Una época

En 1960 J.F. Kennedy fue elegido presidente de los Estados Unidos. El asesinato truncó la vid de un presidente que en unos mil días imprimió un sello personal a la época. Entre los momentos más importantes, al menos para mí, está la grabación de (Maria’s Her Name) His Latest Flame que hizo Elvis Presley en 1961 en los estudios de la RCA en Nashville, Tennessee.

También George Lucas sitúa American Graffiti en esa época, en concreto en verano de 1962. La banda sonora de la película es excepcional (dentro de los márgenes de la música popular americana de entonces). He escuchado la banda sonora mil y una veces, por aquello de no abandonar el embrujo de unas canciones que son parte importante de mi juventud, al igual que he escuchado a Elvis miles de veces por las mismas razones.

Algo hay, que empezó a mediados de los años 50 y que con la presidencia de Kennedy llegó a su culmen para, desde entonces, iniciar la caída y convertirse en una elegía.

Mitologías de adolescencia

Eran los Faraones y la ciudad era suya. Un hatajo de macarras que amedrentaban a los mocosos del instituto y traían de cabeza a la policí­a de Modesto, en California. Luego fueron los malvados del imperio en torno a Darth Vader, porque de un pequeño pueblecito californiano al lejano y desértico planeta Tatooine, escoltado por dos soles, apenas hay distancia en la imaginación de un adolescente. Completaban el grupo el Hombre Lobo ya envejecido en la figura de un samurái galáctico, el joven que deseaba largarse de su pueblecito para convertirse en un piloto de caza, y un contrabandista aficionado a las carreras, imagen del Bob Falfa de American Graffiti. Hace ya de ello 40 años. ¡Tanto tiempo ha pasado!

Vaqueros del espacio

De un lejano planeta habitado por labriegos y frecuentados por contrabandistas y otros delincuentes, zarpa una nave. Sale de una de los muelles de embarque del puerto espacial de Mos Eisley. No lo saben aún los tripulantes ni los pilotos, pero van a ninguna parte. Surcan viejas rutas que décadas atrás eran frecuentadas por los contrabandistas cuando querían evitar el ejército imperial.

Son años inciertos donde el futuro para uno era solo pasado, para otro un incierto presente y para otro un porvenir definido por la nostalgia de lo que espera vivir y no deja de posponer. Los buenos tiempos ya han pasado y para el mayor solo queda la vida retirada en un desierto después de haber fracasado en su encomienda, y para el más joven solo son historias que sus tíos le han contado sobre su padre muerto, y sobre las que se cierne un velo de silencio y medias verdades.

Zarpan rumbo a un lugar que no ya no existe cuando despegan, pero no lo saben, y la película es una sucesión de carreras por rutas secundarias, como probablemente hacían cuando eran adolescentes y con pequeñas naves hacían carreras por las lunas de los sistemas cercanos. Carreras de naves pilotadas por adolescentes como entrenamiento para un futuro prometedor mientras surcaban los despoblados cielos de un planeta desértico en los confines de alguna galaxia remota.