Fruslerías

Era una cleptómana de bellas fruslerías
robaba por un goce de estética emoción
“La cleptómana”

Tenemos la costumbre – la mala costumbre – de clasificar según una escala en la que prima la importancia inmediata de los objetos. Las prisas en la vida y el utilitarismo mal entendido no nos permiten ver lo sugerido en cada objeto mínimo que nos rodea. Tampoco advertimos las miles de combinaciones líricas que están ahí, esperando que las descubramos y creemos un mundo propio.

Las fruslerías, a nada que uno se fije un poco, dejan de serlo y revelan una variedad de matices que ahondan el mundo en el reino de lo fantástico inusitado. No es una cuestión de lógica interna. Es la súbita revelación de un mundo maravilloso.

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