esa es la izquierda revolucionaria. Siguen anclados en el discurso de principios del siglo XX, siguen anclados en las formas de entonces, de la Revolución de Octubre, que luego se repitió en los golpes de Estado en las países bajo la influencia de la URSS, en la Cuba castrista y en la Venezuela de Chaves, su sucesor nombrado a dedo, Maduro, y los que vengan.

Bien se puede observar en este artículo de Rafael Fraile G., tan inflamado de arder revolucionario y crítica constructiva que no parece percatarse de los anacolutos ni de las faltas de ortografía o tipográficas. ¡Qué importan esos resabios burgueses cuando la Revolución está al alcance de las manos!

Mientras leía el artículo, me invadía a partes iguales la morriña – por aquello de que parecía que estuviera leyendo un ejemplar de El viejo Topo de finales de los años 70, o la crónica de algún exultante castrista sobre cómo superan las dificultades derivadas del pensamiento burgués en la isla – y la fatiga de ver que en un siglo no han avanzado nada y que siguen con las cartas abiertas llenas de crítica constructiva, la lealtad al proyecto revolucionario, la denuncia de los traidores, del pensamiento pequeñoburgués y revisionista, y la llamada a la vuelta a la pureza revolucionaria (en la línea de los primeros puritanos que llegaron a América).

En fin, que, como ya he observado más de una y más de dos veces, no es revolucionario ni progresista aquel que más lo proclama, y que hemos de andarnos con mucho ojo sobre todo dentro de eso que llaman la izquierda revolucionaria. Ahora que no es marxista y sí populista (más aún de lo que lo fue en décadas anteriores), el conservadurismo y la demagogia se han desatado. Esto, de más está decirlo, es una maravillosa poza en la que pescar las truchas del desencanto y el resentimiento.

Las cifras de la represión

42 muertos, más de 800 heridos, decenas opositores arrestados y centenas de encarcelamientos arbitrarios.

Sí, son las cifras de la represión. ¿Dónde? Allá, en el país al que algunos recitan loas, panegíricos, odas y otras composiciones de alabanza al Régimen, que es, simplemente, su Presidente y su Gobierno represor.

Sí, lo has acertado lector, el país es Venezuela, el laboratorio de la represión totalitaria del siglo XXI. Recuerda que no hay mejor ciego que el que no quiere ver.

Lo cuenta Raúl Rivero, un digno opositor cubano.

El mayor galardón

Mariana Rondón ha dirigido una película que ha sido galardonada en San Sebastián. A raíz de unas declaraciones de la cineasta, parte de la sociedad de la República bolivariana de Venezuela ha salido en tromba a atacarla y a defender la memoria del comandante Chávez (La izquierda, ay, siempre antibelicista y siempre rodeada de coroneles,  comandantes y generales.)

Hay quien ha dicho de Rondón que es una vergüenza para su país. No se dan cuenta, ni la que lo dijo ni tantos otros en todo el mundo, de que ese es el mayor galardón al que nadie puede aspirar, a ser una vergüenza para su país. Hoy en día, cuando todos, se acurrucan en los tibios pechos de la Madre Nación, Mariana Rondón es una vergüenza. Es, claro, una persona libre.