Investigue ud. mañana

Diego Martínez, ese físico español que trabaja en el extranjero y ha querido regresar a España. Pensaba que aquí podría trabajar igual de bien que en el CERN o en Instituto de Física de Partículas de Holanda (Nikhef).

Me lo imagino rellenando los distintos formularios que le han pedido: detallando su currículum en varios formatos, porque en España, al día de hoy, no hay un formato unificado de currículum, me lo imagino exponiendo el por qué sería bueno que se incorporara al programa Ramón y Cajal – que deberían haber llamado Santiago Ramón y Cajal por razones más que evidentes –, lo imagino detallando su “capacidad de liderazgo”, como si hubiera tantísimos físicos y los señores y señoras de la comisión no se hubiesen leído los trabajos del joven físico y no supiesen tan bien o mejor que él el avance que suponen sus investigaciones, como si la comisión no supiera que el futuro de esa persona, o de cualquier otra es incierto pero que en casos como el suyo hay unas grandísimas probabilidades de que sea un futuro excelente – eso sí, si no lo aburren y derrotan con la burocracia española. Como si no supiera la comisión – los señores y señoras de la comisión – que toda convocatoria exige demostrar no solo que uno tiene que tener el mejor curriculum de su especialidad – lo que está muy bien – si no que ha saber interpretar y resolver toda la complicada tarea que es rellenar una de esas convocatorias. Como si no supeiran que ahora un investigador, sobre todo si es el jefe del grupo, ha  de ser un gestor, que viene a significar que ha de perder el tiempo en trabajo de oficina, sí de administrativo, que ha de “captar recursos”, que ha de dedicarse poco a la investigación porque ahora unos señores han decidido que en la universidad, que en los centros de investigación hay que dedicarse a tareas de gestión y que es tan importante haber sido secretario de departamento como haber publicado en una revista especializada de prestigio.

Como si no supieran los señores y señoras de la comisión que en España la universidad va de cráneo y que muchos directores de proyectos ya no investigan porque apenas les queda fuerzas. Como si no hubieran leído La universidad cercada.

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