Reino Unido

La historia no es lineal, ya lo sabíamos y hoy lo hemos vuelto a sentir. Con tristeza. Es cierto que las tonterías grandes solo las pueden cometer los grandes, como el Reino Unido. Recuerdo ahora el ensayo que George Orwell escribió sobre los británicos, sobre sus costumbres y su idiosincrasia. Recuerdo al Dr. Johnson, y a William Wordsworth. Británicos, muy británicos. A propósito de Wordsworth, recuerdo a una excelentísima catedrática de literatura inglesa que pensaba que Wordsworth no había sido tenido en cuenta en el continente, y no podía haber influido en ningún poeta que no fuera británico, porque era él era demasiado británico, casi icomprensible para el resto de europeos. Se quedó sorprendidísima cuando le contamos la cantidad de peotas españoles que sí que habían sido influidos por el inglés.

Hoy es de esos días que con más ganas insulto a las malditas identidades nacionales.

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Contra la identidad (Cal Redback)

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Desterritorializar, quebrar las certezas, los conceptos de lo agradable necesario, la utilización del arte como medio de formación de masas. Cal Redback trae al frente lo ominoso, lo que estaba oculto porque, entre otras cosas, da asco, y lo muestra al espectador. Lo ominoso, en su caso, no es solo la imagen, no es solo hablar de lo que hay detrás y pueda ser desagradable..

Lo ominoso en Redback es la ausencia de identidad. Es, también, su gran fuerza. En un panorama donde los artistas se lamen las heridas y se reúnen en rebaños inmensos mientras hablan de la identidad, mientras retroceden en riesgo artístico y búsqueda de lo que aún no hemos logrado ver, Cal Redback, por el contrario, explora no tanto lo desconocido como lo desagradable, dejando en el espectador una sensación de inquietud.

Y eso hace que valga más que la gran mayoría de mapas, territorializaciones, indagaciones en la identidad feminista, de barrio, del país y demás regresiones artísticas.

Famille, je vous hais

Almacén El barrio como la gran familia, como el útero freudiano, como una placenta en la que flotamos en su líquido amniótico. Vivir rodeados de aquellos que conocemos desde siempre – que es nunca — , engañarnos con la ausencia del paso del tiempo, el tiempo estático de cuando la historia no existía. Heráclito es el mal: panta rei. Frente a él, el paraíso cristiano anterior a la caída. Que nunca cambie, deseamos. Olvidamos el pasado: cuando no fue, cuantas veces fueron cayendo los edificios, fueron mutando los comercios. El barrio como microidentidad, ya que las grandes narrativas han caído. El museo como deseo de vida: ética y estética unidas: lo estático, lo estancado. La vida codificada en saludos, rutinas y encuentros. El extranjero es el enemigo. Llega, se hace con el botín y huye. El extranjero o lo mudable, lo extraño, lo que no podemos asimilar a nuestra identidad barrial. Un alienígena. El que se sabe hecho de historia y de otros. Ser un extranjero: impugnar el sí mismo, la propia identidad, el grupo. Lo abierto e incodificable. El que dice no.

Al tordo que madruga

“Al tordo que madruga en los olivos/ tiendo tempranas redes”. Así yo, hoy. Me levanto temprano, muy temprano, y trabajo, hoy que es un día en que el Estado, esa maquinaria que nos dice cuándo debemos trabajar y cuándo tenemos jornada de asueto, como hoy, en que debemos celebrar la fiesta de la identidad tribal, aquí en Castilla y León, como si la identidad de una sociedad fuera tan diferente a la de otras, como si la identidad de cada individuo debiera ser igualada a la de los demás.
Hoy me he aseado temprano, he desayunado, y, vestido, me he dedicado a trabajar. No es que yo sea un estajanovista que solo sabe trabajar, pero en días como hoy, la mejor repulsa, la mejor oposición al tribalismo que nos cerca, es dedicarnos a aquello que rompa el sentido. Hoy el trabajo rompe el sentido social.
Algunos hablan de los viejos tiempos, la nostalgia, el blando sentimentalismo que dirige sus vidas en fin. En eso ha quedado todo. Yo, sin embargo, aun sabiendo la celada tendida, pienso en la melancolía, y recuerdo la carta de Nicolás Maquiavelo a Francesco Vettori:”… non temo la povertà, non mi sbigottiscie la morte”