Día del sentimiento

Leo un artículo en El Español en el que me aseguran que estoy alienado, aunque no me dé cuenta, y que hay un grupo de gente que está dispuesta a curarme de mi enajenación. En un primer momento creía que era un artículo sobre religión. Resultó ser de política, de eso que llaman la nueva política y que es tan vieja y rancia como la antigua. En el fondo, lo que queda claro es que esa gente no acepta la libertad individual y solo permite que los demás hagamos lo que ellos mandan. Se entiende así las performances indigentes que han ido llenando el espacio público y vaciando el espacio político. Alguien se preguntaba, hace meses y a propósito de una de esas performances a favor de los animales, si los activistas podrían vivir sin hacer teatro. La respuesta es obvia: no, no pueden vivir sin teatro. No olvidemos que el teatro tiene sus orígenes en representaciones religiosas, y que solo con el tiempo se desacraliza.

Pero yo en realidad de lo que quería hablar era de sentimientos, del dominio del sentimiento sobre la esencia y sobre el pensamiento. Hoy es el día del sentimiento. Hoy mucha gente, decenas, centenas, millares no se sienten españoles. Muchos han desconectado sentimentalmente de España (¡la cursilada es morrocotuda!). Son españoles pero no se sienten eso. Lo curioso es que no se percatan de la caída en la indigencia intelectual. Tampoco en que es un modo de aceptar la derrota.

¡Pero que importa eso si el sentimiento te atora la capacidad de pensamiento recto y vives feliz y contento! ¡Ay, esos que no se sienten españoles y son tan parecidos a los que apoyaron a Fernando VII en su regreso!

Actualización:

Hoy también es el día del pecado original. En 1492 Cristóbal Colón y unos cuantos más descubrieron América y comenzaron su colonización. Aquello duró unos cuantos años, pero los creyentes siguen hoy en día diciéndonos que somos culpables de aquello por el mero hecho de ser descendientes de aquellos que colonizaron América. Descendientes o supuestos descendientes, que no estaría mal analizar cómo se ha diluido el adn de los colonizadores gracias a los inmigrantes que han ido poblando España durante esos siglos. Esto, lo sé, los que no se sienten españoles lo negarán, y nos argumentarán que todos descendemos de la pata del caballo del Cid.

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Me gustaría ser verdugo de sentimientos

Lo que se dice sentirme no me siento nada. Soy algunas cosas y otras no las soy. Es verdad que a veces me siento aburrido o triste o contento, pero en realidad estoy aburrido o triste o contento.

Esto de los sentimientos es una buena coartada moral (inmoral, en realidad) para no enfrentarnos con la realidad. Cuando uno se siente algo, en realidad está acurrucándose entre mullidos cojincitos de algodón y tapándose con una manta de lana. Es un buen remedio para no pasar el frío que la realidad, inclemente y áspera, nos obliga a pasar algunas veces. Yo me imagino que un verdugo ha de sentirse buena persona para convivir con el resultado de su trabajo. Lo mismo le pasa a quienes defienden dictaduras y tiranías. No conozco a nadie que haya defendido a un dictador y haya reconocido que es una mala persona. Los buenos sentimientos son el fármaco que les permite seguir viviendo sin problemas de conciencia.

En fin, que me aburren los sentimientos al igual que me aburre la gente que los exhibe. No me gusta el exhibicionismo, ni corporal ni sentimental. ¡Y me ha tocado vivir en una época narcisista y sentimental! ¡Me aburren!