La vida es una tómbola

Los premios ya no son lo que eran, si acaso alguna vez llegaron a ser eso que creímos que eran. Un premio es un reconocimiento a la labor bien hecha. Así, si a uno le dan el premio de narrativa, el lector no avisado supone que la novela de ese autor es buena. Si a alguien le dan el premio por sus investigaciones científicas, los lectores de periódicos (que se han convertido en público) que lean la noticia creerán que esos científicos han logrado avances importantes en su campo. En muchos casos es así, pero en otros, sobre todo en premios autonómicos, el premio es una recompensa a algún amiguete.

No hablemos de premios comerciales. Estos se convocan y otorgan para promocionar la venta de un artículo: sea un libro o una película. Son los casos de la editorial Planeta, que encarga su novela anual a alguien famoso con la expectativa de vender muchos ejemplares, o el de la Academia del Cine.

No me parece mal que la Academia del cine organice todos los años una gala en la que reparta premios a las películas más comerciales. Si uno se fija bien, las películas ganadoras son películas dirigidas al público mayoritario (ese que denominan gran público). Los Goyas son una manera para que la Academia promocione películas con el fin de que el público vaya a verlas.

No me parece mal, ya lo he dicho, siempre y cuando no olvidemos que entre las olvidadas, las dejadas de lado, habrá algunas tan buenas, o mejores, y casi seguro más arriesgadas, que las ganadoras, que en algunos casos me han aburrido.

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Neorriquismo

Por la prensa me entero de que Risto Mejide ha ganado el Premio Espasa de Ensayo. Mejide es un eficaz publicista, como todos sabemos, así que si ha logrado vender su producto significa que ha hecho bien su trabajo.

Hay quien se escandalice de que le hayan dado el premio y lamenta la decadencia de la cultura española. Años ha, vienen a decirnos, los españoles teníamos entre los libros más leídos Mínima moralia de Theodor Adorno, Hablando de lo que habla de Agustín García Calvo, La galaxia Gutenberg de Marshall MacLuhan o la obra ensayística completa de Rafael Sánchez Ferlosio. De la Lógica de Hegel no hablo como tampoco lo hago del Tractatus Logico-philosophico de Ludwig Wittgenstein porque no los he leído al contrario de la mayoría de los lectores españoles, que lo tuvieron en su mesilla de noche durante su tierna adolescencia. Así, claro, que le den el premio a Risto Mejide es una afrenta a los españoles y su nivel cultural así como a sus ansias intelectuales.

Dejémonos de tontería, por favor, si aquí el nivel de lectura no es ya, ni siquiera el de un lector de El señor de los anillos. El nivel, hoy en día es el de libros de autoayuda como este.