De las categorías inferiores

La comunicación hoy en día es instantánea y llega a todo el mundo, así que no es extraño que una noticia española se sepa en EUU en apenas unos minutos. Otra cosa es la respuesta emocional. Esto viene a cuento del veto por parte de la parte radical de la izquierda española al cantante norteamericano Matisyahu , que es, también, judío. Esto, simplemente, ha hecho que Podemos, Compromís e IU le hayan pedido una especie de retractación religiosa, como hacían en Gran Bretaña con los que no eran anglicanos y querían estudiar en Oxford y Cambridge, o, en sentido parecido, como hacían no hace tanto en España con los que querían aspirar al funcionariado y se veían obligados a jurar los Principios Fundamentales del Movimiento.

Pero las noticias de España solo provocan un sordo y cansino cansancio. No hay remedio y, por mucho que cambie, se federalice, o se vista de seda, seguirá siendo tierra de gente inculta y partisana abonada a poner sambenitos a lo largo de la historia: judíos, librepensadores, liberales, …

John William Cummings siempre dijo que el mejor presidente de los EEUU había sido Ronald Reagan, y el segundo mejor, Richard Nixon. Apoyó, como no podía ser de otra forma, la Contra nicaragüense, la guerra de Irak, todas las intervenciones norteamericanas en el exterior, hizo campaña por George W. Bush, y, cómo no, pertenecía a la Asociación Nacional del Rifle, esa que defiende que todos los estadounidenses tienen derecho a tener todas las armas que quieran, desde una colt hasta un misil.

John William Cummings fue músico, guitarrista, y actuó muchas veces en España, con gran éxito de público, digámoslo también. A John William Cummings lo conocíamos por el sobrenombre de Johnny Ramone, guitarrista del grupo Ramones, uno de los primeros grupos punk estadounidenses.

Los Ramones llenaban salas y estadios cuando tocaban en España, y todos sabíamos de sus ideas políticas. Nadie en la izquierda hispana hizo un mohín de reprobación ninguna de las veces que vino. Johnny Ramone era un ídolo de rockeros, punkies, okupas, anarquistas y demás especies izquierdistas españolas. Tenía carta blanca para hacer y decir lo que quisiese. Las izquierdas hispanas no iban a criticarle nada. Era un ídolo. Aunque, no olvidemos, que Ramoncín también lo fue, sobre todo para esa izquierda afín al abertzalismo, y luego cayó en el infierno. No deberíamos descartar la posibilidad de que las izquierdas hispanas, antes o después, reniguen de los Ramones, al fin y al cabo las izquierdas hispanas son angelicales y olvidan lo que no les interesa; hacen como si nunca hubieran apoyado esas ideas o movimientos, o grupo musical, tanto da. Pero hasta entonces, y después, quede claro que las izquierdas hispanas, las que dicen que lo bueno es la desestabilización del sistema capitalista, han apoyado a uno de los músicos más reaccionarios del hoy en día, Johnny Ramone, aunque lo hayan hecho en nombre de los eslóganes cansinos y costumbristas de la de izquierda. ( Quien quiera documentarse, lea los pastosos purés ideológicos de Slavoj Zizek)

No educarás en falsedades

En una entrevista que hacen al científico Richard Dawkins, este dice – y lo dicho está en el subtítulo – “Es perverso instruir en falsedades”. Tiene toda la razón, el único problema es que pensamos que falsedades son solo las de la religión y aún más en concreto las del cristianismo. Nadie dice nada acerca de las falsedades de algunos sistemas políticos, como el comunismo, que terminaron como religiones. En realidad aún siguen en ello si nos fijamos en la grotesca deriva venezolana con un líder supremo al que recen y cuya tumba visitan los creyentes del movimiento socialista bolivarista chavista.

Otro ejemplo es el que nos plantea Shlomo Ben Ami: “A los israelíes les cuesta entender por qué cinco millones de refugiados y 200.000 muertes en Siria tienen mucha menos gravitación en la conciencia occidental que los 2.000 palestinos asesinados en Gaza.” Por la falsedad que están inculcando en la sociedad y que la gente acepta de buena gana. Si leen todo el artículo, verán que Ben Ami no rehúye la crítica y sí critica acertadamente el antisemitismo europeo, que resurge de lo que creímos que eran sus cenizas. Siempre está presente la maldad judía: años atrás desde los poderosos países árabes se difundió la mentira de que el pan ácimo judío de las celebraciones de Pascua estaba hecho con sangre de bebés. Ahora es que los judíos asesinan niños palestinos indiscriminadamente. Años atrás recibió poca importancia; hoy, no, porque hoy los instigadores saben que en twitter, Facebook y demás redes sociales abundan personas que quieren dejarse engañar, que hay personas que necesitan salvar a alguien y condenar a otro, que carecen de todo juicio crítico. Por eso ahora la campaña propagandística ha sido enorme e intensa, al contrario que en la ocasión anterior donde la campaña se redujo a periódicos en árabe.

Pero sí, veremos a nuestros solidarios selectivos apuntándose al carro de la no educación en falsedades al tiempo que propagan algunas de las más caducas.

Las cosas claras

Por fin alguien los ha calificado como  lo que son: idiotas morales, porque no otra cosa son. Gente moralmente inane o dañina pero que por la posición social de privilegio que ocupan, se pueden permitir la licencia de incitar al odio y a la xenofobia. Al fin y al cabo eso es lo que han hecho, Penélope Cruz, Javier Bardem y Pedro Almodóvar.

En España lo pueden hacer y la gente le sihue babeando. Véase su equidistancia divina con los asesinatos de ETA o con el nacionalismo catalan. Quizás ahora vayan comprendiendo que el caciquismo ideológica que ejercen en España, de poco sirve en el extranjero.

Portugal

En Bragança, Portugal, entre montañas, en una zona cercana a España y sin embargo, tan lejos de ella, a pesar de la insistente presencia de los turistas.

Bragança es un pueblo, extendido entre montañas, quizás sería mejor decir entre colinas. Un pueblo tranquilo, poco alterado por los turistas, un pueblo de costumbres que se adivinan fijas.
Bragança es también, como todo Portugal, uno de los lugares donde los judíos españoles tuvieron refugio y asilo cuando los Reyes Católicos los expulsaron de España porque era algo absolutamente necesario para crear la identidad de la nación española. Ahora que algunos infames, Antonio Gala entre ellos, vuelven a hablar de la expulsión de los judíos de España, y justifican dicha expulsión, está bien habervenido a Portugal, país tolerante donde pudieron refugiarsede la aniquilación tantos judíos.

El genocidio (de Israel)

Jean Améry , judío belga que fue encerrado en un campo de concentración, escribió un ensayo sobre el Holocausto, Más allá de la culpa y la expiación. En él argumenta unas cuantas ideas muy lúcidas, pertinentes, radicales y poco agradables para esta época.

Entre las cosas que dice se encuentra el hecho de que el Holocausto no fue reconocido como tal desde el principio, más bien tuvieron que pasar varios años y tuvo que llegar otra generación para que la sociedad se diera cuenta de lo que supuso. También argumenta que la rehabilitación de Alemania en el orden internacional fue más rápida que la de Israel. En realidad, habría que decir que así como la gran mayoría de personas acepta ya a Alemania y no es normal que se le recuerde su pasado nazi, a Israel se le recuerda el Holocausto … para criticarla. (Hay algunos como Antonio Gala que incluso se alegran de que se expulsara a los judíos de España.)

Las naciones árabes nunca han aceptado que la Israel moderna se creara en 1948 en su actual emplazamiento mientras que no tienen el más mínimo empacho en aceptar el reparto que se hizo de sus países cuando el Imperio británico dio por finalizada su ocupación. Aceptan sus propias fronteras, tan arbitrarias como las de Israel, pero no aceptan las israelíes. Que los kurdos o los armenios vivan sojuzgados en varios países árabes y repartidos por los mismos, es algo que no les importa lo más mínimo. Que los israelíes hayan intentado llegar a acuerdos de convivencia con los palestinos es algo que no aceptan y han boicoteado cuantas veces ha sido necesario.

Recordemos que en los años 80 y 90 se habló de la posibilidad de un territorio (Israel) en que habría dos gobiernos. Esto en seguida fracasó. Averigüen quién puso el dinero y los medios militares para que aquello no llegara a buen puerto. No fueron ni israelíes ni estadounidenses. Fueron esos países que dicen que a los israelíes hay que arrojarlos al mar. Y no olvidemos que llevan diciéndolo desde 1948.

A principios del siglo XX, los nazis intentaron eliminar a los judíos – por aquel entonces el antisemitismo tenía gran fuerza – y dominar Europa. No lo consiguieron y algunos nazis se escaparon. Es curioso que los buscaran en Occidente pero nadie fuese a buscarlos a los países árabes, donde algunos se refugiaron y ayudaron a redactar las constituciones de los nuevos países árabes. Habrá quien aún se extrañe de que esas constituciones no respeten los mínimos niveles de libertad, democracia, …. (A ello se une el cambio de postura de la URSS con respecto a la cuestión judía: del apoyo al ataque. Nazis y soviéticos, una vez más, unidos en su ataque antilibertades y antidemocrático.)

Lo de estos días, lo de estos últimos años es un avance lento pero gradual hacia el exterminio judío, sin que surja una reacción en contra de ese genocidio. En este caso sí que es genocidio: la eliminación de un pueblo por causa de raza o religión.

El plan es lento pero infalible, o casi. Primero creamos unas víctimas de los judíos: los palestinos. (Aunque la mayor matanza de palestinos la ejecutó el ejército jordano en septiembre de 1972, en el llamado Septiembre negro.) Una vez que los palestinos son las víctimas de los israelíes (aunque en verdad lo han sido mucho más de sus llamados hermanos árabes) viene la solidaridad internacional amañada. Digo amañada porque en Siria en los últimos años han asesinado a más de 200000 personas y los profesionales de la solidaridad han mirado a otro lado o simplemente han mascullado inocentes grititos monjiles por la maldad de AL Assad. Por no hablar de la guerra del Congo después de más de una década.

Los profesionales de la solidaridad son gente que no tienen dudas: los palestinos son buenos, los israelíes malos e imperialistas. Hay que criticar, acogotar a los israelíes, hay que escupirles en la cara su maldad, hay incluso que escribir artículos, mensajes, tweets, y lo que sea incitando la judeofobia, el antisemitismo, eso sí, disfrazado de antisionismo (lo que demuestra que poco saben lo que es el sionismo) y el antiimperialismo (el estadunidense, digo, no el ruso, el cual apoyan subrepticiamente).

Una vez que los profesionales de la solidaridad partidista, por no decir escorada hacia la izquierda o cosas más fuertes, una vez que los profesionales inicien su campaña de acusación de genocidio contra los israelíes, solo queda esperar. Esto se repetirá una, dos, tres, cuatro veces, quizás más hasta que la mayoría de la población esté convencida de la maldad israelí e Irán tenga la bomba atómica (Mientras tanto los países árabes seguirán armando un poquito a los palestinos, pero tampoco mucho no sea que les estropeen estos palestinos el plan final. Recordemos que entre los países árabes los palestinos son los parias, lo más bajo entre los árabes). Entonces solo quedará que los iraníes, o cualquier otro país árabe, lancen la bomba atómica sobre Israel ¿Quién se atreverá entonces a defender a quienes para la mayoría de la opinión pública – esa masa amorfa fácilmente influenciable y dirigible – son genocidas?

No hay otra estrategia en la repetición de que los israelíes son genocidas, solo la necesidad de convencer a la gente para que a su debido momento nadie alce la voz ante el exterminio de los israelíes.

La gente de la cultura, más allá del bien y del mal

Hay algo que cada vez aguanto menos: el engolamiento de quienes dicen dedicarse al arte, la cultura y la literatura. En cuanto se les brinda la menor oportunidad, nos recuerdan que ellos – dicho de manera enfática – están comprometidos con la verdad y la justicia.

El último ejemplo ha sido la zapatiesta que algunos han montado por la simple razón de que Antonio Muñoz Molina, en el ejercicio de su libre voluntad, ha decidido ir a recoger un premio otorgado por la ciudad de Jerusalén. No han esperado ni un minuto en lanzarse sobre él para afearle la conducta. Parecía que no tuviesen cosa mejor que hacer, parecía que estaban ayunos de causas con las que comprometerse por la salvación de la Humanidad – esto también dicho con énfasis – y han encontrado esta circunstancia para recordarnos que los intelectuales, que la gente de la cultura, que los filósofos, literatos, artistas tutti quanti han estado, están y estarán siempre comprometidos con la justicia, la libertad, la solidaridad y todo aquello que pueda ser dicho con énfasis (porque, añadamos, el énfasis es muy importante en estas causas).

La memoria, sin embargo, a mí me juega malas pesadas, y recuerdo que hubo escritores, brillantes, que defendieron el fascismo de principios del siglo XX, entre otros Ezra Pound o Louis Ferdinand Céline, más los que en España fueron falangistas o justificaron a Franco. Otros hubo, en España también y en otros lugares del mundo, casi siempre esos lugares que llamamos civilizados, que dedicándose a la filosofía, a la cultura o a la literatura, si no a todo junto, cumplieron lo que Julien Benda describía en La traición de los clérigos, y apoyaron a la URSS, a Mao en China, a Pol Pot en Camboya, a Fidel Castro en Cuba, al Che Guevara allá donde estuviera. Tampoco nos tenemos que remontar al pasado. En los años ochenta, buena aprte de la izquierda europea apoyó a Gadafi por el mero hecho de que este se enfrentó a Estados Unidos, mientras olvidaban la opresión en que mantenía a los libios. Hoy en día hay quien ve con buenos ojos regímenes autocráticos como el iraní u otros también por la mera razón de que se oponen EEUU o a cualquiera de sus socios. Así, la represión política que pueda haber en algunos estados musulmanes, por ejemplo, es algo que carece de importancia por el simple hecho de que luchan contra el imperio norteamericano, olvidando estos revolucionarios lo que Marx dejó escrito en el 18 brumario de Luis Bonaparte acerca de la revolución.

Menos engolamiento, menos énfasis, más pirronismo, más escepticismo a la manera de David Hume, por poner un ejemplo, no les vendría mal. Para combatir el mal, la injusticia y otras calamidades ya tenemos la liga de la justicia.