Fuera de lugar

Leo, no recuerdo ahora dónde, que un joven de 17 años envidia el tiempo de los años 80. Lo dice a propósito del descubrimiento de uno de esos grupos fugaces que poblaron las noches de los locales y las estanterías de las tiendas de discos, cuando aún había tiendas de ese tipo. Se equivoca. A veces yo echo de menos también el tiempo de las tiendas de discos donde podías ir a escuchar las últimas novedades y un dueño fascinado por la música se afanaba por traer la mejor mésica que se hacía en Inglaterra o en América. Elegían lo que les gustaba y lo que querían vender, y casi siempre elegían bien. Elegían también a su clientela. Ahora no es así, ahora es el zoco donde uno se encuentra todo apilado sin mayor criterio que el alfabético. Ahora no se elige ni los discos ni la clientela. Ahora, en el espacio intangible del mercado absoluto que es Internet, uno encuentra todo porque, por lo visto, elegir está mal visto. Decir que hay discos buenos, o libros, y discos malos tampoco está bien visto. Todo es igual, y el criterio ha pasado a mejor vida.

De todas formas, no quería hablar de eso sino de la envidia que un chaval de 17 años puede sentir por no haber vivido en una época anterior. Aquellos tiempos, al igual que estos, son tan buenos o tan malos como cualquier otro tiempo. La angustia existencial de la adolescencia, la incapacidad para comprender el mundo o para adaptarse a él, es igual ahora y entonces. Hay momentos de la vida que no son malos por estar viviendo después sino porque el simple vivir significa estar fuera de lugar. Por eso alguna vez hemos querido salir de nuestro tiempo y hemos soñado que nos acomodábamos en otro, aunque nunca, o muy pocas veces, hemos pensado que ese viaje en el tiempo acabaría, una vez más, en un sentirnos fuera de lugar.

Viaje hacia la nada

Que el Gobierno me quite la llamada paga extra de Navidad, me enfada sobremanera. Que me entere que Jon Lord ha fallecido, me sume en una gran tristeza. Una parte de mi mundo, de ese mundo primario que se forma en la primera adolescencia, desaparece con Lord, aunque aún me queden, para siempre, sus discos. Poco a poco va dejando de ser nuestro mundo.