Una provincia por ti amada

Me entero del fallecimiento de José Luis Borau muy tarde el viernes, cuando ya es sábado pero aún nos resistimos a cambiar el día porque no hemos dormido. Borau era un cineasta que estaba allí, que había estado siempre, con una carrera que suponíamos asentada aunque sus mejores años no los habíamos llegado a conocer.

El sábado por la noche en la televisión volvieron a  poner Tata mía, una buena película sobre el pasado, sobre esa entelequia que han dado en llamar la memoria histórica. La película está dirigida en 1986 y eso la distingue de muchas de las últimas que se han hecho sobre el tema. Para empezar es original y poco debe a la marea de las última década, con sus personajes planos y sus blandos guiones de los que ya conoces las peripecias antes de que ocurran, así como a sus personajes, planos, representación cada uno de ellos de una virtud o sobre todo de una maldad bien definida, con el loable propósito, debían de pensar guionista y director, de evitar que los espectadores se confundieran o no fueran capaces de entender la enseñanza si los personajes eran demasiado complejos.

No era así en Tata mía. Tampoco hay esas reflexiones lánguida, líquidas, ahogadas por la ignorancia en historia de quienes han escrito el guión sobre el país, las personas o tutti quanti. En Tata mía, la protagonista vuelve a su casa después de muchos años de ausencia. Vuelve a la casa familiar, sita frente al Retiro madrileño, la casa de quienes tienen fortuna y colaboraron con el golpe de estado del 36, aunque luego se distanciaran del dictador. No hay elaboraciones teóricas ni sobre clases sociales. Es solo la historia de dos personas, principalmente, que vuelven a encontrarse después de muchos años, y deciden regresar a la infancia, a la tienda de campaña, al mecano, a todo aquello que dejaron en suspenso, porque ellos dos  han vivido en suspenso esos últimos años. Lo único que les interesa es poner en claro sus asuntos para poder continuar sus vidas adultas. Algo parecido a lo que deberíamos haber hecho como país, y que estuvimos haciendo durante varios años, hasta que todo se torció.