Nautilus

submarino-argentino-ara-san-juanEnormes animales prehistóricos que se deslizaban por los océanos (la mar océano de los clásicos) con parsimonia y decisión, despreocupados. Eran pocos: los elegidos. De vez en cuando oías de alguno que se acercaba a la costa, pero solo lo avistábamos en la lejanía. Los ingenieros habían imitado la forma de los cetáceos, de los cachalotes, en concreto más que de los rorcuales o de las ballenas azules.

Todo ese mundo submarino tuvo su mejor expresión en 20000 leguas de viaje submarino con el Nautilus del profesor Nemo. Desde la sala de observación los pasajeros –  y nosotros, los lectores que supimos de sus andanzas gracias a libros ilustrados – asistían al descubrimiento de un mundo maravilloso, cual si fuera un gabinete de curiosidades exóticas. Si en la superficie estaban la India o Macao, bajo la superficie se encontraba ese mundo desconocido, silencioso y fascinante de los calamares gigantes, las pequeñas criaturas marinas o los peces que aún no habían llegado a las lonjas o a los museos.

Años más tarde llegó Jacques Cousteau, que popularizó el batiscafo, que en cierto modo hacía realidad la ficción de Julio Verne, al lograr descender ese minisubmarino hasta profundidades abisales. Hubo también películas, as de unos hombres con un temple especial que aguantaban recluidos en un lugar mínimo con luz eléctrica y sin salir a la superficie durante varios días. Era una épica a la que nunca le vimos peligro. Era, en cierto modo, el triunfo de la camaradería.

En su interior, sin embargo, habitaba el peligro, en el que nunca pensamos. Sabíamos que iban propulsados por energía nuclear, que transportaban torpedos, pero, a pesar de todo, rara vez las cargas de profundidad de los barcos lograban alcanzarlos y, tras varias semanas de misión, regresaban a puerto con ganas de retomar la vida suspendida.

Estos días hemos sabido que no era así siempre. Puede ocurrir que un submarino sufra una avería en plena travesía y se hunda con toda su tripulación, o que estalle.

Solo quien tiene un temple especial viaja en esos buques que asemejan viejos animales extintos.

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