Otro tipo de nomadismo

Tunel Delicias

Podría ser Nueva York pero es un barrio de España. Lo nómada no es solo aquello que Felix Guattari y Gilles Deleuze analizaron en Mil mesetas y que, más tarde, la izquierda reaccionaria ha clausurado en el cierre categorial que llevan efectuando desde la década de 1980 y que ha desembocado en la defensa del nacionalismo, la xenofobia y los privilegios étnicos.

Lo nomádico, hoy en día más que nunca, en un movimiento de intensidad creciente, se percibe en ese túnel, provinciano pero que podría, perfectamente, ser neoyorquino. La región ha sido superada por los mecanismos de aceptación y reconocimiento en una cultura. Ya nos e es de donde uno vive sino que se elige de dónde se quiere ser aun viviendo mucha distancia. Sin haber salido nunca del barrio uno decide ser neoyorquino del Harlem o parisino o de Shanghai.

En la quietud, lo distinto y ajeno.

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El futuro perfecto

El futuro perfecto es, o podría ser, el de alguien que, sin raíces, incluso con una lengua que no es la suya propia, podría vivir en otro país. Podría ser un futuro perfecto si se dan algunas condiciones; es, sin duda, un presente excitante pro lo que tiene de continua novedad a una edad en que ni las novedades se prodigan ni uno suele ir a buscarlas. En este caso, vivir en un país extranjero y ajeno a tu cultura (ese tótem que todos hemos de derribar si queremos llegar a la madurez) te permite ir encontrando a cada paso nuevas ocasiones de asombro; al menos durante unos años, luego, ya lo sabemos, la tensión decae y el ánimo se relaja.

El futuro perfecto es el de aquella persona que nada tiene ya ha de integrarse en una sociedad extraña y ese camino, a veces, parece una oficina de inmigración. Es también una extraordinaria película de Nele Wohlatz.

Libros

Tenía pensado escribir algo más sobre el verano, un remate si no final, casi, de unos días luminosos. Sin embargo, el tropiezo en un periódico con la noticia del préstamo bibliotecario, me hace cambiar de tema.

Dice el periódico que de los cincuenta “objetos” más solicitados en las bibliotecas madrileñas, ninguno es un libro. Los madrileños, por lo visto, van a las bibliotecas a leer revistas y a solicitar películas. La biblioteca, era de esperar, se ha convertido en un inmenso videoclub. No es un lugar de préstamos de discos porque la mayoría son de música clásica, y estos o los aficionados los tienen ya, o un curioso no solicita las composiciones para piano de Arnold Schönberg. Es así, guste o disguste. El nivel musical en España es muy deficiente.

Las bibliotecas están para prestar revistas y películas. Luego la gente critica al Gobierno que no protege ni fomenta la cultura, pero muy poca gente pide libros, y los solicitados no entran, desde luego, dentro de lo que hemos considerado alta cultura. Nada de Shakesperae, Dostoievski, Cervantes, o Balzac. De poesía ya ni hablo.

De nuestras carencias echamos la culpa al Gobierno, claro, porque es la única manera de no mirarnos en el espejo y que se nos caiga la cara de vergüenza. No por leer poco, sino por hipócritas. Somos un país de analfabetos funcionales que, sin embargo, blasonan de cultura. Y claro, como la realidad es otra, el Gobierno ha de ser culpable de nuestra falta de interés por la cultura.

Así nos va. Hinchados como pellejos, vanos por dentro.

El gesto

Al contrario que, por ejemplo, Henry James que se pasó la vida buscando y construyendo una cultura elevada, densa, digna, en el fondo, de su nombre, hoy lo que importa es el gesto. No la cultura, no la profundidad intelectual de lo escrito, lo pintado o lo filmado, no. Importa el gesto, el aspaviento habría que decir si queremos ser exactos, que es, según el diccionario de la Real Academia, “demostración excesiva o afectada de espanto, admiración o sentimiento”.

Por eso hoy, entre los aspaventados de la cultura, Leopoldo María Panero tiene tanto predicamento. No les importa la poesía de Panero, no. Al fin y al cabo, cualquier buen lector de poesía sabe que LMP solo tiene tres libros de poesía buenos (los tres primeros) y que el resto son hojalata o herrumbre, donde a veces, algo – uno o dos versos – fulgen.

Pero eso importa poco. Importa poco porque apenas hay lectores críticos – es decir, con criterio – de poesía. Importa, ahora, únicamente el gesto. Y el aspaviento. El gesto de LMP que se fabricó una pose de maldito y el aspaviento de sus seguidores – pobres y tristes seguidores de un gesto aspaventado – que ni saben de poesía – por más que emborronen cuartillas – ni les interesa lo más mínimo la poesía – por más que el palabro no se les caiga de la boca.

El gesto aspaventado es lo que define nuestra época cultural. Y la reacción en cadena en las redes sociales sin el menor criterio ni rigor ni soberanía propia.

Los lechazos de Kentucky

Hasta ahora de Kentucky, en cuestión de comidas, sólo conocíamos el pollo frito, pero, gracias a la portavoz de Sí se puede en Valladolid, nos hemos enterado que hay una cabaña extensa de lechazos de Kentucky que, por aquello del libre comercio, están dispuestos a inundar lo restaurantes castellano-leoneses en perjuicio del lechazo de la tierra, que como todos sabemos está inmejorable con unos sarmientitos de la zona y tomates del terreno.

Ahora que esto del comer no es ya solo una necesidad ni una expresión cultural sino que es algo político, he despertado de la alienación que ponía como ejemplo de alta cocina el turnedó Rossini o tantas otras invenciones francesas o catalanas o vascas. Me han abierto los ojos los activistas y cada vez que me llevo un cubierto con comida a la boca, me doy cuenta de que como aminoácidos de revolución, proteínas de derechos animales (aquí los vegetarianos lo tienen mal) y lípidos de rancio localismo proteccionista y esencias intemporales de la tierra. (Goytisolo en su sátira de las esencias hispanas eligió la cabra hispana como símbolo de las mismas; los que nos han traído el Paraíso han decidido nombrar al lechazo embajador plenipotenciario de la tierra y sus bondades.)

Yo, que soy un hombre previsor, tengo desde hace tiempo los billetes de avión para participar en una cacería de los fantasmales lechazos de Kentucky. Entre tiro y tiro, que allí están muy baratos, pegaré algún trago a una botella de bourbon, esta vez sí, de Kentucky.

Sic transit vita humana

Ha cerrado para siempre Mastropiero, una tienda de música clásica y jazz, la única en realidad que había en Valladolid. Febrero se inicia con las nevadas, que serán noticia en todos los medios de comunicación y tema central de las conversaciones inanes de la gente, y el cierre de la tienda de discos, que recordaremos solo algunos.

Así es la vida. Mejor no nos lamentemos. “Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere” nos dejó dicho Spinoza. Así ha de ser. Sería demasiado fácil caer en el sentimentalismo de la nostalgia y clamar por un pretérito mejor, que nunca llegó a existir, porque aquí la música clásica ha sido cosa de élites, de pequeños grupos, pero no élites económicas ni de poder, no. Élites de gente que quería saber de esa expresión musical que llegó a dar obras como las sonatas para piano de Beethoven o las “Variaciones Goldberg.” Esto es, sí, elitismo, pero porque la mayoría prefiere la música simplona que programan en las radios o en los guateques o en los lugares de moda.

Sí que no seré yo el que entone el lamento porque se ha cerrado la única tienda de música clásica que había en Valladolid. A pesar de tener un auditorio con una programación estable, a pesar de tener un teatro dende hay varias representaciones de ópera cada año, en Valladolid no hay gente suficiente como para mantener una tienda de música. Es, sin duda, mucho mejor descargarse todo, mejor porque nos e paga, claro, y aquí la incultura musical, literaria, humanística en general, va unida a la creencia de que la cultura es gratis, y libre y para todos.

Que no lo es, claro, que para llegar a ser cultos hay que esforzarse mucho y estudiar mucho y dejarse de lugares comunes y charlas de bares. En otros países al bar se va a beber, en España vamos a aprender cultura y dar lecciones. Así nos va, claro. Los mejores escritores, aquí, son los costumbristas, loe mejores músicos, los del pasodoble tabernario.

Como sigamos así, la cultura de tan libre y tan al alcance de todos, va a ser transparente, por aquello de que llegará a no existir. Una tienda menos, un hito más en la destrucción del tejido cultural en España.