Horizonte del insomne

Horizonte3

El universo de esta noche tiene la vastedad del

olvido y la precisión de la fiebre

 

Jorge Luis Borges

Horas intempestivas

Llevo una temporada durmiendo mal por ninguna razón concreta. Los usuales problemas a los que todo el mundo recurre cuando no logra dormir sus siete u ocho horas, en mi caso no existen. Ni tampoco tengo excesivo trabajo, ni nada que me acongoje. En suma, duermo mal porque quién sabe si me estoy acostumbrando a dormir cada vez menos horas, aunque a veces esas pocas horas sean solo tres.

El caso es que me levanto y no me apetece leer, que suele ser la actividad a la que uno se dedica cuando se desvela a medianoche. Tampoco enciendo la televisión, que solo logra aburrirme. Suelo escuchar música. Necesito auriculares, claro, para no despertar a ningún vecino. Hoy en día hay quien no piensa en los vecinos  si piensa solo lo hace para fastidiarlos. A mí aún me cuesta molestarlos.

Escucho música, no la que suelo escuchar durante el día, es cierto. No es música clásica, ni jazz. Suele ser rockabilly o música muy alejada de mis gustos, el Aviador Dro, por ejemplo, o algunas versiones que en su tiempo hizo Fangoria. No sé porqué a horas intempestivas sí que me agrada el tecno del Aviador o la música de Fangoria, las versiones para ser exactos. Sí que sé, sin embargo, por qué el rockabilly está siempre presente en mi vida.

Noches en vela

Son largas las noches en vela y carecen de total épica o poética. Hay algo dramático en el hecho de estar irado en la cama en alguna postura inverosímil después de haber agotado toda la paciencia porque no logras conciliar el sueño.  Es la constatación, otra más, de que el cuerpo no te obedece. En este caso es la mente, que es una parte del cuerpo, como otras veces son las piernas cuando tratas de correr más rápido de lo que acostumbras. El cuerpo, eso que algunos equipararon a un templo, y que por lo mismo no podía sufrir ningún tipo de agresión, es sin embargo, una maquinaria autónoma que, con demasiada frecuencia, no obedece mandatos propios de otra parte suya.

La noche transcurre lenta con los ojos abiertos y el ánimo agotado. Lees y escuchas música pero al final. el cansancio termina  venciéndote y pierdes las ganas de todo aquello que no sea mirar el blanco en inmenso techo de la habitación donde esa noche te encuentras.

Y piensas, piensas con desgana y pesar en lo mal que va el mundo, y lo ves todo aún más gris, y piensas que de todas las posibilidades que tenemos saldrá la peor, la más nefasta de entre todas. Y piensas que hubo un tiempo en que la política era despertar de conciencias y ves que ahora la política es un opiáceo que algunos utilizan para adormecer a la sociedad: No hay nada mejor que un proyecto que ilusione a una sociedad, una proyecto que apele a los sentimientos, nunca a la inteligencia, para que los dirigentes puedan conducir a la sociedad adonde ellos queiran: El lugar no suele ser otro que el abismo.