Revelación


Pronto será primavera, una vez más, el eterno retorno, el momento en que, a pesar de T.S. Eliot, o quizás gracias a él, nos damos cuenta de que la naturaleza renace. Es una de las prerrogativas de los poetas, que nos percatemos de algo que antes estaba presente pero no lo veíamos. Esa es, entre otras, la necesidad de la poesía; no lo es su supuesta capacidad de crítica del mundo. Eso no es poesía, nunca.  El mundo está ahí pero no nos es dado, tenemos que descubrirlo, y los poetas nos ayudan. No deben guiarnos, deben mostrar lo que, como en el cuento de E.A. Poe, estaba presente pero nunca antes habíamos visto. Como en el poema de William Carlos Williams.

Anuncios

Mi destino

Suena en la televisión música jazz con la frialdad que es propia de los nuevos modos de reproducción musical o visual. Han eliminado todas las interferencias y chasquidos que solíamos escuchar en los viejos discos, y no solo en los de 78 rpm. Miro por la ventana y veo la carretera solitaria y estrecha, un camino que se adentra en la montaña, más bien, la casa de enfrente, con su terraza en el techo del garaje y su frondosidad de flores y arbustos. Oigo, a lo lejos, algunos ruidos. Recuerdo los jardines que hay enfrente de la biblioteca universitaria, verdes, con árboles centenarios y otros que son poco más que un esqueje crecido.

Hemos comido fuera de casa en un restaurante japonés que, como en ocasiones anteriores nos ha encantado. Hay quien, sin haber venido nunca aquí, se deja llevar por los prejuicios, entre los que figura de manera destacada que en Estados Unidos se come mal: hamburguesas, emparedados, fritanga, y poco más, Coca-Cola habría que añadir. Uno que lleva ya varias visitas, sabe que no es así, que la variedad gastronómica es apabullante, aunque, eso sí, la fritanga española de los torreznos, la oreja y los callos por aquí no los he visto. Uno puede elegir entre ensaladas, emparedados, platos de pasta, mexicanos, incluso españoles. Todos, claro, con un toque americano que más que estropear, da un toque diferente a la comida. Hay restaurantes de rancho y otros de lujo, pero en ninguno huele, al contrario de lo que suele ocurrir en España, donde los malos olores son moneda corriente en muchos restaurantes.

En casa me he acordado de los enormes filetes y chuletas de vacuno que venden en el supermercado y que, para los que lo ignoren, no tienen antibióticos, hormonas o productos similares. Pienso en cuantas veces he disfrutado comiendo uno de esos chuletones y he pensado que la mejor función que uno puede cumplir en la vida está justo al final de esta. Hay gente que piensa que hay que hacer dinero; otros quieren traer muchos niños al mundo; hay quien busca premios, condecoraciones; está esa especie ahora reverdecida de los que necesitan baños de multitudes a los Jesucristo o Evita Perón clamando que ellos son uno más de entre tantos y han venido a salvar a la Humanidad.

Para mí todo eso son tonterías. El destino, mi destino al menos, es morir y que me entierren en un prado para servir de abono a la hierba que comerán las vacas, y así otros disfruten de esos maravillosos chuletones poco hechos, vuelta y vuelta apenas, mantecosos, tiernos, intensos de sabor, al igual que hice yo mientras viví.

Paseo por la mañana

Me gustan las mañanas en esta pequeña ciudad, cuando salgo temprano y me encamino por la cuesta que costea el parque hacia la universidad. Hace un fresco agradable que nada tiene que ver con el frío polar que luego nos espera en la biblioteca. Camino sin prisa mientras observo los árboles, y me maravillo de cómo pueden mantener ciudad y naturaleza juntas de una manera tan natural. Puede parecer simple, pero es bien fácil saber que es bastante complejo, complejo que el asfalto no termine de cubrirla tierra y de expulsar la vegetación, complejo también que quienes prefieren el mundo animado no intenten arrinconar el asfalto. La naturaleza aquí incluye también esa parte construida.

El paseo suele durar unos veinte minutos. El tiempo exacto para no cansarme ni perder demasiado tiempo y también perfecto porque hago ejercicio; el final, siempre forzado al subir los últimos metros empinados de la colina sobre la que se asienta la universidad. Durante el paseo me encuentro con otros paseantes, aunque en realidad no lo seamos porque todos tenemos una meta muy clara, y ciclistas que suben casi sin resuello o bajan con cara de velocidad pero que frenan y se apartan si tienes tú la preferencia. En eso, también, demuestran una extraordinaria virtud cívica. La calle no es solo de ellos, es de todos, y hay que comportarse teniendo siempre presentes a los demás.

Estos días de lluvia

 

Llueve con constancia. Llevamos ya muchos días que son grises y están alicaídos porque lalluvia cae con insistencia aunque sin exageración. Todo el día llueve de continuo, aunque haya breves momentos en que escampe y salga un sol tímido, que casi parece pedir permiso para asomarse al mundo.

La tierra ya no puede acoger más agua en su seno, en los árboles que forman algunas disminuidas avenidas en la ciudad vemos cómo el agua ya rebosa el hueco por el que recibían las raíces el agua, su líquido nutricio.

Es fascinante pensar que es solo agua y minerales lo que plantas que miden en muchos casos varios metros y tienen un diámetro de casi medio metro necesitan para vivir. Eso, y luz, aunque sea débil esta.

Pero ahora esta primavera en la que pronto las tardas serán más largas es la de más aguas de los últimos nosécuántos años, según se encargan de recordarnos los meteorólogos, los presentadores del telediario como si estuvieran informándonos de un dato relevante, o mejor aún, de un récord dificilísimo de batir.

Llueve y a mí no me importa cuánta agua cayó en 1920 o en 1978. Pienso que esto podrá parecerse al Caribe, con temperaturas suaves y mucha humedad. Tampoco pienso, como los apocalípticos, que tanta lluvia se debe al mal que le hemos causado a la Naturaleza y esta ahora, en justa reciprocidad, se venga. Simplemente me asomo a la ventana y observo la lluvia fina, constante, para la que la constancia o el esfuerzo prolongado no tiene sentido, porque la lluvia, como toda la naturaleza, solo es.