Resumen apresurado de 2014

Ha habido muchos libros este año. No recuerdo todos, aunque eso, en realidad, es normal. Para quien lee poco o lo hace por costumbre social, esto de no acordarse de los libros leídos es una pérdida de tiempo y un gasto enorme (en realidad no tanto, pero ya se sabe la afición a la exclamación exagerada).

Recuerdo algunos: las poesías de John Donne, las Disputaciones Tusculanas de Cicerón (uno de los mejores libros del año, sin duda alguna), La copa dorada de Henry James (sin duda alguna el mejor, por todo: lenguaje, matices, tema, porque cada una de las palabras que James pone en la página tiene un peso específico y cada duda añade un grado a los matices), la biografía de José Ortega y Gasset que Jordi Gracia ha escrito (biografía que debería leerse en las escuelas, o quizás no, no sea que le cojan aún más tirria a la filosofía, a la de verdad no a la de autoayuda que ha sido la moneda común este año). En fin, unos cuantos más, de poesía y de cuentos, Ana Blandiana, sin duda.

Tampoco hay que hacer una lista exhaustiva, creo que es suficiente con dejar constancia de esos buenos libros que me han acompañado y que, a lo mejor, pueden acompañar a otros. Son los libros del año, de mi año, claro, que seguramente importe poco, más o menos como cualquier otro.

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Lecturas

Me he dado cuenta de que de la lista de libros que escribí a inicios del año, he leído muy pocas, y he escrito aún menos de ellas. Da igual, he leído otras igual de interesantes, aunque he de reconocer que las Confesiones de Agustín de Hipona es soberbio, inigualable. Tiene momentos de extraordinaria elevación intelectual. Me gustaron, sí, los discursos de Cicerón, y me fascinó El Secreto petrarquesco y sus epístolas. Prometo leer el año que viene dos de Shakespeare, aunque ya me conozco mis promesas literarias. Es lo que más fácilmente incumplo, soy un lector fácil y casi cualquier lectura me lleva al sillón.

Ahora me estoy leyendo El idiota de Fiodor Dostoievsky. Es, hasta donde he leído, el libro de Dostoievsky que más me ha gustado. Lo intercalo con  Figuraciones mías, de Fernando Savater, otro libro suyo que, después de más de cuarenta, sigue interesándome y está pleno de sentido común, sabor literario y capacidad fascinar.