Fotografía callejera

Esto de la fotografía callejera, bien lo sabemos, es como ir de caza. Hay días en que te cobras algún trofeo y otros, muchos, en que vuelves a casa con las manos vacías y la  cámara llena de imágenes insustanciales. El azar juega su parte, sin duda; la técnica tiene también la suya. El ojo del fotógrafo es, siempre, lo más importante.

Laberintos de cristal

El mundo ahora es más complejo y ha cambiado mucho con la aparición de nuevos materiales. En realidad, estos materiales han añadido la complejidad al mundo pues han permitido que los edificios logren torsiones que antes la ley de la gravedad y la resistencia de los amteriales hacían imposible.

Los laberintos ahora ya no pueden ser jardines ni estar hechos de muros de adobe. Hoy en día el laberinto es trasparente porque la intimidad ha desaparecido.

Jardín-Paraíso

Ahora que vuelven los títeres de cachiporra y la gente se divierte arreándose mandobles y algunos desean guillotinar al distinto, traigo esta foto de un jardín no muy secreto pero tampoco demasiado frecuentado, aunque esté en una de las calles principales de Valladolid. Soledad y frescor, más el canto de algún que otro pájaro infrecuente, hacen del lugar un espacio envidiable.

Cruzo un desierto y su secreta/ desolación sin nombre

No he leído en la prensa nada sobre la amistad  estética, que es geográfica y literaria, entre Juan Goytisolo y José Ángel Valente. El desierto, la plaza de Xemáa al Fnáa, los místicos, el lenguaje despojado, … Una lástima que nadie haya dicho nada de la amistad de dos grandes escritores. Hay diálogo entre ellos, diálogo literario.

 

Una época

En 1960 J.F. Kennedy fue elegido presidente de los Estados Unidos. El asesinato truncó la vid de un presidente que en unos mil días imprimió un sello personal a la época. Entre los momentos más importantes, al menos para mí, está la grabación de (Maria’s Her Name) His Latest Flame que hizo Elvis Presley en 1961 en los estudios de la RCA en Nashville, Tennessee.

También George Lucas sitúa American Graffiti en esa época, en concreto en verano de 1962. La banda sonora de la película es excepcional (dentro de los márgenes de la música popular americana de entonces). He escuchado la banda sonora mil y una veces, por aquello de no abandonar el embrujo de unas canciones que son parte importante de mi juventud, al igual que he escuchado a Elvis miles de veces por las mismas razones.

Algo hay, que empezó a mediados de los años 50 y que con la presidencia de Kennedy llegó a su culmen para, desde entonces, iniciar la caída y convertirse en una elegía.

Mitologías de adolescencia

Eran los Faraones y la ciudad era suya. Un hatajo de macarras que amedrentaban a los mocosos del instituto y traían de cabeza a la policí­a de Modesto, en California. Luego fueron los malvados del imperio en torno a Darth Vader, porque de un pequeño pueblecito californiano al lejano y desértico planeta Tatooine, escoltado por dos soles, apenas hay distancia en la imaginación de un adolescente. Completaban el grupo el Hombre Lobo ya envejecido en la figura de un samurái galáctico, el joven que deseaba largarse de su pueblecito para convertirse en un piloto de caza, y un contrabandista aficionado a las carreras, imagen del Bob Falfa de American Graffiti. Hace ya de ello 40 años. ¡Tanto tiempo ha pasado!