Neorriquismo

Por la prensa me entero de que Risto Mejide ha ganado el Premio Espasa de Ensayo. Mejide es un eficaz publicista, como todos sabemos, así que si ha logrado vender su producto significa que ha hecho bien su trabajo.

Hay quien se escandalice de que le hayan dado el premio y lamenta la decadencia de la cultura española. Años ha, vienen a decirnos, los españoles teníamos entre los libros más leídos Mínima moralia de Theodor Adorno, Hablando de lo que habla de Agustín García Calvo, La galaxia Gutenberg de Marshall MacLuhan o la obra ensayística completa de Rafael Sánchez Ferlosio. De la Lógica de Hegel no hablo como tampoco lo hago del Tractatus Logico-philosophico de Ludwig Wittgenstein porque no los he leído al contrario de la mayoría de los lectores españoles, que lo tuvieron en su mesilla de noche durante su tierna adolescencia. Así, claro, que le den el premio a Risto Mejide es una afrenta a los españoles y su nivel cultural así como a sus ansias intelectuales.

Dejémonos de tontería, por favor, si aquí el nivel de lectura no es ya, ni siquiera el de un lector de El señor de los anillos. El nivel, hoy en día es el de libros de autoayuda como este.

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Ramón Andrés, también solitario que vive acompañado

No conocía la obra de Ramón Andrés, pero la casualidad hizo que me topara con El luthier de Delft en la librería y que me lo llevase a casa. Ya allí, después del casi obligatorio descanso de varias semanas en la mesa, lo leí en un par de tardes intensas.

Luego he leído una entrevista y una reseña que Antonio Muñoz Molina escribió sobre un libro anterior suyo, No sufrir compañía, que me está ya apeteciendo leer.

A la entrevista se asoma un hombre sereno, educado, consciente de lo que hace y del mundo en el que vive pero que no renuncia a cambiar lo que está mal.

Hace años diagnosticaron el fin del ensayo en España. No puedo decir que estemos viviendo una época dorada  pero hay que reconocer también que con ensayistas como Ramón Andrés la cosas no están del todo perdidas siempre que entendamos que lo que cuenta es la calidad y no la cantidad, y la instrucción, tan abandonada por toda la sociedad.