Canallas y patéticos

Por aquello de querer entender el mundo, estoy estos días leyendo ¿Qué pasa con Kansas? De Thomas Frank, un libro en el que el autor intenta explicar por qué un estado que votaba a los demócratas, vota ahora a los republicanos (como por cierto ocurre cada vez con mayor frecuencia en Francia, donde barrios obreros enteros que en los años de 1970 estaban bajo la égida del poderosísimo PCF ahora votan al Frente Nacional.) Para intentar comprender ese corrimiento ideológico, digo, comencé a leerme el libro de Frank (que aún no he terminado). Comencé, sin embargo, como tengo manía de hacer por el final, por el epílogo de Slavoj Zizek, filósofo, radical según él mismo, sobrevalorado, posmoderno en el peor sentido del término, y que en dicho ensayo “Over the Rainbow” (publicado años atrás en El Viejo Topo) viene a decir que el aliado natural de la izquierda radical es la derecha radical populista norteamericana.

El razonamiento, absurdo y canalla, parte de la premisa, falsa, de que las ideas de los republicanos populistas, si se llevan a la práctica destruirán el capitalismo y con ellos los Estados Unidos, tal y como los conocemos hoy en día. Es falsa porque apoyar las ideas de tales populistas no servirá para aumentar las contradicciones de la sociedad capitalista (idea que es recurrente en las ensoñaciones de los marxistas, si no que ayudarán a consolidar un sistema de clara regresión social). Canalla porque para derribar un sistema – el capitalista – hay que poner al timón a gente que considera que las personas han de orar y trabajar, creer que todo es designio y diseño divino, que el uso de la fuerza reside en el individuo, y tantas otras cosas.

Después de leer este panfleto, uno entiende mucho mejor el apoyo, a veces tácito, a veces colaboracionista que la izquierda radical presta al gobierno teocrático de Irán. Y recuerda cómo Marx advertía que no todas las revoluciones eran los mismo, que algunas ayudaban a avanzar y otras eran regresivas. No cabe duda de que Marx es hoy solo una chapita, una insignia de la que se adornan cuando les interesa a estos radicales de izquierda. La realidad es que han adquirido los modos e ideas de los populistas americanos, y van por el mundo haciendo gala de ello.