Libros

Tenía pensado escribir algo más sobre el verano, un remate si no final, casi, de unos días luminosos. Sin embargo, el tropiezo en un periódico con la noticia del préstamo bibliotecario, me hace cambiar de tema.

Dice el periódico que de los cincuenta “objetos” más solicitados en las bibliotecas madrileñas, ninguno es un libro. Los madrileños, por lo visto, van a las bibliotecas a leer revistas y a solicitar películas. La biblioteca, era de esperar, se ha convertido en un inmenso videoclub. No es un lugar de préstamos de discos porque la mayoría son de música clásica, y estos o los aficionados los tienen ya, o un curioso no solicita las composiciones para piano de Arnold Schönberg. Es así, guste o disguste. El nivel musical en España es muy deficiente.

Las bibliotecas están para prestar revistas y películas. Luego la gente critica al Gobierno que no protege ni fomenta la cultura, pero muy poca gente pide libros, y los solicitados no entran, desde luego, dentro de lo que hemos considerado alta cultura. Nada de Shakesperae, Dostoievski, Cervantes, o Balzac. De poesía ya ni hablo.

De nuestras carencias echamos la culpa al Gobierno, claro, porque es la única manera de no mirarnos en el espejo y que se nos caiga la cara de vergüenza. No por leer poco, sino por hipócritas. Somos un país de analfabetos funcionales que, sin embargo, blasonan de cultura. Y claro, como la realidad es otra, el Gobierno ha de ser culpable de nuestra falta de interés por la cultura.

Así nos va. Hinchados como pellejos, vanos por dentro.

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