Tierra yerma

De repente el tiempo ha cambiado. La niebla es intensa y la humedad es elevada. Hace frío y es desapacible pasear por las calles por el simple gusto de pasear. Es lo normal a estas alturas del año. Altura o ya bajura porque en nada cambiaremos de año, y siento que en estos últimos meses vamos cayendo en picado hacia nadie sabe dónde. No es el momento de aceleración histórica que dijo Walter Benjamin, el jeztzeit de su tesis XIV sobre filosofía de la historia.

El momento no está preñado con múltiples posibilidades. En realidad solo hay una: la caída por el barranco. Lo que aún no sabemos es la velocidad que alcanzaremos.

No olvidemos que en ese momento único el ángel de la historia corre, se aleja despavorido y vuelve la cabeza para mirar atrás y contemplar el tamaño de la catástrofe. Un ángel que tiene sus reminiscencias mesiánicas en Benjamin. El arcángel con la espada se aleja del campo de batalla una vez que la ha iniciado. En una tierra yerma, abandonada por la divinidad, la Humanidad lucha y el resultado es el acabamiento de toda esperanza y el regreso a la errancia, como en épocas pasadas.

La pregunta es cómo un materialista puede albergar todavía sueños o ilusiones proféticas.

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Extrañamiento

Son días estos de mucho trabajo, y mientras tanto, no sé hacerlo de otro modo, escucho música. Últimamente a Van Morrison, en concreto Back on Top, un disco que tiene ya años pero que no ha perdido fuerza. Por causalidad me he enterado de que tiene una canción titulada “These are the Days”, al igual que el poema de Emily Dickinson. Tienen poco que ver, en realidad solo el título, tan sugerente.
Son estos los días, cuando esperamos la primavera, que aún, este año, se resiste a llegar. Son días aún de pelliza y gorro, de orejas doloridas por el frío, y de paso rápido mientras vamos de un lugar a otro. Pero también son días ya de temprano amanecer, que cuando lo veo me llena de energía, y de tardes demoradas en la luz que aún no se reconoce como primaveral.

El extrañamiento de la luz en un tiempo que ya no debería ser invernal, o al menos no tanto.

El poema de Emily Dickinson:

These are the days when Annotateskies resume
The old—old sophistries of June—
A blue and gold mistake.

Oh fraud that cannot cheat the Bee—
Almost thy plausibility
Induces my belief.

Till ranks of seeds their witness bear—
And softly thro’ the altered air
Hurries a timid leaf.

Oh Sacrament of summer days,
Oh Last Communion in the Haze—
Permit a child to join.

Thy sacred emblems to partake—
They consecrated bread to take
And thine immortal wine!

HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
Read more at http://www.poetry-archive.com/d/these_are_the_days.html#Ztlu3BR4By2o0rzz.99
HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
Read more at http://www.poetry-archive.com/d/these_are_the_days.html#Ztlu3BR4By2o0rzz.99
HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
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Oscuridades

Para mí el invierno es la oscuridad, la de la noche que llega siempre demasiado pronto, a eso de las cinco y media y la del amanecer, que tarda demasiado en desaparecer. Entre dos oscuridades y una luz apagada el resto del día — aunque haya maravillosas excepciones algunos días brillantes,  azules y luminosos, fríos, muy fríos, también — transcurren mis inviernos, a  la espera siempre de más luz, de que amanezca antes, de que anochezca más tarde. Así, el mediodía se convierte en un momento especial, a apoteosis de la luz, de la vida apagada de los inviernos, el momento en que me gusta salir a pasear por mucho trabajo que tenga.

Paseo por sentir la luz en mis pupilas, también para que el frío viento de las mañanas invernales me roce las mejillas y me despeje del suave torpor que la calefacción induce en mí. Pasear por la ciudad, a media mañana, entre desconocidos, observarlos con una mezcla de interés e indiferencia, sabedor de que ya es difícil que algo te sorprenda o de que te llame la atención tan poderosamente como para romper los muros de la ignorancia y te acerques apra saber más, o si no te acercas, le sigas para averiguar algo.

Así paso los días, entre oscuridades y, cuando la luz alumbra los perfiles de mi ciudad, de mis paisanos (¡qué poco me gusta la palabra, qué ajena a mí en todos los sentidos!), busco el asombro cuyo inteligente estremecimiento cada vez es más difícil percibir.

Aislamiento

Varado, no sé si como las ballenas o de otra manera menos televisivamente dramática, pero me siento varado, por culpa de una infección vírica indeterminada que me obliga a guardar cama — y van ya no sé cuántos días –. En realidad no me importa pasar varios días en la cama. ¡Qué es un invierno sin resfriados y sin guardar cama! Hay cosas que se pierden irremisiblemente. Las reformas que nos hacen ser más modernos nos quitan algunas costumbres, ya rancias, ya apenas conservadas, que casi todos critican y deploran. Esta de guardar cama durante varios días por una infección. ¡Hasta algunos médicos dicen que no es necesario! Hay también quien alega que no puede ir al trabajo por la infección pero tampoco guarda reposo. ¡Y eso sí que no!  ¡Hay que guardar cama!, ¡sentirse como una ballena varada! ,¡aislarse de mundo! Las bajas laborales son para apartarse del mundo, no para irse de compras a las rebajas!

Ya remiten los dolores musculares y la inflamación en la faringe, dos o tres días más y ya podré volver a la sociedad. Con cuidado y calma, que la voz aún la tengo ronca. Habrán sido unos días de aislamiento — el necesario aislamiento que todos deberíamos sentir al menos un par de veces al año.