Contra Jeremías

AzúaAcabo de terminar Contra Jeremías, el último libro de Félix de Azúa, que ha salido junto con Autobiografía de papel. Así que es un libro que comparte, por ahora, ese adjetivo que es siempre temporal menos en el último libro. Hay escritores que han dado varios libros en un año a sus lectores pero pocos que saquen dos al mismo tiempo. Es cierto que el hecho de que uno de los libros, como es el caso, sea una recopilación de artículos facilita la duplicación editorial. Esto, sin embargo, importa poco a la hora de la lectura cuando el libro es bueno.

Y Contra Jeremías es un libro muy bueno, destilado y aquilatado a lo largo de los años, no solo los de escritura sino toda la vida de Azúa, todos los años que ha sido espectador de la sociedad española. El título es lo suficientemente explícito. Jeremías fue un profeta hebreo, nacido en Judea en el año 650 a. C. proclamó que Judea sería destruida si no se arrepentía de sus pecados. A esta destrucción la acompañó con la de Babilonia. En español ha quedado la palabra jeremiada como un llanto o muestra de gran dolor, pero también con el significado de idiotez.

Azúa expone, explica y critica la política española de los últimos años, desde que José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones, pero al contrario que el profeta ni quiere hablar de la destrucción de España ni le apetece decir jeremiadas. Lo suyo es escribir para adultos. De ahí que defina la política como “lo que cada uno lleva a cabo desde su responsabilidad, con imaginación e iniciativa, para impedir los atropellos del poder.” No es de extrañar, pues, que se líe a porrazos con unos cuantos, ejemplos superlativos de la estupidez humana. Lo curioso, lo que Azúa viene a decir es que durante esos años el Poder, ocupado por la izquierda, ha sido en realidad la puesta en práctica del reaccionarismo carlistón nonagenario. Que bajo la apariencia de progresismo y libertad, en España ha estado gobernando un régimen conservador aliado con los caciques de cada región, con la oligarquía autonómica que, en algunos casos – el del PSC y el tripartito catalán – se habían travestido de izquierdas y progresismo.

En algún libro hace muchos años – creo que era en Contra las patrias, pero no tengo el libro a mano y no lo puedo comprobar – Fernando Savater calificó a Azúa como el bombardero. Este, años después, en la reseña que escribió de El libro de los venenos de Antonio Escohotado, dijo que había dos tipos de botánicos, el que simplemente colocaba a cada planta dentro del sistema de taxonomía desarrollado por Linneo, y otro tipo que se dedicaba a describir los efectos de la ingesta de cada planta venenosa. Este era, por supuesto, el más apreciado por Azúa, el que se atreve a explorar y a adentrarse en los peligros. Así es él, así sigue siendo desde aquella temprana dedicatoria de Savater. Esperemos que siga a sí por muchos años.

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