Papelina

Deambulo a través de los días como una puta en un mundo sin aceras.

Emil Cioran

Teólogos

Tronco

Hace no muchos años – o, quizás sí, pero envejezco y ya no cuento por años sino por décadas – hace años, decía, la filosofía se enorgullecía de pensar contra el Poder. Se enorgullecía aunque no siempre lo practicase. Frente a los partidos en el Poder, ellos establecían una serie de estrategias o de discursos que iban a la contra. Ahí estaba la fuerza de gente como Michel Foucault, pero sólo él y nunca sus disminuidos discípulos, y ahí se situaba también Louis Althusser, que era un caso peculiar pues durante gran parte de su vida intelectual cuando tuvo que elegir entre las tesis del Partido Comunista Francés y las suyas propias, elegía siempre – como buen comunista disciplinado – las tesis del PCF. (Esto, claro, se puede aplicar a la grandísima mayoría de ese oxímoron que es el filósofo comunista, que no es sino la puesta al día del filósofo teólogo. Así como en épocas pasadas tuvimos a Agustín de Hipona o Tomás de Aquino, que hicieron teología que quisieron hacer pasar por filosofía – mientras en Holanda estaba Baruch Spinoza escribiendo una filosofía en verdad radical, en el siglo XX tuvimos a los filósofos comunistas que escribieron la teología del Comunismo mientras en Alemania en el siglo XIX había vivido el pensador más radical de ese siglo y del anterior, Friedrich Nietzsche.

La situación, así, era bien simple y la elección muy fácil: o se elegía a Nietzsche o se elegía a los teólogos. La gran mayoría se hacían marxistas y se dedicaban a la teología, y solo alguno quedaba que fuese un pensador verdaderamente ateo – no me vale el que ha sustituido a Dios por el Comunismo, ese sigue siendo religioso – Cioran, por ejemplo, o Michel Blanchot.

Creía que una vez caído el Muro de Berlín, esos teólogos desaparecerían. Pues no es así. Hay gente que no puede vivir en la incertidumbre, que necesita de un suelo firme, anclarse a un proyecto real que dé sentido a su vida. No me extraña, entonces, que en Argentina exista una Dirección de Pensamiento Nacional y que la ocupe un filósofo, Ricardo Foster. Tampoco me extraña que ya en España haya quien se vaya postulando con discreción a dicho puesto.

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Por cierto, ya puestos, diré que no salgo de mi perpeljidad cada vez que leo, u oigo, la frase “pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad” que dicen dijo Gramsci, y lo catalogan entre los materialistas, cuando, en realidad, es una frase que hace hincapié sobre todo en el idealismo.

(La teología, una vez más, secularizada, sí, pero teología.)