El caso Javier Tomeo

Ha muerto Javier Tomeo, y  a mí no se me ocurre más que recordar aquellos años en que apareció, o lanzaron al mercado, aquella marca de la “Nueva narrativa española”. Ya Tomeo era demasiado mayor, ya había escrito mucho, ya era un escritor muy personal como para que pudieran incluirlo en el grupo.

Javier Tomeo fue un escritor serio, contundente, con una idea muy clara de lo que era la literatura y de lo que él quería escribir. Como a tantos otros, le tocó un tiempo difícil. Poco interesado en la promoción banal de sus libros, que no eran, desde luego, banales sino densos y contundentes, uno, ahora, echa la vista atrás y se da cuenta de que ni Tomeo ni otros escritores también con hechuras y buenas novelas lograron tener una carrera literaria. En el caso de Tomeo, y Tomeo en esta situación es un caso, hubo muchos silencios, incomprensiones, un breve fulgor, animado por la posibilidad de las ventas masivas que él rechazó, y de nuevo el silencio, la oscuridad. Así fue con él, así es y, presumo, será con tantos otros.

Debe de ser la cultura española, su extremada delgadez y banalidad, su estar pendiente de la última novedad. Apenas hay carreras literarias. Hay trayectorias comerciales o escritores secretos que trabajan en sus estudios. Pero no hay, salvo contados casos escasos, carreras literarias.

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