Música para después del trabajo en el campo

Descanso tras el almuerzo en una mecedora al fresco. Oigo música, la que grabó Sam Phillips en los años 50 y 60 en los estudios Memphis Recording Studio y comercializó luego en su sello Sun Records. Pocas veces una persona logró aglutinar tanto talento en tan poco tiempo y tan poco espacio.

Suenan Johnny Cash, Carl Perkins, Sleepy laBeef y Elvis Presley, claro, entre tantísimos muchos. Ahora canta Jeanne Newman: Thanks a Lot. El sonido de la guitarra, el bajo y la batería, simple, directo, melancólico. Seguirán otras canciones del mismo jaez mientras me mezo con calma en esta tarde provinciana tan lejos de Estados Unidos.

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La épica americana

Mike Brodie

Mike Brodie es un joven con una biografía de esas que gustan mucho a los que son incapaces de entender el arte y buscan solo excusas para hacer de samaritanos. A Brodie, un tipo criado en la marginalidad, esas personas le desagradan, y creo yo que ahí radica en parte su abandono de la fotografía. Mejor abandonarla a que te utilicen los samaritanos.

Brodie se inició en la fotografía con una polaroid después de llevar muchos kilómetros en mercancías a las espaldas. Me recuerda en cierto modo a Huckleberry Finn, el joven que echa a andar por tren o barca por los Estados Unidos por el solo placer de viajar. Más tarde vinieron los beats: Jack Kerouac y Neal Cassady. Entre todos, y alguno más, han configurado la épica americana del viaje. Un viaje entre gente que apenas tiene para vivir, que va de un lado para otro en busca de un trabajo que les permita ir tirando, gente que es feliz viviendo con lo justo, sin futuro y sin tener que aguantar redentores.

Son fotografías, directas, documentalistas, en las que lo poco que tienen de pensadas y preparadas apenas se nota. Al verlas uno piensa en que ese estar pegado a la realidad, ese documentalismo las salva de la banalidad, de lo hinchado y de lo huero. También la actitud de Brodie hacia el arte. En el catálogo de la exposición el fotógrafo dice: “Desarrollar las habilidades asociadas a un oficio debería ser prioridad. Hoy hay una epidemia de poner al artista antes de perfeccionar el oficio.” Dejando aparte la mala traducción, es una idea que muchos artistas deberían poner en práctica.

Trenes y libertad: la vieja épica americana desde los esclavos que huían al Norte hasta el presente de los trabajadores, inmigrantes y vagabundos que van de un lugar a otro sin rumbo fijo.

Retóricas cubanas

Contábamos ya con 54 años en que las relaciones cubano estadounidenses llevaban rotas. Ahora, por aquello de que el poder es omnipotente, los hermanos Castro (Fidel y Raúl) han decidido que Cuba tenga relaciones, políticas solo, con Estados Unidos.

Después de 54 años de retórica demonizando a EEUU, ahora deciden que es el momento de restablecer relaciones económicas y políticas. Después de 54 años de discursos retóricos, y me refiero a discursos mentirosos por el final de los mismos, discursos antiestadounidenses, discursos que hizo de los EEUU el demonio occidental.

Discursos que, en el fondo – y que mis pocos y tristes amigos aún castristas (de Raúl y Fidel), serán incapaces de aceptar como lo que fueron: simplemente retórica, una retórica hecha a medida del poder (como siempre) para engañar al pueblo (que es algo fácil) y a los pobres intelectuales cubanos y europeos que, los pobres, se encuentran felices anunciando la llegada del Paraíso comunista en la tierra, y que se encarna, cómo no, en Cuba, a pesar de lo que, por ejemplo, escribió Reinaldo Arenas.

Cincuenta y cuatro años de mentira y de retórica han quedado sepultadas con el simple izado de una bandera. La retórica castrista, como tantas otras, ha ido directa al sumidero de la Historia.

Grecia, un ideal que fue

Cuentan los rumores que Grecia va a presionar a Estados Unidos y Europa con su salida de la OTAN, así como retirar a sus tropas de Afganistán y de los Balcanes y va a cancelar sus acuerdos de cooperación militar con Israel  para que Europa le condone la deuda. Es el último cartucho que tiene para que Europa le perdone la deuda o se avenga a negociarla.

El problema de Grecia es que desde 1947 se ha sabido necesaria en la estrategia política de contención del comunismo. En 1947, los Estados Unidos pusieron en práctica la Doctrina Truman y para ello dieron a Grecia 400 millones de dólares. Así se aseguraban que los griegos no apoyarían gobiernos comunistas. Luego vino el Plan Marshall, que también les reportó muchos millones a cambio de mantenerse en el aldo occidental en la Guerra Fría. Después, una vez creada la UE, Grecia siguió recibiendo dinero de Europa. Ahora, no quieren pagar y la izquierda española, tan inane, los ensalza.

Grecia se puede permitir ese órdago porque sabe que Estados Unidos la apoya, porque sabe que los Estados Unidos tienen muchísimo interés en mantener allí sus bases militares. Grecia es el chaval consentido que hay en muchas casas que hace lo que quiere porque sabe que sus padres no dejarán de darle dinero. Si sale de la OTAN y de la UE, ¿de dónde van a sacer dinero?, ¿de Rusia?, ¿de Irán?

Es difícil no abandonarse al cinismo viendo la actuación de la izquierda española, ese fantasma al que solo se le conoce una extraordinaria indigencia intelectual. Grecia, uno de los grandes baluartes del imperialismo norteamericano — que utiliza esa arma para presionar – es aplaudida ahora porque como niño rebelde se alza contra quien le ha pagado todo durante tantos años, cuando probablemente solo sea una medida de presión que dejará de lado en cuanto consiga el dinero. La izquierda española, ¡JA!

Elvis Presley

Maria’s the Name (His Latest Flame) es una de las canciones que más me gustan de un artista de quien casi todo me gusta, y uno de los pocos a quien le permito casi todo. Puedo escucharla varias veces seguidas cada día y no cansarme.

En Graceland la gente espera colas hasta que le toca el turno de visitar la casa, pasean por las varias exposiciones que hay en la enorme tienda que se aprovecha del interés o admiración o casi idolatría que la gente siente por Elvis. Aun así, todo da igual después de haber visto la mansión, haber recorrido parte de su carrera, que se centra, sobre todo, en los años en que actuó en Las Vegas. Hay gente para quien esos años son los años de un hortera, vendido al dinero de los capitalistas y ahogado en lujo. Sin embargo, no debemos olvidar que en esos años graba algunas de sus mejores canciones – ya en 1956 había dado una muestra de lo que era capaz – y en los que su voz adquiere madurez. La vestimenta estrafalaria no era algo propio solo de él. Por aquel entonces había un buen puñado de cantantes de soul que parecía querer competir en llevar vestimentas extravagantes.

Hay lugares donde el rocanrol estuvo presente y que son más secretos. No para un buen aficionado a este tipo de música. A todo aquel que le guste el rock de los años 50 sabe que en Memphis están también los estudios mal llamados Sun. Sun era la discográfica. Los estudios se llamaban Memphis Recording Studio, pero  la pereza y el decir las cosas sin pensarlo mucho han terminado convirtiendo el lugar en los Sun Studios. Ya he hablado de ellos y vuelvo a acordarme de la visita, entre tanta gente. El sitio, silencioso, en medio de negocios que son naves de polígonos, como tantas cosas en esta ciudad estallada, guarda algo de la magia de entonces, aunque no lo haga presente a todo el mundo. O quizás es que algunos llegamos esperando ver a Billy y Scottie grabando con Elvis, o a Johnny Cash, desde su altura imponente, esperando que acabara otros de quienes al final no quedó recuerdo.

Nos iremos y los estudios Memphis Recording Studios seguirán allí, los trabajadores guiarán a los turistas varias veces al día, le gente irá y se marchará, y la presencia de Cash, Elvis, o Carl Perkins permanecerá.

Hay algunos que pensarán que todo esto no pasa de ser una vulgar peregrinación al corazón del capitalismo (o a uno de sus centros vitales). Puede que sea así, pero no estaría de más recordar la frase de T.S. Eliot: “La humanidad no resiste demasiado la realidad” y apuntar que al final y al cabo, pocas guerras se han dado por causa del rocanrol.

Llegada a Memphis

El avión nos deja en solo dos horas en Memphis. Boulder de Memphis está a más de mil cien millas. Lo que en coche, o en autobús, en uno de los míticos Greyhound que salían ya en Las uvas de la ira, habríamos tardado unas veinte horas, lo hemos cubierto en dos. Los aviones son necesarios en un país con distancias tan enormes. En el trayecto – ya la había comenzado días antes – leo la biografía que Dennis McNally escribió de Jack Kerouac. Tienen de interesante que también documenta el cambio de los Estados Unidos en el paso de los años cuarenta a los cincuenta.

En Memphis nos recibe el calor húmedo, la parsimonia de una gente que no tiene más remedio que sobrevivir en medio de ese clima. En el autobús recorremos el extrarradio hasta llegar a la estación de autobuses en el centro – más bien – en la zona norte de la ciudad. No es una ciudad al estilo europeo. Son casas, edificios que han ido construyendo sin orden ni plan y han formado, al final, diríase que casi por azar, un conglomerado urbano. Al final, unas pocas calles forman el centro.

En el hotel, nos azota el fresco casi polar del aire acondicionado. Las calles no se ven pegajosas, como en Nueva Orleáns, pero los olores sí son densos, como el perfume que se me ha pegado en las manos cuando esperaba en el aeropuerto al autobús.