La vida es una tómbola

Los premios ya no son lo que eran, si acaso alguna vez llegaron a ser eso que creímos que eran. Un premio es un reconocimiento a la labor bien hecha. Así, si a uno le dan el premio de narrativa, el lector no avisado supone que la novela de ese autor es buena. Si a alguien le dan el premio por sus investigaciones científicas, los lectores de periódicos (que se han convertido en público) que lean la noticia creerán que esos científicos han logrado avances importantes en su campo. En muchos casos es así, pero en otros, sobre todo en premios autonómicos, el premio es una recompensa a algún amiguete.

No hablemos de premios comerciales. Estos se convocan y otorgan para promocionar la venta de un artículo: sea un libro o una película. Son los casos de la editorial Planeta, que encarga su novela anual a alguien famoso con la expectativa de vender muchos ejemplares, o el de la Academia del Cine.

No me parece mal que la Academia del cine organice todos los años una gala en la que reparta premios a las películas más comerciales. Si uno se fija bien, las películas ganadoras son películas dirigidas al público mayoritario (ese que denominan gran público). Los Goyas son una manera para que la Academia promocione películas con el fin de que el público vaya a verlas.

No me parece mal, ya lo he dicho, siempre y cuando no olvidemos que entre las olvidadas, las dejadas de lado, habrá algunas tan buenas, o mejores, y casi seguro más arriesgadas, que las ganadoras, que en algunos casos me han aburrido.