Canalla

Veo un programa de televisión, otro más, sobre las elecciones presidenciales americanas. Hay miedo a que salga elegido Donald Trump. Hillary Clinton no gusta mucho pero Trump espanta a la gente. Eso dicen. No es algo irracional ese rechazo a Trump por parte de una clase media más o menos ilustrada como tampoco lo es que la clase trabajadora empobrecida lo apoye. Es lo que tiene el populismo.

De todas formas, lo que me interesa, a pocos días de que Donald Trump pueda tener el número necesario de delegados que lo puedan hacer Presidente de los Estados Unidos, es una cita de Slavoj Zizek, el canalla Zizek. Dice esto en su artículo “Over the Rainbow” que, aquí publicó El viejo topo y también la editorial Acuarela como epílogo a ¿Qué pasa con Kansas? Al final del artículo escribe:

Aunque, como es lógico, un representante de la izquierda radical debería apoyar, en el contenido concreto de gran parte de las cuestiones en disputa, la posición progresista (a favor del aborto, contra el racismo y la homofobia), no se debe olvidar que, a largo plazo, es el fundamentalismo populista [se refiere al populismo conservador americano, de raíz religiosa y anarcocapitalista], y no el progre, el que constituye nuestro aliado.

“Cuanto peor, mejor”, es el resumen. Si la mayoría de la sociedad vota a Trump (por poner el ejemplo de estos días) esto hará que la situación de la mayoría de la sociedad empeore: económica, social, jurídicamente, …, y se levanten en armas contra el poder establecido. Es la misma verborrea canalla responsable de las grandes matanzas del siglo XX: URSS, la China de Mao y los Países del Telón de Acero, y la que hace que hoy Zizek diga que su aliado a largo plazo es el fundamentalismo populista: Trump o Marie Le Pen. Desde luego en Europa, la izquierda radical y la derecha fascista son aliados. Son muchos los puntos en que coinciden y que votan juntos en el Parlamento europeo. Tampoco es nada raro. El 23 de agosto de 1939, nazis y comunistas firmaron el pacto de no agresión, más conocido como pacto Ribentrop-Molotov.

Quede constancia del lugar moral de la izquierda radical.

Canallas y patéticos

Por aquello de querer entender el mundo, estoy estos días leyendo ¿Qué pasa con Kansas? De Thomas Frank, un libro en el que el autor intenta explicar por qué un estado que votaba a los demócratas, vota ahora a los republicanos (como por cierto ocurre cada vez con mayor frecuencia en Francia, donde barrios obreros enteros que en los años de 1970 estaban bajo la égida del poderosísimo PCF ahora votan al Frente Nacional.) Para intentar comprender ese corrimiento ideológico, digo, comencé a leerme el libro de Frank (que aún no he terminado). Comencé, sin embargo, como tengo manía de hacer por el final, por el epílogo de Slavoj Zizek, filósofo, radical según él mismo, sobrevalorado, posmoderno en el peor sentido del término, y que en dicho ensayo “Over the Rainbow” (publicado años atrás en El Viejo Topo) viene a decir que el aliado natural de la izquierda radical es la derecha radical populista norteamericana.

El razonamiento, absurdo y canalla, parte de la premisa, falsa, de que las ideas de los republicanos populistas, si se llevan a la práctica destruirán el capitalismo y con ellos los Estados Unidos, tal y como los conocemos hoy en día. Es falsa porque apoyar las ideas de tales populistas no servirá para aumentar las contradicciones de la sociedad capitalista (idea que es recurrente en las ensoñaciones de los marxistas, si no que ayudarán a consolidar un sistema de clara regresión social). Canalla porque para derribar un sistema – el capitalista – hay que poner al timón a gente que considera que las personas han de orar y trabajar, creer que todo es designio y diseño divino, que el uso de la fuerza reside en el individuo, y tantas otras cosas.

Después de leer este panfleto, uno entiende mucho mejor el apoyo, a veces tácito, a veces colaboracionista que la izquierda radical presta al gobierno teocrático de Irán. Y recuerda cómo Marx advertía que no todas las revoluciones eran los mismo, que algunas ayudaban a avanzar y otras eran regresivas. No cabe duda de que Marx es hoy solo una chapita, una insignia de la que se adornan cuando les interesa a estos radicales de izquierda. La realidad es que han adquirido los modos e ideas de los populistas americanos, y van por el mundo haciendo gala de ello.