Destruir, dijeron ellos

De lo que se trata en este tiempo es de destruir, de arrasar con todo lo construido, de señalar un enemigo y, dejando de lado la razón y el trabajo del intelecto, publicar como modo de machacar. Así, bien lo saben, esa sociedad a la que engatusan cuando dicen que es la mejor preparada de la historia, se rendirá ante ellos. Será esa sociedad una sociedad caída ante las patas del caballo de Atila, que no otro cosa son más que Atila y sus sanguinarias huestes. (Ahora se han puesto la careta de los buenos reformista pero a nada que uno esté atento, ve que no es así).

Destruir es lo suyo y para ello hay que mentir, publicar falsedades, retorciendo la información para que caiga de su lado siempre. No es de extrañar entonces este subtítulo: “Desde el estallido de la burbuja financiera internacional, en 2008, y la consiguiente Gran Recesión en todo el mundo, el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte no natural en España” mientras calla lo que todos los informes y otras informaciones aclaran: el suicidio es la primera causa de muerte no natural porque las muertes por accidentes de tráfico han caído espectacularmente (más de un 20%). No aumentan significativamente los suicidios, cosa que incluso el autor del artículo y los psiquiatras entrevistados aceptan.

Luego viene el segundo retorcimiento. En el artículo acusan al INE de falsear las estadísticas. Puesto que durante la crisis económica ha habido años que el número de suicidios ha descendido, los psiquiatras – eso dicen que son – no tienen el menor empacho en decir que no se fían del INE y que las estadísticas de los institutos médicos legales son más fiables. No está nada mal acusar a los funcionarios de falseamiento de documento público. Si así fuera, deberían denunciarlo.

Pero no es así, como inconscientemente reconocen porque unos párrafos más abajo explican las razones del descenso de suicidios. Nos acostumbramos a la crisis y a sus consecuencias y ya las consecuencias no son tan duras como lo fueron en un principio. Ya ven en qué ha quedado la suave subido del número de suicidios: primero fue que los funcionarios del INE falseaban las estadísticas y en breve pasó a ser acostumbramiento de los personas.

En fin, que de lo que se trata es de destruir. Con poca imaginación, por cierto. Todo esto de la crisis económica y los suicidios viene de la Gran Depresión americana, en la que sí que hubo un incremento significativo de suicidios. Se ve que algunos se lo aprendieron bien cuando lo estudiaron en el COU y ahora – como son incapaces de analizar la sociedad – se acordaron de aquello y están empeñados en que vuelva a serlo ahora. Imaginación poca tienen, pero sientan cátedra en barra de bar como pocos (bueno ahora la cátedra la sientan en twitter donde la audiencia es incuso más ignara que en los bares, que ya es decir).

Para acabar, y relacionado con lo que digo, les dejo una breve cita de José Luis Pardo a propósito de Gilles Deleuze:

“… el problema que había planteado Wilhelm Reich: las masas no fueron engañadas, las masas desearon el fascismo, y eso es justamente lo que hay que explicar. Cómo fue que, como decía Spinoza, hubiera tanta gente luchando por su sometimiento como si estuviera luchando por su salvación. Y la respuesta está en el deseo. Hay una energía libidinal que no tiene un objeto preciso, una corriente despersonalizada e insaciable que habita bajo nuestros intereses conscientes.”

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La intimidad

El suicidio es un acontecimiento resultado de una decisión íntima, y en el que no deberíamos entrometernos. Estados e Iglesias han sentido que tenían la prerrogativa de legislar o sermonear sobre el tema cuando la verdad es que solo la persona puede hacerlo. Suicidio es tirarse por una ventana y lo es también, aunque le cambiemos el nombre por aquello de que no suene tan mal, la eutanasia activa. Tanto si uno toma un veneno como si decide no tomar una medicación, o suspenderla,  a sabiendas de que eso lo llevará a la muerte, es la persona la que decide, la única que puede decidir.

Sobre la muerte, esa frontera última más allá de la cual no podemos ir, sobrevuelan aún demasiadas supersticiones, tabúes y prohibiciones. Gracias al invento de la intimidad – cada vez más asediada – las personas hemos podido ir ganando cotas de libertad y hemos podido decidir sobre nuestra vida y nuestra muerte. Ahora, sin embargo, vuelven a utilizar a los suicidas, algo que siempre ha ocurrido con cierta recurrencia, pero  que ahora ha cobrado una mayor virulencia. Para detener los desahucios y reformar la ley hipotecaria, algunos echan mano de los suicidios. Ignoran, por un lado, que el número de suicidios no ha aumentado significativamente en estos años y que la gran mayoría se suicida por las mismas razones que otros lo hicieron en el pasado. Saben, eso sí, que una portada de periódico en que la noticia principal sea el suicidio (y aquí en cualquier caso prefieren el trazo grueso y la ausencia de matices) les dará mayor presencia pública. El suicida actúa como altavoz independientemente de cuál sea la razón de su suicidio.

Los periódicos han tenido la saludable y piadosa costumbre de no escribir sobre el tema. Aducían el efecto contagio. Hay quien duda de tal efecto. Lo que es indudable es que en un tema tal, la necesidad de informar ha de compaginarse con la de la discreción y el respeto.

Tengo dudas más que fundadas de que esto no va a ser así. La marejada o mar picada de la opinión sobre el suicidio nos va a inundar, muchas veces con la mayor de las violencias que es la ignorancia sobre el tema.