Los inicios

Estantería

Fue hace mucho. En una librería de lance encontré  En la carretera de Jack Kerouac, traducido por Mariano Antolín Rato. Apenas sabía nada de Kerouac ni de su libro, todo lo más que era una gran novela, según el olvidado autor del artículo de aquella revista. Una novela de aventuras pero no de piratas ni de niños detectives en la campiña inglesa, sino de viajes y música, de jazz, del que por aquel entonces desconocía casi todo. Eso fue lo que encontré, sí, y bastante más, porque para empezar tuve que ponerme a leer sobre el bebop y Charlie Parker. También tuve que buscar los efectos de algunas sustancias narcóticas o estimulantes. Busqué también un mapa de los Estados Unidos y tracé el recorrido del viaje de los protagonistas. Con todo, lo que más me fascinó fue su arranque. Tanto me gustó que durante muchos años lo repetí:

 

Todo esto era hace muchísimo, cuando Dean no era del modo en que es hoy, cuando era un joven taleguero nimbado de misterio. Luego, llegaron noticias de que Dean había salido del reformatorio y se dirigía a Nueva York por primera vez; también se decía que se acababa de casar con una chica llamada Marylou.

Hoy podría pensar que si aquello me atrajo fue porque había leído poco y un texto exaltado, apropiado para los quince años que tenía entonces, tenía todas las posibilidades de llamar mi atención e incluso de convertirse en mi libro de cabecera. No hubiera sido el primer libro que releyese compulsivamente. Si hoy analizo el estilo, lo encuentro algo flojo, demasiado arrebatado, y sin embargo… la fascinación persiste. No entendí todo lo que contaba pero eso importaba poco, lo que me atraía era el espíritu aventurero, la pasión y la idea latente de que cualquiera podía embarcarse en un viaje así. Desde luego era mucho más fácil que enrolarse en una goleta y surcar los mares o que actuar como un detective adolescente que resuelve misterios yendo disfrazado de vagabunda o de cura.

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Fortunas de la edad adulta

 

2014-02-25 10.29.24-6Leo estos días sobre la vida y escritos de la Generación Beat, si es que fueron una generación y no simplemente un grupo de amigos que, por emulación, comenzaron a escribir. Poco tenían en común más allá de la amistad, las muchas horas que pasaban juntos y el homicidio en que todos se vieron envueltos y que puso a algunos entre las cuerdas. (Hubo también otros acontecimientos, como cuando Allen Ginsberg metió en su apartamento a unos delincuentes amigos de Herbert Huncke,  también delincuente juvenil.) Vivieron unos años frenéticos, de viajes, cambios de residencia, urgencia juvenil y escritura desaforada. Luego, la muerte temprana de Jack Kerouac y de Neal Cassady, la dispersión, la vida encarrilada, la sorpresa de seguir vivos, …

Esto, sin embargo, rara vez lo tenemos en cuenta. En esta y entras biografías. Nos sorprenden los años de aprendizaje, ese espacio breve en que las fuerzas del escritor están en ascenso y la percepción de la vida es suprema. La parte adulta, esa en que el escritor ya consciente de sus poderes, y dueño de una voz y de una técnica va dando a la imprenta su visión del mundo ahormada en dicha voz, apenas interesa, si acaso es una coda a la etapa juvenil. No interesa la estabilidad, la repetición de unos hábitos, la investigación pausada, incluso el desmentido reflexivo de lo que en los primeros años el escritor creyó inapelable o innegociable. Sin embargo, tengo la certeza de que el estudio de esos años de madurez son importantes, porque es ahí donde se ve no tanto el desarrollo sino la maduración, con sus cambios, matizaciones y rechazos que solo las mentes verdaderamente poderosas son capaces de llevar a cabo.

Perseverancias

2008-08-12 21.33.40

En el jardín, poco bucólico la verdad sea dicha, con el estruendo de los coches que pasan por enfrente, leo una breve historia, crítica, sí, de la Generación Beat. Todo empezó muy atrás, con 16 años más o menos, y se mantiene hasta hoy. Incluso hubo un tiempo en que estuvo dormido, tiempo durante el cual otros se fueron añadiendo, hasta que llegó el despertar definitivo aunque no fue súbito ni rápido, más bien lento, como despierta uno después de un largo sueño, perdido en cierto estupor.

Todo se desvanece

Leo en el periódico el desganado obituario por Carolyn Cassady, fallecida hace ya nueve días en Gran Bretaña, lejos de Denver, lejos de Tennessee, lejos, también de California, donde, durante muchos años, vivió.

Carolyn Cassady escribió una inteligente réplica de la famosísima novela On the Road, y la titulo Off the Road, que no es sino su vida con Neal Cassady y la vida furibunda que este llevaba, eterno adolescente, amigo irrenunciable de Jack Kerouac. Cuenta también, y otros lo callan, el largo romance que tuvo con el propio Kerouac mientras este vivía con ellos. Neal lo supo, o al menos lo sospechó pero no pareció importarle mucho, no al menos durante un tiempo.

Carolyn ha muerto, como antes lo hicieron Allen Ginsberg o William Burroughs y mucho antes, temprano, Jack Kerouac o Neal Cassady. Los viejos beatniks yacen bajo tierra, y aquellos que siguieron a Ginsberg o que soñaron la carretera de Keroauc, son ya viejos, rondan la setentena, y su lgar en la sociedad lo han ocupado otros muy jóvenes, quizás emos, quizás grunges, que nada aben de los beats, ni de su interpretación del budismo. El mundo sigue su vida, y la llama de aquellos lentamente se va extinguiendo

Lecturas de verano

Los veranos aquí, parece ya una costumbre totalmente implantada, leo algo de la Generación Beat. Normalmente, al día siguiente de nuestra llegada, recorremos la calle principal de una punta a otra y entramos en Trident, café y librería, donde los dueños venden libros que son restos de ediciones y por esa simple razón están a muy buen precio, normalmente la mitad de lo que costaría en otra tienda y no mucho más tarde, aunque está en la dirección opuesta, nos pasamos por la librería beat (Beat bookshop). Allá solemos departir un rato con el dueño, que no se acuerda de nosotros de veces anteriores (y es lo normal, tengo que añadir). La conversación siempre es idéntica: De dónde venimos, por qué nuestro interés por los escritores beat, algunas recomendaciones, que cambian de año en año, y casi al final, un recuerdo de mi parecido con algún actor más o menos famoso (parecido que yo nunca logro ver pero que tampoco le desmiento). En esta librería los libros son de segunda mano y están muy sobados, los lomos muy abiertos, las hojas amarillentas. Son libros que se han leído varias veces y que una vez acabados, después de una breve estancia en alguna estantería de alguna casa, imagino, vuelven a la librería a la espera de otro lector que lo leerá y lo volverá a vender. Quizás ese sea uno de los mejores destinos para cualquier libro.

Compramo, así, varios libros. Este año son las biografías de Allen Ginsberg y William Burroughs que escribió Barry Miles, más el libro de memorias que Carolynn Cassady escribió de su vida con Neal Cassady y Jack Kerouac. Off the Road se titula y es un buen libro de recuerdos, aunque las trampas de la memoria aparezcan aquí y allá de vez en cuando. Es un libro que comienza con una gran alegría de vivir y acaba inundado en la tristeza por la destrucción de quienes fueron los dos hombres que amó en su vida.

Hay algo que, a estas alturas de la vida, subleva en esas ganas de acabar con uno mismo con rapidez. Uno piensa en Ginsberg o en el siniestro Burroughs y comprende que los experimentos son compatibles con una vida larga, que se trata en el fondo de un impulso destructivo lo que llevó a Cassady y Kerouac a vivir tan sin freno, al igual que aquí, en cierto sentido de igual modo hizo Eduardo Haro Ibars.

Otro tema es la realidad de esas vidas y cómo se transformaron (y aún se sigue haciendo) en gran medida extendiendo el silencio sobre algunas partes de su vida,  en España para que Cassady, Kerouac y otros se acomoden al modelo de rebelde que nos interesa.