Revelación


Pronto será primavera, una vez más, el eterno retorno, el momento en que, a pesar de T.S. Eliot, o quizás gracias a él, nos damos cuenta de que la naturaleza renace. Es una de las prerrogativas de los poetas, que nos percatemos de algo que antes estaba presente pero no lo veíamos. Esa es, entre otras, la necesidad de la poesía; no lo es su supuesta capacidad de crítica del mundo. Eso no es poesía, nunca.  El mundo está ahí pero no nos es dado, tenemos que descubrirlo, y los poetas nos ayudan. No deben guiarnos, deben mostrar lo que, como en el cuento de E.A. Poe, estaba presente pero nunca antes habíamos visto. Como en el poema de William Carlos Williams.

Primavera lejana

Delante de La Curva, había unos árboles, no sé bien cuáles. Había quien decía que eran ciruelos japoneses, aunque obviamente no lo eran. En primavera, algo tardía, la floración era espectacular y breve. Luego quedaba solo el recuerdo de los pétalos marchitos por el suelo.

Extrañamiento

Son días estos de mucho trabajo, y mientras tanto, no sé hacerlo de otro modo, escucho música. Últimamente a Van Morrison, en concreto Back on Top, un disco que tiene ya años pero que no ha perdido fuerza. Por causalidad me he enterado de que tiene una canción titulada “These are the Days”, al igual que el poema de Emily Dickinson. Tienen poco que ver, en realidad solo el título, tan sugerente.
Son estos los días, cuando esperamos la primavera, que aún, este año, se resiste a llegar. Son días aún de pelliza y gorro, de orejas doloridas por el frío, y de paso rápido mientras vamos de un lugar a otro. Pero también son días ya de temprano amanecer, que cuando lo veo me llena de energía, y de tardes demoradas en la luz que aún no se reconoce como primaveral.

El extrañamiento de la luz en un tiempo que ya no debería ser invernal, o al menos no tanto.

El poema de Emily Dickinson:

These are the days when Annotateskies resume
The old—old sophistries of June—
A blue and gold mistake.

Oh fraud that cannot cheat the Bee—
Almost thy plausibility
Induces my belief.

Till ranks of seeds their witness bear—
And softly thro’ the altered air
Hurries a timid leaf.

Oh Sacrament of summer days,
Oh Last Communion in the Haze—
Permit a child to join.

Thy sacred emblems to partake—
They consecrated bread to take
And thine immortal wine!

HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
Read more at http://www.poetry-archive.com/d/these_are_the_days.html#Ztlu3BR4By2o0rzz.99
HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
Read more at http://www.poetry-archive.com/d/these_are_the_days.html#Ztlu3BR4By2o0rzz.99
HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
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En días así

Es primavera ya avanzada y hoy se celebra el día del patrono de la ciudad. Uno en días así se levanta tarde para sus costumbres madrugadoras y haraganea por la casa hasta la hora de comer. Son estos días festivos entre semana los que te llenan de pereza y una cierta desgana que no es mala en sí, al menos no lo es mientras se convierta en rutina.

Esta pereza que le embarga a uno en días así es muy diferente a la que suele asaltarnos en invierno. El frío, la calefacción, la luz débil del invierno, todo eso, y quizás un ánimo más inclinado a la melancolía, hace que los días festivos del invierno sean más propios para pasarlos en casa, en batín, sin querer hacer mucho, poco más que leer algo intranscendente, mientras que en primavera a uno le apetece abrir la ventana y dejar que se cuele por ella el olor que sube de la frutería de abajo, de las flores que cultivan mis vecinas, el lejano griterío de los niños que juegan despreocupados en la plaza.

En días así uno ha de dejar que el tiempo pase, la luz abra la atmósfera, que el cielo parezca un tendal donde las sábanas son añiles de tanta blancura. En días así la vida ha de vivirnos y no hemos de pensar en nada que no sea en disfrutar cada segundo.

Celebración del mundo

Vuelve, como es habitual, la primavera todos los años, cuando ya el semestre comienza a mostrar síntomas de su cercano final. Vuelven los días que se alargan, las mañanas que amanecen temprano, y la luz fresca aún, que parece crujir cuando el aire la traspasa.

Vuelven también las clases de poesía moderna, de la poesía que en los inicios – los inicios, siempre los inicios – del siglo XX escribieron algunas de alas mentes más lúcidas y al tiempo más perceptivas que hemos tenido. (El siglo XX, del que todos somos hijos, qué lejos parece quedar ya, como si hubiera existido hace más de un siglo o como si solo hubiera sido un sueño.)

En el alba del siglo XX, pero ya después de la Primera Guerra Mundial, algunos poetas escriben con el propósito de que la poesía  sea una celebración del mundo.

Así, William Carlos Williams o Wallace Stevens. Es ahora el tiempo de recordarlos, de volver, como cada año, a lo que escribieron para disfrutar, una vez más, con esa sabia mezcla de inteligencia, percepción y sensibilidad.

Solo eso es la poesía: Celebración del mundo dado.