Fantasma y espejo

Por fin ha llegado el otoño, me refiero al clima porque la estación llegó semanas atrás. Han llegado las lluvias, el ambiente húmedo, el frío suave y una menor fuerza de la luz. En el poema volvían las oscuras golondrinas, o como escribió Emily Dickinson:

These are the days when Birds come back—
A very few—a Bird or two—
To take a backward look.

These are the days when skies resume
The old—old sophistries of June—
A blue and gold mistake.

 

Son días de regreso, de  la música clásica, por ejemplo, ausente durante los veranos. Es el momento de volver a las canciones religiosas de Benjamin Britten, a las últimas sonatas para piano de Ludwig van Beethoven o a sus últimos cuartetos, también.

Llevo ya  casi dos meses de clases, y en estos últimos días, mientras explicaba “The Windhover”, he recordado a un profesor que me lo explicó a mí, y he sentido que él estaba como un espíritu, en la clase, superpuesto a mi figura. Como si yo, cada vez más, fuera él.dos meses de clases, y en estos últimos días, mientras explicaba “The Windhover”, he recordado a un profesor que me lo explicó a mí, y he sentido que él estaba como un espíritu, en la clase, superpuesto a mi figura. Como si yo, cada vez más, fuera él.

El matiz, siempre el matiz

Benjamin Britten (1913 – 1976) fue uno de los más imporntates compositores británicos del siglo XX. Fue, también, homosexual. esto, en realidad, poco tiene que ver con su obra musical pues no es la suya, en general, una obra centrada en el tema de la homosexualidad si exceptuamos quizás Billy Budd y Muerte en Venecia. Fue compañero del tenor Peter Pears.

En España es impensable que un músico homosexual componga música religiosa. Mal van ya los que la escriben sin serlo, ¡imagínense a alguien que sea homosexual! Britten, sin embargo, poco dado a secundar los prejuicios de su tiempo, sí que la escribió. No solo eso, es uno de los mejores compositores del anterior siglo. Entre las que escribió señalo, por ejemplo, Rejoice in the Lamb, Missa Brevis, A Hymn to the Virgin o A.M.D.G. basado en poemas de Gerald Manley Hopkins.

Pero, claro, es un británico el que no veía contradicción ni tampoco pensaba que con ello estaba traicionando a los suyos (ese término tan de tribu, tan de batallón y tan de partido político). Britten era capaz de pensar con matices. Sabía que el pensamiento es sobre todo el arte del matiz, no como aquí y ahora donde si uno intenta matizar algo queda aplastado por el batallón unánime en su descrédito del pensamiento.