Boa morte

En invierno de 2012 publiqué esta reseña en El Norte de Castilla. La recupero porque el libro merece que la gente lo lea.

Julio Izquierdo. Boa morte. Soria: Soria edita, 2012. 190 págs.

Boa morte es el primer libro de cuentos exento de Julio Izquierdo, aunque no el primero que publica pues en el año 2000 publicó Los hijos secos en un volumen conjunto con el libro de poemas Paralaje de Fermín Herrero.

El libro presenta y resuelve algunas cuestiones literarias de manera satisfactoria y adelanta algunos caminos en una narrativa, la española, algo anquilosada. Juan Benet ironizaba años atrás que en las novelas españolas los personajes se dedican casi exclusivamente a moverse de un lugar a otro. Para un autor que tanto apreciaba la estampa, semejante trajín debía de resultarle fatigoso. En Boa morte los personajes también se desplazan, a veces de manera obsesiva, otras en busca de un tiempo perdido y, sin embargo, no es el viaje cansino e insensato de tanta narración. Por otro lado, como suele ser bastante común también, los personajes se ven aquejados de soledad e incomunicación – dolencia que nos aqueja cada vez más no solo en la convenida vida real. Pero los cuentos no pierden la posibilidad de remansarse en estampas, revés momentos en que el estilo dota de sentido a la narración y se enseñorea de ellas. Y los personajes van de aquí para allá porque las historias comparten una cierta obsesión por lo repetitivo, que es a veces lingüístico o gestual o vital.

El libro se divide en dos partes bien diferenciadas estructural y temáticamente. La primera parte se titula “Boa morte” y reúne las narraciones que suceden en la localidad homónima, pueblo ya fantasma o extinguido, y que, a mi juicio son los más conseguidos; la segunda parte lleva como título “Refugio. La Ciudad” y son relatos sobre supervivientes que parecen ir soportando la vida alejados de su lugar. Aníbal Ázimo, Sócrates, la pareja de emigrantes islámicos, aparecen y se desvanecen a lo largo de las páginas del libro. A veces parecen querer marcar una función de estructuración narrativa, al igual que lo parece la repetición de algunas situaciones, casi siempre retomadas con alguna variación. Los mismos títulos repiten dicho esquema reiterativo: “”Nueces y verde”, “Música y filo”, Vino y frágil”. Algunas sensaciones marcan también una pauta en el desarrollo de las historias mediante la intensificación un significado que adquirirá sentido en la resolución. De todas las repeticiones, la más interesante es aquella que logra crear estampas, en gran medida gracias a la repetición de momentos casi idénticos, porque apenas el tiempo ha transcurrido entre uno y otro aunque la narración haya ido avanzando en otros lugares o aspectos. Esta insistencia en un grupo reducido de situaciones trae a la cabeza los experimentos narrativos de un cine europeo muy concreto que además se ve continuado en un paisaje, no en el paisaje en sí, como es comprensible sino en la selección que el escritor efectúa al llevarlo a los relatos.

El libro, conjunto de relatos unidos por unos mismos personajes y unos lugares compartidos, viene a contar lo que tantos otros libros cuentan: la soledad, la cercanía de la muerte y las extrañas o cobardes reacciones ante ella, el extrañamiento de un mundo. Lo importante no es, sin embargo, eso, a pesar de que la presentación de tales temas la lleve al cabo el autor con total alejamiento de la levedad o la banalidad en que otros tantos caen. Lo importante, y es de justicia subrayarlo, es el modo en que logra construir un libro convincente en que la narrativa es rural pero no castiza. Puede que no cite nunca nombres de lugares reales, puede que el título del libro remita a Galicia, pero el paisaje habla de una España interior visto desde una estética moderna – en el sentido en que se puede hablar de algunas cinematografías modernas. Sin dejarse llevar por la narración realista y castiza de la ya más que conocida Castilla ni tampoco perderse por entre los experimentalismos que no llevan a ninguna parte de la última posmodernidad española (tan retrasada de la posmodernidad norteamericana), Julio Izquierdo logra trazar una línea narrativa personal que puede tener un largo recorrido.

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