Disonancias

Escribe Hölderlin en Hiperión: “siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en su  infierno.” Hölderlin es uno de esos románticos alemanes que se conjuró para buscar la Libertad con Scheling y Hegel en Tubinga: “Necesitamos una nueva mitología… Un más alto espíritu, enviado del cielo, tiene que fundar entre nosotros esta nueva religión; será la última obra, la más grande, de la humanidad”. El pasaje pertenece a lo que se conoce como “El más antiguo proyecto de programa del sistema del idealismo clásico alemán”. Luego todos sabemos de la deriva del proyecto en pesadilla y horror.

En Hegel derivó en la teorización del Espíritu Absoluto, Schelling dijo aquello de “Es duro, por así decir, apartarse de la última orilla.” En Hölderlin la locura y la amnesia cerraron su vida. Antes, sin embargo, tuvo tiempo de escribir Hiperión, y en él la frase que cito al comienzo. “Si pierdo la memoria, ¡qué pureza!”, escribió Pere Gimferrer en homenaje a Hölderlin.

Las disonancias de la Historia

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Famille, je vous hais

Almacén El barrio como la gran familia, como el útero freudiano, como una placenta en la que flotamos en su líquido amniótico. Vivir rodeados de aquellos que conocemos desde siempre – que es nunca — , engañarnos con la ausencia del paso del tiempo, el tiempo estático de cuando la historia no existía. Heráclito es el mal: panta rei. Frente a él, el paraíso cristiano anterior a la caída. Que nunca cambie, deseamos. Olvidamos el pasado: cuando no fue, cuantas veces fueron cayendo los edificios, fueron mutando los comercios. El barrio como microidentidad, ya que las grandes narrativas han caído. El museo como deseo de vida: ética y estética unidas: lo estático, lo estancado. La vida codificada en saludos, rutinas y encuentros. El extranjero es el enemigo. Llega, se hace con el botín y huye. El extranjero o lo mudable, lo extraño, lo que no podemos asimilar a nuestra identidad barrial. Un alienígena. El que se sabe hecho de historia y de otros. Ser un extranjero: impugnar el sí mismo, la propia identidad, el grupo. Lo abierto e incodificable. El que dice no.

Bibliotecas y otros mundos

Hablan los asiduos visitantes a la bitácora de Antonio Muñoz Molina de las bibliotecas y muchos constatan que ya apenas van los jóvenes y es normal que desaparezcan aquellas.

No lo veo tan normal. Una biblioteca no es solo un lugar donde se guardan libros hasta que alguien llega y los pide prestados para leerlos. Una biblioteca es también, quizás sobre todo, un espacio de la memoria, de la acumulación de la palabra escrita a lo largo de los siglos. Las bibliotecas guardan los libros, pero sobre todo guardan los libros que una vez se publicaron y ahora están descatalogados. Sin ellas tendríamos solo las novedades y algunos clásicos.

Algunos acumulamos libros en casa y aun así no dejamos de ir a las bibliotecas proque sabemos que hay libros que no están ya disponibles y, sin embargo, son necesarios al menos una vez en la vida.

Internet con sus buscadores, nubes y programas de digitalización está conviertiéndose en una inmensa biblioteca. Probablemente dentro de poco no tengamos que desplazarnos a las bibliotecas, casi con total seguridad desaparecerán lso edificios con ese nombre, pero seguriá habiendo almacenes de libros para que podamos leerlos, consultarlos, recuperar parte de nuestra memoria como sociedad.

La Biblioteca de Alejandría se quemó y todo el mundo coincide en que fue una gran pérdida (o habría que decir: todo el mundo coincidía). Una biblioteca es nuestra memoria, lo que hemos hecho, lo que hemos querido ser. Quizás haya muchos edificios pero, aunque vaya poca gente, la biblioteca es imprescindible.

Los ataques contra ella se enmarcan en los ataques a lo que tenemos de humanos, a nuestra tendencia a guardar los vestigios del pasado, a nuestro aprendizaje de quienes nos precedieron. Siempre ha habido quien se ha empeñado en forjar el hombre nuevo, aquel que está libre de la rémora de la memoria y del pasado. También quien ha querido quemar las bibliotecas o espurgarlas de libros nocivos.