El domingo, misa y vermú

Paseo por la indolente mañana entre las ramas caídas y los montones de hojas. Llevan un par de semanas podando los álamos que siguen la línea del ferrocarril en su entrada a la ciudad. La luz clara y brillante – tanto que casi molesta – apenas tamizada por la suave neblina de la mañana inverniza, reina y transmite tranquilidad, casi paz.

Por el centro de la ciudad, casi todos los domingos hay alguna actividad, familiar en su mayoría. Un día es una carrera popular a favor de la diabetes, nos dicen, cuando, en realidad debería ser a favor de los diabéticos – pero ya sabemos que la claridad conceptual es cada vez menor y las brumas de la confusión imperan con mayor fuerza cada día que pasa. Otros días es una trotada popular por los perritos abandonados, o una marcha, también popular, por los desfavorecidos de no sé qué, o una marcha cicloturística por el cambio climático – de nuevo la confusión conceptual.

Son estas actividades comunitarias casi todas deportivas, y casi todas tienen como objetivo ayudar a algún colectivo que los organizadores identifican como necesitados de ayuda. El domingo por la mañana, hace años, íbamos a misa y dábamos dinero en las cuestaciones del Domund: rezábamos por los negritos que se morían de hambre, por los inditos sin evangelizar, por los pobres del mundo y por no sé cuántos otros grupos más. La misa era un sacramento que tenía como función, entre otras, reunir al pueblo de Dios.

Hoy en día, en esta sociedad que dicen secularizada y laica, seguimos reuniéndonos los domingos para sentirnos parte del Pueblo Elegido que realiza acciones bondadosas para los colectivos perjudicados, que no han cambiado tanto como se ve. El deporte es un sustituto de lo religioso en las sociedades laicas: sentimiento grupal, esfuerzo, sensación de haberse purificado mediante un ejercicio, … Aún perduran restos del pasado en que la cultura era ese sustituto de la religión: aquello de ir el domingo a ver la exposición famosa de no sé qué pintor en el museo de la ciudad, por ejemplo, o la lectura del último libro del exquisito escritor para todos los lectores, cuya prosa solía ser, en el mejor de los casos, cursi.

En lo que no hemos cambiado nada es en la costumbre de ir a tomar el vermú: a la una o una y media todos vamos al bar – de barrio, chic,  o con umos multivitamínicos, según la ideología de cada uno – a tomarnos un vermú, o dos, o…

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Día mundial de …

Ayer fue el día mundial o internacional de algo, y hoy lo es de otra cosa. Mañana también será el día internacional, o mundial, de algo. Buenos deseos o deseos de buenas acciones o acciones y deseos buenas y buenos.

Al fin, nada nuevo pues desde tiempos inmemoriales (por una vez es así y no tienen su inicio en el siglo anterior) hemos tenido el santoral. Este daba un día del año a varios santos para que recordásemos su martirio y tuviéramos al santo, o la santa, como ejemplo en la vida. Por eso las hagiografías – esas vidas de santos donde no ahorraba el escritor los detalles más escabrosos – tenían tanto éxito. La lectura de dichas vidas no era posmoderna – irónica – sino recta. El santo era ejemplo de vida recta que todos debíamos imitar. Aunque hay que reconocer que teníamos a nuestra disposición un gran número de ejemplos muy variados donde elegir.

Hoy en día, en una sociedad que cree estar secularizada, los santos no tienen lugar, pero como no es una sociedad secular, aunque lo rea, lo pretenda y viva como si lo fuera, el santoral no desaparece solo se transforma. (No es secular, y sí muy religiosa, esta sociedad como nos lo demuestra, entre otros, el nacionalismo, el comunismo o el populismo.)

La transformación del santoral ha advenido bajo la forma de los días internacionales. Con una gran diferencia. Si en el santoral todos los ejemplos son positivos, en los días mundiales, predomina lo negativo.

Un gran número de días mundiales son contra algo: contra la pobreza, contra el analfabetismo, contra el cambio climático. Esto viene muy bien al poder político populista. Es muy fácil movilizar a la gente contra algo. ¡Cómo no vamos a hacer algo contra la malnutrición infantil!, o ¡contra la esclavitud sexual! Otra cosa es trabajar a favor de, por ejemplo, la nutrición saludable o del cumplimiento de las leyes. Obligan de manera distinta e incómoda. Contra algo somos cruzados rebeldes, y podemos perseverar en la ilusión de que somos jóvenes – jóvenes rebeldes, ¡ay! Pero trabajar a favor del cumplimiento de la ley o de las razones para vacunarnos nos hace personas normales – aburguesadas, dirá alguno – viejos de espíritu que no desean la aventura de cambiar el mundo (herencia de la religión!)

 

No educarás en falsedades

En una entrevista que hacen al científico Richard Dawkins, este dice – y lo dicho está en el subtítulo – “Es perverso instruir en falsedades”. Tiene toda la razón, el único problema es que pensamos que falsedades son solo las de la religión y aún más en concreto las del cristianismo. Nadie dice nada acerca de las falsedades de algunos sistemas políticos, como el comunismo, que terminaron como religiones. En realidad aún siguen en ello si nos fijamos en la grotesca deriva venezolana con un líder supremo al que recen y cuya tumba visitan los creyentes del movimiento socialista bolivarista chavista.

Otro ejemplo es el que nos plantea Shlomo Ben Ami: “A los israelíes les cuesta entender por qué cinco millones de refugiados y 200.000 muertes en Siria tienen mucha menos gravitación en la conciencia occidental que los 2.000 palestinos asesinados en Gaza.” Por la falsedad que están inculcando en la sociedad y que la gente acepta de buena gana. Si leen todo el artículo, verán que Ben Ami no rehúye la crítica y sí critica acertadamente el antisemitismo europeo, que resurge de lo que creímos que eran sus cenizas. Siempre está presente la maldad judía: años atrás desde los poderosos países árabes se difundió la mentira de que el pan ácimo judío de las celebraciones de Pascua estaba hecho con sangre de bebés. Ahora es que los judíos asesinan niños palestinos indiscriminadamente. Años atrás recibió poca importancia; hoy, no, porque hoy los instigadores saben que en twitter, Facebook y demás redes sociales abundan personas que quieren dejarse engañar, que hay personas que necesitan salvar a alguien y condenar a otro, que carecen de todo juicio crítico. Por eso ahora la campaña propagandística ha sido enorme e intensa, al contrario que en la ocasión anterior donde la campaña se redujo a periódicos en árabe.

Pero sí, veremos a nuestros solidarios selectivos apuntándose al carro de la no educación en falsedades al tiempo que propagan algunas de las más caducas.

Religiosos siempre

Willy Toledo

Me pasa un amigo este mensaje de Twitter de Willy Toledo. Es graciosísimo, hilarante, trnochante, ¿qué sé yo! Un marxista hablando de la vida en el más allá, ¡como si existiera esa vida!

Pero ya sabemos que el comunismo es una religión. Eric Hobsbawn, gran historiador y persona muy lúcida, respondió que el comunismo era una religión desde poco después de que los comunistas se hicieran con el pdoer en Rusia. Alegaba que si el sistema comunista había durado tanto en la URSS y en los países del pacto de Varsovia, junto con China, y alguno más, la razón estribaba en que los habitantes de aquellos países no veían el comunismo como un sistema político sino como una religión con su vida futura más allá de la muerte.

La caída del muro de Berlín y la desaparición de dicho sistema había sido la revolución ilustrada del comunismo, al igual que en el siglo XVIII la tuvo Europa. La revolución Francesa fue a la Ilustración lo que la caída del muro fue al comunismo. ¡Y vienen ahora los comunistas, otra vez, a hablarnos de la Revoluciíon Francesa mientras quieren volver a tiempos pre-ilustrados!

Pero estaba con Willy Toledo y su creencia religiosa. Esto se pudo ver hace unas semanas cuando lanzó esa admonición a las bases de Podemos para que regresaran al camino inicial de la pureza ideológica. Cual pastor protestante en Estados Unidos, cual un modernos Jeremías, Willy Toledo lanza sus alegatos, cuando reprende a los pobres creyentes de base, cuando advierte cejijunto e iluminado por la gracia divina que el ser comunista le ha conferido que las bases ya no son comunistas sino pobres y vulgares socialdemócratas. (Aquí hay que añadir que la oratoria de Toledo no es, ni en sueños, la de aquellos pastores protestantes de los siglos XVI y XVII. Tampoco lo es su cultura. ¡Pero qué importa eso cuando la misión es trascendental! Seguro que reza tres padrenuestros de Chávez y limpia así su alma de ardoroso combatiente comunista de todo mancha de flaqueza revisionista o pactista.

Necrofilia

Me entero por los periódicos que buscan el cadáver de Miguel de Cervantes, muerto en 1616. Están utilizando un georradar, una máquina que detecta cuerpos enterrados. Ya la utilizaron en la búsqueda del cadáver de Federico Lorca y fallaron. También ha estado presente la máquina en los numerosos rastreos que la policía ha hecho para descubrir los cadáveres de algunas personas asesinadas sin que el resultado haya sido bueno.

Lo de menos, por supuesto, es el georradar y su bajo índice de detección. Lo que resulta llamativo es que estemos buscando el cadáver de una persona que murió en el siglo XVII aunque esa persona fuera nuestro mejor novelista. Antes fue Lorca, por razones políticas, y puede que luego venga la búsqueda del cadáver de Diego Velázquez y algunos más también famosos cuyo paradero desconocemos.

En esas estamos: en un embrollo de búsquedas de muertos, en una obsesión necrológica cuyo fin último es enseñar unos cuantos huesos y piel quién sabe si para arrojárselos a los enemigos a la cabeza o si para mostrarlos por toda la geografía como no hace tanto hicieron con el cuerpo incorrupto de Teresa de Ávila.

No tenemos proyecto como sociedad y nos entretenemos en buscar entre las tumbas los cuerpos de algunas personas que fueron importantes, importantes mientras estuvieron vivos, y ahora su memoria ocupa el lugar de un proyecto social con el que encarar el futuro. Entre la segunda mitad de la década de 1970 y la segunda de 1980 hubo un caso de amnesia colectiva que ahora se ha transformado en este furor excavatumbas.

Somos una nación necrófila, es algo patológico que con el tiempo se ha ido engrandeciendo. No somos nada sin cadáveres ni reliquias, y en esto da igual que seamos religiosos o ateos, las reliquias las necesitamos, las buscamos, las inventamos.

Así no hay futuro que valga.

El matiz, siempre el matiz

Benjamin Britten (1913 – 1976) fue uno de los más imporntates compositores británicos del siglo XX. Fue, también, homosexual. esto, en realidad, poco tiene que ver con su obra musical pues no es la suya, en general, una obra centrada en el tema de la homosexualidad si exceptuamos quizás Billy Budd y Muerte en Venecia. Fue compañero del tenor Peter Pears.

En España es impensable que un músico homosexual componga música religiosa. Mal van ya los que la escriben sin serlo, ¡imagínense a alguien que sea homosexual! Britten, sin embargo, poco dado a secundar los prejuicios de su tiempo, sí que la escribió. No solo eso, es uno de los mejores compositores del anterior siglo. Entre las que escribió señalo, por ejemplo, Rejoice in the Lamb, Missa Brevis, A Hymn to the Virgin o A.M.D.G. basado en poemas de Gerald Manley Hopkins.

Pero, claro, es un británico el que no veía contradicción ni tampoco pensaba que con ello estaba traicionando a los suyos (ese término tan de tribu, tan de batallón y tan de partido político). Britten era capaz de pensar con matices. Sabía que el pensamiento es sobre todo el arte del matiz, no como aquí y ahora donde si uno intenta matizar algo queda aplastado por el batallón unánime en su descrédito del pensamiento.