En el Sol, o quizás más allá

Hace un calor de justicia que parece mayor porque ignoramos los grados exactos. No hay en esta ciudad, como suele ser tan común en España, termómetros en las calles, y si los hay, no logramos identificarlos. Hace calor y humedad, pero en el pequeños tranvía de madera que nos lleva hasta la calle Orleans, el viento fresco de la velocidad, bien que escasa, entra por las ventanitas abiertas y parece aliviar durante el trayecto, que, por cierto, no es breve, la temperatura tropical de afuera.

Llegamos por detrás, después de atravesar un par de aparcamientos. Es un edificio polvoriento por fuera, descolorido en realidad cuando uno se fija con algo más de atención. Una puerta de madera pequeña, arriba una gran guitarra, más allá los dos ventanales famosos en los que aparece el rótulo de neón Memphis Recording Studio en azul y rojo. Entramos a una pequeña recepción, bar y tienda. En breve va a comenzar el recorrido por el estudio, nos indican, y esperamos entre parejas sesentonas. El recorrido dura una hora y media corta, nos enseñan la pequeña historia de Sam Phillips y su estudio de grabación. Hablan de varios cantantes hasta llegar a Elvis, como si fuese una clase de historia en las que existe una finalidad en todo lo que en esos años ocurrió, como si la evolución de la música rock americana W.C: Handy, Howlin’ Wolf, B.B. King y alguno que otro más hasta llegar a Elvis Presley. Llegados a este punto bajamos al estudio de grabación propiamente dicho. Allí, en un cuarto amplio, entre guitarras, pianos, micrófonos y batería, con cuadros de Elvis, Johnny Cash, Carl Perkins, Roy Orbison y alguno más, nos explican el nacimiento del rocanrol.

La chica viste con estilo moderno, pelo azulado, camiseta ajustada negra, gafas salidas de alguna tienda de las llamadas vintage. Habla rápido, es amena. Los estudios de grabación recogían a gente que tocaba country, una música de estilo conservador, blues, ahora también algo ya antiguo, y rocanrol, que en su faceta rockabilly también es algo ya antiguo, casi anticuado, pero que aquí, algunos logran vestir de moderno, al menos en sus atuendos y actitudes.

Después de la visita, volvemos a la tienda, para que nos demos el gustazo de comprar recuerdos, memorabilia le llaman, y no souvenir. Camisetas, discos, bolsas, camisas, púas para guitarra, imanes, pegatinas, casi cualquier cosa que uno desee. En la caja, un joven que el sábado había tocado en uno de los seis escenarios que había en el festival de música Memphis Music and Heritage Festival. Vestido de negro, con barba y el pelo rubio brillante peinado hacia atrás, es un ejemplo de la conexión entre los años 50 y el presente. Con casi total seguridad habrá grabado en alguna noche no muy lejana su disco en los estudios, después de haber enseñado el local durante el día.

A la salida fotografío el ventanal principal y pienso en que es una manera bastante curiosa y rentable de mantener el pasado, aunque no  sea pretérito, en el presente. No son simplemente un museo sino que aún hay grupos y solistas, Chris Isaak entre ellos, últimamente, que acuden allí a grabar alguno de sus discos.

Los botines de Johnny Cash

Están en la vitrina, en un recodo del museo. Negros, acharolados y brillantísimos. También enormes. A su lado uno de los trajes que Johnny Cash utilizó en sus conciertos. Destacan, sin embargo, los botines, tan limpios y tan grandes.

Johnny Cash, el cantante de Memphis que al final fue una figura reconocida por todos en EEUU era un tipo alto, a tenor de la talla de botines que usaba. No están arrugados apenas y miran al visitante desde su lugar en la vitrina.

Pudo haberse dedicado al rocanrol, como su amigo Charles Perkins. Perkins era otro cowboy, otro hillbillie más, pero dio con el ritmo y con las armonías de un tipo de música con la que él, y una pandilla de músicos, cambiarían la sociedad americana. En Cash esos acordes también se escuchan pero predomina lo vaquero.

Cash los conoció a todos, incluso fue parte de aquella mítica reunión improvisada que tuvo lugar en Sun Studios, la del conocido Million Dollar Quartet. Sale en la foto pero su voz apenas se oye, y eso que eran, casi todas, canciones del repertorio popular americano, en su mayoría góspel y algo de blues.

Cash estuvo con ellos, pero ellos despegaron pronto: Elvis enseguida alcanzó la fama, Jerry Lee Lewis también la tuvo, aunque a veces fuera por razones extramusicales. Charles Perkins siguió con su carrera.

Cash, el muchacho de Memphis no alcanzó tanta fama, al principio al menos, pero luego despegó sin abandonar Sun Studios, su primera compañía de discos. El chaval de Memphis llegó a cantar en la prisión Folsom, a cantar con otros como Willie Nelson, incluso le hicieron una película en sus últimos años, una de esas malísimas biografías en celuloide para gusto de quienes apenas no sabían nada de su vida.

Sus botines están ya, para siempre, en la vitrina, mirando a los visitantes que pasan todos los días por el Rock and Soul Museum, como testigos de una época y de una manera de estar en el mundo. Los enormes botines de Johnny Cash.