This land is your land

 

2013-08-29 01.21.31

Hay, sin duda, lugares acogedores. el de la foto es uno de ellos: el Café y librería Trident es uno de ellos. He pasado buenos momentos allí: con una taza de café, un té helado, un libro, una conversación, … Las horas pasaban demasiado rápido.

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Lecturas de verano

Los veranos aquí, parece ya una costumbre totalmente implantada, leo algo de la Generación Beat. Normalmente, al día siguiente de nuestra llegada, recorremos la calle principal de una punta a otra y entramos en Trident, café y librería, donde los dueños venden libros que son restos de ediciones y por esa simple razón están a muy buen precio, normalmente la mitad de lo que costaría en otra tienda y no mucho más tarde, aunque está en la dirección opuesta, nos pasamos por la librería beat (Beat bookshop). Allá solemos departir un rato con el dueño, que no se acuerda de nosotros de veces anteriores (y es lo normal, tengo que añadir). La conversación siempre es idéntica: De dónde venimos, por qué nuestro interés por los escritores beat, algunas recomendaciones, que cambian de año en año, y casi al final, un recuerdo de mi parecido con algún actor más o menos famoso (parecido que yo nunca logro ver pero que tampoco le desmiento). En esta librería los libros son de segunda mano y están muy sobados, los lomos muy abiertos, las hojas amarillentas. Son libros que se han leído varias veces y que una vez acabados, después de una breve estancia en alguna estantería de alguna casa, imagino, vuelven a la librería a la espera de otro lector que lo leerá y lo volverá a vender. Quizás ese sea uno de los mejores destinos para cualquier libro.

Compramo, así, varios libros. Este año son las biografías de Allen Ginsberg y William Burroughs que escribió Barry Miles, más el libro de memorias que Carolynn Cassady escribió de su vida con Neal Cassady y Jack Kerouac. Off the Road se titula y es un buen libro de recuerdos, aunque las trampas de la memoria aparezcan aquí y allá de vez en cuando. Es un libro que comienza con una gran alegría de vivir y acaba inundado en la tristeza por la destrucción de quienes fueron los dos hombres que amó en su vida.

Hay algo que, a estas alturas de la vida, subleva en esas ganas de acabar con uno mismo con rapidez. Uno piensa en Ginsberg o en el siniestro Burroughs y comprende que los experimentos son compatibles con una vida larga, que se trata en el fondo de un impulso destructivo lo que llevó a Cassady y Kerouac a vivir tan sin freno, al igual que aquí, en cierto sentido de igual modo hizo Eduardo Haro Ibars.

Otro tema es la realidad de esas vidas y cómo se transformaron (y aún se sigue haciendo) en gran medida extendiendo el silencio sobre algunas partes de su vida,  en España para que Cassady, Kerouac y otros se acomoden al modelo de rebelde que nos interesa.