Manjares de Navidad (impresos)

Estamos ya en el umbral de la Navidad, una época perfecta para encerrarse en casa con una buena pila de libros y olvidarse, en la medida de lo posible, del mundo. Es algo que llevo haciendo desde que una tía de mi madre, su madrina, me regaló unos cuantos libros allá por mi prehistoria (o casi).

Años atrás solía leerme el Premio Herralde de Novela, aunque desde hace cuatro o cinco he abandonado la costumbre porque la calidad de las novelas ha caído estrepitosamente.

Ahora, de unos años acá lo que tocan son clásicos rusos, que combinaba con los premios Herralde: Dostoievski, Tolstoi, el grandísimo Turgueniev, Goncharov. Este año le toca el turno a Bulgakov y su magistral (eso me han dicho) El maestro y Margarita. No sé si me fascinará tanto como Asia o Primer amor. ¡Quién sabe! Las horas previas intensifican esa incertidumbre, la convierten en un pequeño placer anticipado, aunque quizás el desencanto pueda presentarse ya en la tarde del viernes. Siempre hay más libros por si acaso. Tengo uno de Goncharov, y los cuentos completos de Chejov, que daría para varias Navidades. Así lo tengo pensado que los cuentos de Chejov me duren cuatro navidades, al menos, una por volumen.

No tengo muy claro lo que leeré el día que ya haya leído a los rusos, quizás los clásicos griegos, quizá relea a los rusos. Una vuelta a las aficiones de años atrás siempre es buena idea, quizás dedique la navidad a releer mis favoritos, en realidad los que fueron favoritos en un momento y que luego has guardado en la biblioteca y no has vuelto a tocar. Los favoritos de verdad los releo, quizás no todo el libro pero sí pasajes importantes, a veces dictados por el azar de por donde los abro.

Están en navidad las cenas y almuerzos pantagruélicos, esos que te dejan fisiológicamente molido y anímicamente sin ganas de nada. Son un peaje que hay que pagar para conseguir la libertad de la lectura. Pensemos que si nuestra sociedad no concediera tanta importancia a esta fiesta, no tendríamos tantos días de asueto.

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Lecturas

Me he dado cuenta de que de la lista de libros que escribí a inicios del año, he leído muy pocas, y he escrito aún menos de ellas. Da igual, he leído otras igual de interesantes, aunque he de reconocer que las Confesiones de Agustín de Hipona es soberbio, inigualable. Tiene momentos de extraordinaria elevación intelectual. Me gustaron, sí, los discursos de Cicerón, y me fascinó El Secreto petrarquesco y sus epístolas. Prometo leer el año que viene dos de Shakespeare, aunque ya me conozco mis promesas literarias. Es lo que más fácilmente incumplo, soy un lector fácil y casi cualquier lectura me lleva al sillón.

Ahora me estoy leyendo El idiota de Fiodor Dostoievsky. Es, hasta donde he leído, el libro de Dostoievsky que más me ha gustado. Lo intercalo con  Figuraciones mías, de Fernando Savater, otro libro suyo que, después de más de cuarenta, sigue interesándome y está pleno de sentido común, sabor literario y capacidad fascinar.

Vísperas

Se acercan las Navidades. Al igual que otros años, surgen las discusiones, este año amortiguadas por la dura crisis, de si la Navidad es una celebración cristiana o si, por el contrario, ya ha perdido su elemento exclusivo de ser algo cristiano y es simplemente parte de la cultura occidental. También hay quien se pierde en si debemos felicitar las navidades, el solsticio de invierno o el cambio de estación, aunque nadie dice que sería mejor no felicitar nada y olvidarnos de la fiesta.

Son, en fin, las discusiones sempiternas. Mientras tanto en la mesa se apilan algunos libros que he de leer y acabar en breve: El atrevimiento de mirar, Dear Life, Arguably, y, algo más alejado, Los demonios, una de esas obras mayúsculas que algunos leen en su juventud y yo he pospuesto hasta esta madurez borrosa, indefinida, carente de sentido.

En Navidades, más allá de celebraciones,felicitaciones y discusiones cercanas a los flatus voci, leo literatura rusa, por aquello del grosor de los libros o por el frío, o simplemente, como todo lo que tiene que ver con la literatura, porque me gusta.