Cruzo un desierto y su secreta/ desolación sin nombre

No he leído en la prensa nada sobre la amistad  estética, que es geográfica y literaria, entre Juan Goytisolo y José Ángel Valente. El desierto, la plaza de Xemáa al Fnáa, los místicos, el lenguaje despojado, … Una lástima que nadie haya dicho nada de la amistad de dos grandes escritores. Hay diálogo entre ellos, diálogo literario.

 

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El frío helor

Portugal 2010 041

En la libertad del creador está la de la no-creación. Es una – otra más – brillante intuición de George Steiner. Lo mismo que los cuartetos de Beethoven son, podrían no haber sido. No hay necesidad en la creación ni en la voluntad creadora; es todo contingencia. Frente al mito del artista que no puede ser otra cosa, se alza – fría, distante, desdeñosa – la certeza de que todo podría no ser. La nada es lo primigenio y frente a ella ocupamos el espacio y el silencio para que la vida sea soportable.

Hay aquí un inmenso problema teológico: el ser humano podría no haber existido, y sin él, estos sentimientos efusivos pringosos tan propios de nuestra mísera posposmodernidad: me refiero a la afectividad y demás sentimentalismos – no serían.

La creación, también, es, a veces, la del vacío, como exploró José Ángel Valente en su poesía o Eduardo Chillida en sus esculturas.

Crear el vacío en que la nada habita, rodearla para atrapar su silencio o la ausencia que la habita. La fría revelación que nos anunciaba, en nuestra inexperta infancia, Hans Christian Andersen en “La reina de las nieves”.