Guiones

Leo a Allen Ginsberg mientras en el televisor suena música de los años 40 y 50, Carmen McRae entre otras cantantes de swing. El ensayo tiene como tema principal la elegía Kaddish y es un breve recuerdo de cómo lo escribió y las varias veces que lo leyó en público o lo grabó.

Hay un momento que la lectura deja de interesar por lo que cuenta. Ginsberg rememora que estuvo una noche en casa de un amigo y escucharon a Ray Charles, al que – según dice – no había prestado mucha atención hasta ese momento. Luego, ya de amanecida, dice que volvió a su casa en la zona este baja (Lower East Side) desde la Avenida 7. Ese instante de lectura y música me trajo a la memoria las imágenes de Manhattan por la noche mientras paseábamos, los inmensos rascacielos, las luces de neón, las películas de Woody Allen, de Billy Wilder, una subjetividad que es, guste más o menos, colectiva, la propia del siglo XX hecho de cine americano y música, americana también. De un apartamento a otro fue Ginsberg para comenzar con una escritura caótica, mientras, quién sabe, si en alguna esquina de Manhattan no estaría ocurriendo alguna escena de película, o si no estaría ya despierto algún guionista que comenzaba a escribir el guión de una de esas películas que todos recordamos.

Mientras tanto, ahora, el aquí está al pie de la Montañas Rocosas en una casita que es un estudio con la puerta que da a la calle y una ventana que abarca toda la fachada y deja que la luz clara y alegre del día entre a raudales. Mientras suena la música de los años 40 y 50.

Lecturas de verano

Los veranos aquí, parece ya una costumbre totalmente implantada, leo algo de la Generación Beat. Normalmente, al día siguiente de nuestra llegada, recorremos la calle principal de una punta a otra y entramos en Trident, café y librería, donde los dueños venden libros que son restos de ediciones y por esa simple razón están a muy buen precio, normalmente la mitad de lo que costaría en otra tienda y no mucho más tarde, aunque está en la dirección opuesta, nos pasamos por la librería beat (Beat bookshop). Allá solemos departir un rato con el dueño, que no se acuerda de nosotros de veces anteriores (y es lo normal, tengo que añadir). La conversación siempre es idéntica: De dónde venimos, por qué nuestro interés por los escritores beat, algunas recomendaciones, que cambian de año en año, y casi al final, un recuerdo de mi parecido con algún actor más o menos famoso (parecido que yo nunca logro ver pero que tampoco le desmiento). En esta librería los libros son de segunda mano y están muy sobados, los lomos muy abiertos, las hojas amarillentas. Son libros que se han leído varias veces y que una vez acabados, después de una breve estancia en alguna estantería de alguna casa, imagino, vuelven a la librería a la espera de otro lector que lo leerá y lo volverá a vender. Quizás ese sea uno de los mejores destinos para cualquier libro.

Compramo, así, varios libros. Este año son las biografías de Allen Ginsberg y William Burroughs que escribió Barry Miles, más el libro de memorias que Carolynn Cassady escribió de su vida con Neal Cassady y Jack Kerouac. Off the Road se titula y es un buen libro de recuerdos, aunque las trampas de la memoria aparezcan aquí y allá de vez en cuando. Es un libro que comienza con una gran alegría de vivir y acaba inundado en la tristeza por la destrucción de quienes fueron los dos hombres que amó en su vida.

Hay algo que, a estas alturas de la vida, subleva en esas ganas de acabar con uno mismo con rapidez. Uno piensa en Ginsberg o en el siniestro Burroughs y comprende que los experimentos son compatibles con una vida larga, que se trata en el fondo de un impulso destructivo lo que llevó a Cassady y Kerouac a vivir tan sin freno, al igual que aquí, en cierto sentido de igual modo hizo Eduardo Haro Ibars.

Otro tema es la realidad de esas vidas y cómo se transformaron (y aún se sigue haciendo) en gran medida extendiendo el silencio sobre algunas partes de su vida,  en España para que Cassady, Kerouac y otros se acomoden al modelo de rebelde que nos interesa.