De la falsedad de la lectura como peligro

Leo por ahí, en cuadernos, columnas y otros géneros periodísticos y ensayísticos que la lectura es peligrosa, que es una forma de subversión y rebeldía. Desconozco la edad de tales escritores aunque por lo que dicen andan aún por la adolescencia. Juan Goytisolo dijo, con total acierto que los escritores e intelectuales apenas pintan nada en la sociedad y que la lectura no supone peligro alguno para ningún gobierno. ¡Bien lo sabía él que luchó contra el franquismo!

Frente a esos rebeldes de columna teórica, quiero proponer otro punto de vista. Al hilo del libro de Tzvetan Todorov El triunfo del artista. El escritor no solo no es peligroso, el escritor es necesario en las sociedades totalitarias. En ellas el escritor difunde la propaganda del gobierno. Ya sea mediante premios literarios, conferencias, puestos oficiales, el escritor del régimen tiene privilegiadas tribunas a su disposición desde las que difundir su propaganda (o quizás sería mejor decir la propaganda estatal). En los regímenes no totalitarios, también suele haber este tipo de escritores. Es verdad que la propaganda ya no es del totalitarismo, lo cual convierte la comparación entre ambos escritores en algo imposible. Aunque haya quien no vea diferencias entre defender un gobierno democrático y defender otro totalitario, la realidad es que diferencias hay – pocas, argumentarán algunos – quizás, pero significativas porque diferencias regímenes donde la libertad individual existe y se protege de otros donde ni existe ni se protege, incluso donde se combate y se lucha por erradicarla. En cualquier caso, en las democracias liberales (¡las tristes democracias formales burguesas que permitían a los comunistas atacarlas cuando en las dictaduras comunistas el criticar el régimen dictatorial implicaba la cadena perpetua, el destierro o la pena de muerte!) hay escritores que se arriman al árbol del poder para conseguir ganancia, la inane ganancia de las prebendas oficiales que, una vez pasado el tiempo de ese gobierno, nadie recuerda, como tampoco nadie recuerda al escritor.

En fin, aunque el libro era una excusa, no está de más recomendarlo. Todorov, que sufrió, como tantos otros, la represión comunista, se instalo en Francia, una de las patrias de la Libertad, con el propósito de llevar a delante su carrera universitaria e intelectual, y dar cuenta de lo bueno de la Libertad y de lo malo de los regímenes totalitarios.

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¡Vive la Republique!

Hoy es un día histórico, un día en que la amenaza populista ha sido derrotada en Francia, aunque nuestros comunistas patrios no lo vean, pero claro los comunistas no vieron nada malo en firmar un pacto de no agresión con los nazis.

¡Una jornada histórica, sí! en la que ha ganado lo mejor de Europa y han sido derrotados los cenizos. Contra el grito revolucionario leninista que dice que cuanto peor, mejor, yo digo, ¡cuanto mejor, mejor!

Como en la famosa escena de la película Casablanca, así me he sentido hoy. Los fascistas creían que iban a poder con nosotros pero al final, optimismo de la historia, el fascismo ha sido derrotado, y en España la cara de aflicción de los populistas ha sido memorable.

 

Cuando miro a Francia, pienso en que sí, que soy republicano. Lo malo es cuando vienen los republicanos españoles, esos populistas, comunistas y demás ralea  arengando a las masas y excitando sus más bajas pasiones, se me quita en un santiamén el deseo de ser republicano. Hay, aunque la genta no lo crea, repúblicas y repúblicas. Entre las que nos enorgullecen están Francia y Estados Unidos, entre las que nos avergüenzan está el sueño de los republicanos españoles, un sueño de miseria, represión y leninismo.

Por eso digo, y solo diré: ¡Vive la Republique!

Adioses

Leo en los periódicos recuentos del año. Destacan el alto número de artistas (en su sentido más amplio, aunque creo que predominan los músicos) que este año han fallecido. A muchos de ellos los he escuchado con verdadera pasión. He ido recibiendo las notificaciones de la muerte de cada uno de ellos sin demasiada alharaca sentimentalista. Será que me he hecho viejo, pero sobre todo que tanta efusión sentimental que nos inunda me repele.

Creo que en la tristeza, sobre todo en la desgracia y en la tristeza, uno ha de mantenerse firme, fuerte, y la congoja ha de ir por dentro, como las aguas turbulentas que corren por debajo de la superficie de los ríos. Es la única manera de comportarse en la que uno no cae ni en el patetismo ni hace el ridículo.

Y repito, en una época como esta en que todos se aprestan a demostrar ansiosos sus sentimientos – lo que solo consigue que sean infantiles – la verdadera soberanía reside en el control de las emociones. Solo así uno no forma parte de la grey.

Escribo esto al poco de enterarme que Carrie Fisher ha fallecido – otra pieza de la niñez que desaparece — y al saber que los rancios de la izquierda dizque radical española la utilizan para sus estupideces políticas. Aunque, seamos sinceros, un comunista del período alto del Capitalismo (en el que vivimos) — o del período medio (Lukács, por ejemplo) — es incapaz de entender (ahí quedan los escritos estéticos de tantos y tantos comunistas, con la excepción de Theodore Adorno, Walter Benjamin y pocos más) la función de la ambigüedad de la ficción.

(Nota Bene: quizás la izquierda española utiliza la Guerra de las Galaxia porque cree que George Lucas, su director, es Georg Lukács, el filósofo (en puridad, el teólogo) marxista. Nada me extrañaría conociendo como conozco la indigencia intelectual de la izquierda.)

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Canalla

Veo un programa de televisión, otro más, sobre las elecciones presidenciales americanas. Hay miedo a que salga elegido Donald Trump. Hillary Clinton no gusta mucho pero Trump espanta a la gente. Eso dicen. No es algo irracional ese rechazo a Trump por parte de una clase media más o menos ilustrada como tampoco lo es que la clase trabajadora empobrecida lo apoye. Es lo que tiene el populismo.

De todas formas, lo que me interesa, a pocos días de que Donald Trump pueda tener el número necesario de delegados que lo puedan hacer Presidente de los Estados Unidos, es una cita de Slavoj Zizek, el canalla Zizek. Dice esto en su artículo “Over the Rainbow” que, aquí publicó El viejo topo y también la editorial Acuarela como epílogo a ¿Qué pasa con Kansas? Al final del artículo escribe:

Aunque, como es lógico, un representante de la izquierda radical debería apoyar, en el contenido concreto de gran parte de las cuestiones en disputa, la posición progresista (a favor del aborto, contra el racismo y la homofobia), no se debe olvidar que, a largo plazo, es el fundamentalismo populista [se refiere al populismo conservador americano, de raíz religiosa y anarcocapitalista], y no el progre, el que constituye nuestro aliado.

“Cuanto peor, mejor”, es el resumen. Si la mayoría de la sociedad vota a Trump (por poner el ejemplo de estos días) esto hará que la situación de la mayoría de la sociedad empeore: económica, social, jurídicamente, …, y se levanten en armas contra el poder establecido. Es la misma verborrea canalla responsable de las grandes matanzas del siglo XX: URSS, la China de Mao y los Países del Telón de Acero, y la que hace que hoy Zizek diga que su aliado a largo plazo es el fundamentalismo populista: Trump o Marie Le Pen. Desde luego en Europa, la izquierda radical y la derecha fascista son aliados. Son muchos los puntos en que coinciden y que votan juntos en el Parlamento europeo. Tampoco es nada raro. El 23 de agosto de 1939, nazis y comunistas firmaron el pacto de no agresión, más conocido como pacto Ribentrop-Molotov.

Quede constancia del lugar moral de la izquierda radical.

Intimidad/ extimidad

Las redes sociales son para los nuevos políticos como el Hola para los antiguos y para la vieja aristocracia. Si por el Hola nos enteramos de que tal o cual duque casa a su primogénita con el benjamín de otra abolenga familia, por twitter o por facebook Alberto Garzón (creo que era él) nos comunica que ha pedido matrimonio a su novia o compañera. Por esas redes nos enteramos de que Pablo Iglesias había roto con su novia, y que la alcaldesa de Barcelona, la Evita del Ensanche, está embarazada. (Eso sí, los anuncios de los duques poseen la tintura ajada de lo decadente del que estos nuevos políticos, con sus chanclas y desaliño carecen.)

La nueva política tiene sus nuevos canales de comunicación que son idóneos para lanzar consignas y para abolir la intimidad. Cierto es que les anima una irrefrenable egolatría y una ansiosa necesidad de ser el foco de atención a todas horas. También debemos tener en cuenta que el nuevo político es solo un actor, un performático actor, al que, por supuesto, no se le puede pedir un razonamiento mínimamente complejo. Eso excede los 140 caracteres y su capacidad analítica y sintética. El nuevo político, ya lo dijo, no puede dejar las performances porque solo es eso, performance, pura superficie.

Pero además hay un proyecto político en marcha con la abolición de la intimidad: el control total de las subjetividades, Si en el siglo XVIII fue el panóptico, como bien analizó Michel Foucault, el modo de controlar socialmente las subjetividades, y en el siglo XX ese papel lo desempeñaron los delatores que abundaron en la URSS, los países del Telón de Acero y en Cuba, en el siglo XXI es la llamada extimidad, concepto confuso que solo tiene como función acostumbrar a la gente a que viva de cara a la galería, a que su subjetividad tenga, por decirlo de algún modo, paredes de cristal y todo sea visible. (Para otro momento dejo, la ola de puritanismo que lleva aparejada.)

Ante ello, claro, ni facebook ni twitter, y a vivir como el emboscado de Ernest Jünger.

Non serviam!

Quo Vadis, República?

Y puede que morir sea ya inevitable. Pero, al menos, morir luchando. No este balar medroso de corderos que lo babea hoy todo. Yo soy Charlie.

Así de contundente, y no hay otra actitud que pueda llamarse humana — la que aúna dignidad y libertad –, se muestra Gabriel Albiac en su último libro, Alá en París, que es una crónica periodística de lo que vio tras lo atentados islámicos en París, en enero y en noviembre de 2015 respectivamente.

He comenzado el libro, y su contundencia, su exactitud, ese no ceder nunca ante el cobarde engaño de los silenciosos corderos, me ha empujado a escribir esta nota.

Pocos quedan ya, pocos con coraje cívico, pocos que no hayan sucumbido al populismo, pocos que aún sigan haciendo de la ética, una física que es una metafísica. Pocos que aún hoy mantengan la máxima:

non ridere, neque lugere, neque detestari, sed intelligere.

Es, sí, el final de una época, al nacimiento de otra: la de la Europa aniquilada, la de la destrucción de aquello que hizo de ella el lugar de la libertad, los derechos humanos, la Humanidad en sentido político. Destruida por el Islam, con sus guerreros que forman parte de Europa e algunos incluso con guerrilleros que no son musulmanes pero que, por resentimiento y miedo, apoyan el Islam. Hay que combatir el capitalismo, vociferan estos últimos, y para ello nada mejor que unirse a cualquier fuerza, aunque sea reaccionaria, que quiera destruirlo. ¿Dónde habrá quedado esa exhortación de Karl Marx a los comunistas en que les avisaba de que no todos los que querían derribar el capitalismo eran iguales y que algunos de estos solo pretendían implantar regímenes retrógrados? ¡Sí, flotan, sin terminar de ahogarse, en los restos de la papilla populista en que se ha convertido el comunismo gracias al populismo! ¡Tantos años hablando del socialismo científico para acabar en el populismo espeso, pringoso y sentimentaloide de raigambre peronista!