Fruslerías

Era una cleptómana de bellas fruslerías
robaba por un goce de estética emoción
“La cleptómana”

Tenemos la costumbre – la mala costumbre – de clasificar según una escala en la que prima la importancia inmediata de los objetos. Las prisas en la vida y el utilitarismo mal entendido no nos permiten ver lo sugerido en cada objeto mínimo que nos rodea. Tampoco advertimos las miles de combinaciones líricas que están ahí, esperando que las descubramos y creemos un mundo propio.

Las fruslerías, a nada que uno se fije un poco, dejan de serlo y revelan una variedad de matices que ahondan el mundo en el reino de lo fantástico inusitado. No es una cuestión de lógica interna. Es la súbita revelación de un mundo maravilloso.

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Si no es difícil no es bueno

Luis Nieto-XII.jpgLeo un artículo de alguien que quiere denunciar la injerencia del capitalismo en la obra de arte. Se trata de exponer cómo las presiones de la industria editorial influyen en la obra de arte. El estilo del artículo es infantil y la argumentación aún más, cuando existe. Según ella, que el libro tenga unas dimensiones determinadas obligue al autor a, por ejemplo, limitar el número de sílabas de los versos. Recuerdo, sin embargo, la fuerza con laque Octavio Paz hablaba del tamaño de las cuartillas y el reto que para él suponía que no pudiera haber más de cincuenta golpes de Tecla por renglón.

También dice la bendita autora del artículo que la portada (en realidad quiere decir cubierta; por lo visto considera que no es necesario conocer la terminología para hablar con propiedad y rigor de un tema) también es otro elemento en el que la industria no cuenta con el autor y no le pide consejo al elegirla. Por no hablar de la organización interna de la obra sobre la página, que por lo visto distorsionan el diseño original del autor. (Y aquí me viene a la cabeza el experimento de Julio Cortázar en la primera edición de La vuelta al día en ochenta mundos. También me viene a la cabeza el Ulises de James Joyce, una de las grandes obras revolucionarias de la literatura o Finnegans Wake, del mismo, contra los que poco pudo la malvada industria editorial y su política de maximización de beneficios.

También pienso en que a lo largo de la historia el paso de la tabilla al pergamino, y de este a la hoja y luego el posterior uso de la imprenta y ahora el libro electrónico. De todo esto nada dice la autora del artículo. Nada dice porque nunca perjudicó al autor; al contrario, más bien. Recuerdo también el miedo de Herbert Marcuse ante el auge de los libros de bolsillo. Era capaz de ver el futuro: un futuro donde En busca del tiempo perdido estuviera al alcance de cualquiera. ¡Qué terrible que cualquiera pudiese leer la obra de Marcel Proust o la de Joyce o las obras de William Shakespeare! Las siete plagas bíblicas amenazaban a la cultura. Nunca dije, ni siquiera llegó a pensar, que el único peligro que corría la cultura provenía de su indigesta teoría marxista, donde a las menciones retóricas al proletariado les superponía un aristocraticismo nada retórico.

La autora ignora que las dificultades espolean a los verdaderos artistas. La bailarina nos asombra con sus piruetas porque sabemos que la ley de la gravedad va en contra de su baile. Paz y tantísimos otros poetas se sienten espoleados por las dificultades de las formas poéticas cerradas (en especial el soneto) y por las dificultades que puedan encontrar al escribir poemas de largos versos en páginas que no son del tamaño de una sábana. El pianista que interpreta la Hammerklavier de Ludwig van Beethoven sabe de la exigencia musical y física de la sonata, y eso lo anima a dar de sí lo mejor. Solo los que no son artistas, solo los funcionarios del pensamiento se lamentan de las dificultades. Los demás saben que si no es difícil la labor no es bueno el resultado.

In Memoriam (con total agradecimiento)

Ha muerto a los 68 años de edad, Paloma Chamorro, periodista cultural. Chamorro, que estudió Filosofía, se dedicó en gran parte a hacer programas sobre arte en los años 70: Galería, Cultura 2, Imágenes, entre otros. Cuando la Posmodernidad llegó a España, Paloma Chamorro dirigió un programa, el famosísimo La edad de oro, por el que pasaron todos los grupos, pintores y escritores que conformaban la Vanguardia. Entonces aún la gente creía en la Vanguardia. Claro que para Chamorro la Vanguardia era un término muy elástico y no se ceñía a las teorizaciones de los vanguardistas de principios del siglo XX. Vanguardia eran Ocaña y Almodóvar y MacNamara, Parálisis Permanente y Nikis, Guillermo Pérez Villalta y las Costus. The Lords of the New Church y Jesús Ferrero, Aztec Camera, también. Incluso llevó a Lou Reed a su programa, el viejo león de la Vanguardia musical de los año 70 neoyorquinos cuando estaba en Velvet Underground, banda apadrinada por Andy Warhol, también Vanguardia. (siempre he sospechado que Paloma Chamorro y algunos más lo que querían era revivir la Factory en Madrid.)

Mientras en el mundo la Posmodernidad iba disolviendo las certezas y cambiando los paradigmas, en España a principios de los 80 aún estábamos intentando asimilar las vanguardias. Cosas de la mucha libertad que por entonces teníamos, más que ahora, sin duda. Y allí estaba Paloma Chamorro, dispuesta a mostrarnos toda esa inmensa libertad que encarnaban Divine, Vagina Dentata o Gabinete Caligari.

La procesaron por ofensas a la religión, pero fue absuelta por aquello de la libertad de expresión que hay en España, y que a algunos, por lo visto, les molesta pues no dicen que la absolvieron, y se quedan solo con el procesamiento. No fue lo único que tuvo que soportar. Cuenta Rafa Cervera que en algunos pueblos, cuando acompañaba a Alaska y Pegamoides, los quisieron apalear e incluso arrastrar cogidos de los pelos. Tampoco faltaron insultos y desplantes en mucha prensa progresista e izquierdista española por el tipo de programas que hacía (aunque solo mencionan La edad de oro y no La estación de Perpiñán, tampoco que fue la única española que entrevistó a Joan Miró después de la Guerra Civil.) A los progres que llevara a Gabinete Caligari o Los Rebeldes a la televisión les parecía una afrenta. Ellos lo que querían eran los cantautores muermos que cantaban el alba de los nuevos tiempos. Luego resultó que esos nuevos tiempos eran los de la Posmodernidad, pero ya se sabe que en España las plurales izquierdas van de equivocación en equivocación.

A Paloma Chamorro la procesaron por ofensas a la religión y solo entonces, cuando vieron que había cacho que morder, los progres se pusieron de su lado. Hoy Paloma Chamorro, el programa de Paloma Chamorro seguiría siendo igual de irreverente, sobre todo para las plurales izquierdas. Les dejo dos ejemplos de programas que hoy sufrirían censura previa.