Más allá del sol …

Suena “I’m Gonna Sit Right Down and Cry” en la version de Chris Isaak. El ritmo tiene poco que ver con lo que el título anuncia. Chris Isaak se embarcó en lo que, para mí sin duda, es su mejor proyecto: la grabación de algunas de las mejores canciones que salieron de Memphis Recording Studio, los estudios de grabación de Sam Phillips, uno de los hombres que, sin ser político ni militar, logró cambiar el mundo. La cultura popular tiene una deuda enorme con este hombre discreto que, aunque era consciente del valor de sus músicos, nunca pudo imaginar lo que se avecinaba, y parte de ese cambio se lo debemos a él. Fue capaz de ver lo nuevo e valioso que había en esos músicos, casi todos desconocidos, algunos pequeñas estrellas locales, que se acercaban a su estudio para grabar un single y probar suerte en el mundillo de la música, en los clubs de blues y jazz que salpicaban la calle Beale, no muy lejos de su estudio de grabación y muy cerca de la emisaora local donde su hermano pinchaba las últimas grabaciones.

En el 2011 Isaak viajo a Memphis y recaló en esos estudios para grabar Beyond the Sun, una colección de canciones de los años 50, cuando el rocanrol comenzaba a formarse, orgulloso y vibrante. Jerry Lee Lewis, Roy Orbison, el gran Johnny Cash y, por supuesto, mucho Elvis Presley.

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Mañana de domingo

Es una mañana de domingo como cualquier otra en este invierno cálido, que puede llegar a convertirse en tropical si continúan estas temperaturas altas y aumenta la lluvia, un invierno en el que podría prosperar hasta límites insospechados el musgo, y el verdín y cubrir gran parte de las fachadas y de las aceras, un invierno de sudor, de babosas y caracoles, ¡quién sabe!

Ya los inviernos no son como antes, afirma sentenciosa la gente, y me da por pensar que nunca nada fue como antes y que solo la tendencia al conservadurismo nos hace pensar lo contrario. Ya he escrito en anteriores ocasiones sobre la tendencia a tomar un momento – normalmente el cumbre – de nuestras escasas vidas en la regla y categoría general. No es así, por supuesto, pero consuela mucho eliminar la contingencia vital. De ahí la tendencia al gregarismo y a las políticas comunitarias, al fin y  a la postre las más conservadoras. Ya lo advirtió Ignacio de Loyola, “en tiempos de desolación, no hacer mudanza.” Algo ha cambiado porque en tiempos de desolación ahora la gente quiere tirar todo por la borda, como si eso arreglase algo, e instaurar el comunitarismo que nos salvará a todos y nos quitará las penas y el miedo al futuro, y… entraremos ya en el Paraíso de la Historia (¡tan cristiano!) y seremos para siempre felices. ¡Qué importante es, para los pobres necesitados de consuelo, que les ofrezcan una sociedad simple, en la que la complejidad propia de los humanos haya desaparecido!

Es una mañana más de domingo en un invierno que no es común. El silencio de la casa, la calle desierta, el calor y la humedad, la posibilidad de que el musgo y el verdín nos ahoguen en un futuro próximo; la ciudad en medio de una selva tropical. Hay días en que es mejor quedarse en casa antes que aguantar los ensueños retrógrados de tanto avisado que predica en el bar del barrio. No salir y, por ejemplo, escuchar lo nuevo de Chris Isaak. ¡Sin duda, es mucho mejor!

Vigilia

Son horas de vigilia, de espera tensa y emocionada. No hemos salido en todo el día. Por la ventana vemos la gente que sube y baja, en bicicleta, monopatín o simplemente andando, de dos en dos en este caso, charlando mientras se despejan, hacen algo de ejercicio o rompen la monotonía de los días laborales.

Más lejos, lo sabemos, la gente pasea por el mercadillo, se sienta en la hierba bajo los árboles, que por cierto son centenarios, comen algo de lo que han comprado en alguno de los abundantes puestos callejeros – casi todos de comida asiática o mejicana, con alguna camioneta que vende aún hamburguesas y otras donde despachan bebidas embotelladas o limonada o té hechos por ellos. Pasean, hablan, hacen ejercicio.

Nosotros hoy, en esta luminosa mañana de verano ya tardío nos hemos quedado en casa, a la espera, perezosos en cierto sentido. Leemos, escuchamos música – como casi siempre la que grabaron en los años 50 aquí.

Esperamos, sí, porque el sentido de la vigilia es guardar las fuerzas y aumentar las ganas sin perder la serenidad. Quedan ya pocas horas.