Inacabada

 

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_121El problema de la vida, de la vida que acaba de repente y a una edad muy temprana, es que deja todo inacabado.

Ha habido escritores, Fernando Pessoa entre ellos, que escribían según les venía la inspiración o las ganas de trabajar, y que, a lo mejor no tenía la fuerza necesaria para acabar la tarea, y por eso dejaron libros a medias, inacabados. Son esos escritores que planean con gran viveza y diligencia, con ganas incluso, un libro, pero que luego… el trabajo diario no es para ellos.

Hay otros a los que la vida se les acaba demasiado pronto. Es un leve temblor que se detiene, sin que nadie se dé cuenta en ese momento y, por supuesto, sea capaz de preverlo. La vida se acaba, demasiado pronto, sí, y aunque uno haya estado trabajando con disciplina, queda mucho sin hacer. Hay quien se da cuenta, y siente una especie de horror ante el vacío que deja, y hay quien, afortunado sin duda, ni se percata.

La vida, como un pajarito frágil que revolotea acosado por corrientes de aire demasiado fuertes que lo bambolean.

Anuncios

Pessoana

El aire tibio de la noche, la gente que descansa y charla en los bancos, algunos se asoman a las ventanas. Son estos días, del verano incipiente, con un calor sahariano, cuando pienso en Fernando Pessoa. De la biblioteca cojo El libro del desasosiego, y comienzo a leer el primer párrafo:

Nací en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes había perdido la creencia en Dios, por la misma razón por la que sus mayores la habían tenido – sin saber por qué. Y entonces, como el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de los jóvenes escogió a la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a aquel género de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no viendo sólo la multitud de la que son parte, sino también los grandes espacios que hay al lado.