Las cosas bien hechas

Había peeveryman-title-pagensado en escribir sobre la identidad, en concreto, sobre la realidad de toda identidad, que no es otra que la muerte; en vida, claro, pero muerte, como bien observó Michel Foucault. En el momento en que alguien piensa que su identidad está completa, en ese mismo instante, muere simbólicamente como persona. Foucault prefería pensar en identidades en continuo cambio, en flujo perpetuo.

Yo voy algo más allá y tengo el presentimiento, la idea o la corazonada (porque aún no lo he desarrollado de manera detallada) que toda identidad es, si no muerte, si prisión. Uno puede muy bien pensar en que su identidad está en flujo pero aseverar que pertenece, por encima de todo, a una nación concreta, o a un género. Permite, así, que todo fluya menos lo nacional o lo genérico. Desde ese instante, se ha encerrado voluntaria, aunque quizás inadvertidamente, en una prisión, que le impide salir de unos marcos de pensamiento previamente fijados.

Hay que deshacerse de toda identidad, aunque sobre todo de la nacional y la genérica, que son las que hoy en día agobian de verdad. Hay que decir, para ser totalmente libre, que uno ha nacido en tal o cual lugar pero no tiene identidad nacional y que uno es hombre o mujer pero no tiene identidad genérica.

Ni dios, ni patria ni amo, fue un lema anarquista. Hoy habría que añadir, y sin género.

Sin embargo, después de que haya llegado el cartero, mi interés por esto de la identidad ha decaído, aún más de lo que suele estarlo, porque me ha llegado un ibro de finales de 1920, perfectamente conservado de tapas color vino borgoñón y letras doradas grabadas en el lomo. Dentro, tiene un ex-libris con el lema: “When Providence throws a good bok in my way, I bowto its decree and purchase it as an act of Piety”, frase tomada de Oliver Wendell Holmes.

El libro en cuestión es una edición de Sartor Resartus y On Heroes, hero-Worship and the Heoirc in History de Thomas Carlyle. Lo que verdaderamente me ha llamado la atención es ese olor tan típico de los libros, olor a papel antiguo, como ya no huelen los libros que se publican en esta época. Ciertamente leer ese libro es leer la novela y los ensayos pero es tener también entre manos un objeto que los impresores y encuadernadores trataron con mimo y cuidado. La prueba es que muchos de los libros actuales están en peor estado que este a pesar de la diferencia de edad.

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Paparruchas

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Paparrucha, paparruchada eran palabras frecuentes en mi niñez. Solíamos escucharlas cuando contábamos alguna historia inverosímil con el único fin de salir de un apuro: “Eso es una paparruchada. Ahora dime la verdad”. En general eran mentiras con una pequeña elaboración para que pasaran por verdades. Por aquel entonces mentir estaba mal visto y si lo hacías debías ser muy ingenioso para que no te pillaran. Había, es cierto, eso que llamaban mentiras piadosas, que eran más que embustes falseamientos de la realidad para evitar un daño sentimental. Pero lo importante, repito, era que la mentira tenía mala prensa y si te pillaban en una, pagabas las consecuencias.

Mientras escribo estas líneas me doy cuenta de cuánto ha cambiado el mundo. La mentira ya no está mal vista. Todo lo contrario, la mentira ahora, disfrazada de verdad, no de paparruchada, sirve de acicate para la multitud. Lo del pago de las consecuencias es algo aún más obsoleto Ya nadie piensa que tiene que pagar por hacer algo erróneo, malo o dañino. Los castigos caen siempre a los otros, y siempre por razones que tienen que ver más con la propaganda ideológica que con la ética o la moral.

Es común hoy en día que los políticos y toda la burocracia que los rodea mientan a espuertas para conseguir sus objetivos. A estas mentiras las designamos con un anglicimo, fake-news, donde fake significa falsa pero es también farsante. Podríamos llamarlas con su nombre español, paparruchadas, aunque ya esto importa poco por el hecho de uqe la mentira cada vez tiene un mayor prestigio. Siempre ha habido liantes en este mundo, gente que ha utilizado la paparrucha para conseguir sus inmorales fines. No es menos cierto que, en general, estos farsantes eran de baja estofa, no solían pasar del ámbito municipal, y eso cuando llegaban. Ahora la cosa es más peliaguda porque el salto es cualitativo a la vez que cuantitativo, porque alcanzar el nivel del gobierno autonómico, incluso nacional, conlleva que los mentirosos se mueven con total soltura en ámbitos donde se deciden asuntos importantes y que el repudio de la sociedad a la mentira es menor.

No quiere esto decir que en el pasado no existiera esa mentira. Un buen ejemplo de ello es el modo en que algunos periodistas callaron la gran hambre en Ucrania en los años de 1930. La Unión Soviética estaba embarcada en la segunda fase de la Revolución, la de los planes quinquenales de Stalin, que se saldaron con un rotundo fracaso que no llegó a ser clamoroso por el ímprobo trabajo de algunos periodistas empeñados en tapar lo que era evidente para cualquiera que visitase el país. Otro caso de paparruchas que han tenido y aún tienen vía libre es todo el proceso de secesión catalán, donde, desde la cifra de heridos hasta las consecuencias que está teniendo, la mentira ha contado con la inestimable ayuda de periodistas catalanes y extranjeros que han preferido divulgar paparruchas antes que atenerse a la verdad. Ni el número de heridos resultó ser tan elevado ni la secesión se realizará, si es que llega a tal término, sin consecuencias funestas para la región. Un ejemplo es la fuga de empresas, pero, sin duda, hay más.

En cualquier conflicto, siempre se ha dicho, la primera víctima es la verdad. Esta vez por partida doble, pues lo mentirosos se ufanan de serlo.

La espera y las apuestas

A estas horas de la mañana (11:45), la casa de apuestas Ladbrokes da como favorita para ganar el Nobel de Literatura a Margaret Atwood, seguida de Ngugi wa Thiong’o, Haruki Murakami y Javier Marías. Mucho después está mi favorito, Adonis, un poeta por fortuna no demasiado secreto. En esa zona mediana se sitúan otros como César Aira, Juan Marsé, Claudio Magris – sería fantástico que se lo dieran a él – Adam Zagajewski, Abraham B Yehoshua o Joyce Carol Oates. Esta junto con Zagjewski también están entre mis favoritos. Veo que mucho más abajo está Ursula K. LeGuin, autora de ciencia ficción, muy interesante y no suficientemente atendida en España, y Les Murray. Entre tantos autores bueno, cada vez entiendo menos la elección del año pasado y temo que este año vuelvan a repetir la tontería. El Nobel debería servir para descubrir autores poco conocidos no para premiar a alguien que lo conocen hasta en el más remoto pueblo de Siberia o del Ampurdán.

El eterno retorno

LuJSwV7LR%+yLmQ0B+WzIA_thumb_317José Álvarez Junco y Josep Fontana examinan de manera bien clara los problemas de España en varios de sus libros sobre historia de España en los siglos XIX y XX. Entre ellos están la jerarquía católica, que controla la educación; el recurso al golpe de estado y la miseria moral, política y humana de las elites políticas.

Seguimos igual. Tenemos una jerarquía católica que solo piensa en adoctrinar a los niños en la religión. Una de las consecuencias es que ningún gobierno desde 1978 hasta hoy se ha tomado en serio educar a los españoles en lo que es el republicanismo cívico. Este republicanismo habla de la nación como un conjunto de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones que se rigen por la ley que el parlamento aprueba. Las leyes, en consecuencia, so provisiones objetivas que regulan la convivencia. Nada tienen que ver con la moral, ni con el modo de alcanzar el Reino de los Cielos. Importan solo para organizar y gestionar la vida en este mundo de la mejor manera posible. No hay que creer en ellas, solo hay que cumplirlas. Las leyes son ateas, lo que significa que solo valen para este mundo, que, por otro lado, es el único que hay.

Mientras en Europa y América se enseñaba esto a los escolares y se les inculcaba un sentido de unidad entre las diversas comunidades que formaban la nación, en España teníamos a la Iglesia, por un lado, a la Monarquía que pensaba que la unión de reinos que formaba España era propiedad suya, a unos conservadores que también pensaban que España era de su propiedad y a una izquierda de la cual una parte minoritaria era ilustrada y quería educar en esa idea de republicanismo cívico, y otra que solo pensaba en dinamitar cualquier posibilidad de convivencia. En esto se unió a la derecha y entre las dos jalonaron los siglos XIX y XX de asonadas militares e insurrecciones de todo tipo. Como bien apunta Fontana, el problema no radica en si los insurrectos eran progresistas o conservadores si no en que se levantaban contra el orden establecido por el simple hecho de que a ellos no les gustaba lo que había y utilizaban la fuerza para imponer su voluntad contra el resto de la población.

La inoperancia de las elites políticas a la hora de crear una nación cívica (en el sentido que Álvarez Junco le da) trajo como resultado el nacimiento de nacionalismos de signo cultural que han perdurado hasta hoy día (agravándose la situación, claro.) Los nacionalismos, una vez más, son el desencadenante de un nuevo golpe de estado. Una vez más, una facción insurrecta, que además proclama la superioridad cultural de la gente que puebla el territorio,[1] ha lanzado un órdago al régimen político establecido. Una vez más, gran parte de la izquierda ha unido sus fuerzas con esa facción golpista.

 

Los gobiernos españoles no se preocuparon por ese republicanismo cívico, ni en la enseñanza, que dejaron en manos de los caciques de cada región, ni en el plano simbólico. Desde hace mucho, el gobierno central hizo dejación de sus funciones en todo el territorio, y al retirarse política y simbólicamente, permitió que los nacionalistas ocuparan su lugar. Una vez más, como si la historia no nos hubiera enseñado cuál iba a ser el resultado.

En esas estamos, en otra encrucijada histórica, mal que nos pese, con los bandoleros a la espera de sacar tajada, al igual que ayer la sacaron con las fotografías de los heridos. Porque no nos engañemos, los heridos sirvieron ayer para echarse encima del Gobierno. Hoy ya no importan, ni mañana ni nunca más. Los heridos, al igual que lo fue la manifestación por las víctimas del atentado de agosto, son solo un instrumento, nunca un fin.

[1] No en vano Heribert Barrera, uno de los más destacados políticos de ERC afirmó, sin despeinarse cosas tales como: «En América, los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos» o «se debería esterilizar a los débiles mentales de origen genético». Marta Ferrusola, mujer de Jordi Pujol, pidió que se frenara la inmigración en Cataluña porque, si no se hacía con el tiempo el genotipo catalán iba a desaparecer. (El término genotipo lo uso yo, dudo que la señora, ocupada en sus labores de ecónoma abadesa lo conociera [Por cierto que la izquierda esa que quiere gobernar, bien que calla en el caso de la corrupción política y económica de Cataluña].)

 

De épicas, líricas y otras tomatadas

%Geub2MWRL+9gYnOjjGCkg_thumb_304Observo en los periódicos que en Cataluña las clases donde se imparte la educación obligatoria están llenas de banderas catalanas – de las verdaderas y de las inventadas (porque como nos enseñó Eric Hobsbawn, la tradición se inventa – y pienso en los campamentos que la Falange organizaba en España con el único fin de adoctrinar. (creo que a los niños los llamaban flechas). También fueron adoctrinados los que formaron parte de las juventudes hitlerianas, de las juventudes comunistas en Rusia o en Cuba, los jóvenes en la Italia fascista.

Tienen todos dos rasgos en común: querencia por la masa, el grupo, la tribu (como quiera llamársele) y la primacía del sentimiento. No es extrañar que, la poesía – o que ellos creen que es poesía – florezca como nunca, como tampoco es extraño el gusto por toda reunión pública de masas. Cuando veo tanta gente junta – adultos en su mayoría – saltando, coreando consignas, cogidos de la mano, sonrientes, enseñando orgullosos a sus niños el comportamiento de la tribu, solo pienso en aquel grito: Non serviam! Cuando leo sus deposiciones líricas pienso en lo que decía Jaime Gil de Biedma sobre la prosa:

La prosa, además de un medio de arte, es un bien utilitario, un instrumento social de comunicación y de precisión racionalizadora, y no se puede jugar con ella impunemente a la poesía, durante años y años, sin enrarecer aún más la cultura del país.

La prosa ha sido el instrumento que las personas han utilizado para su progreso racional y político. La poesía ha sido una reflexión oblicua sobre la existencia. Hoy en día hay quien utiliza la prosa como adoquín que estrellar contra la frente de su enemigo; hoy los enemigos son necesarios, y quien no los tiene otros se los fabrican. La poesía, eso que llaman poesía, es hoy en día una regurgitación sentimental y un sustituto de medicamentos como el prozac y otros por el estilo. No es de extrañar, tampoco, el gusto por la poesía si tenemos en cuenta esa tendencia al gregarismo. Las lecturas de poemas en grupo funcionan como sesiones terapéuticas en que los participantes abandonan sus miedos, sus preocupaciones, su soledad, su individualidad para fundirse en la común unidad de la masa. Son, en breve, catecúmenos, que presumen de su inteligencia crítica mientras desgranan seguidos todos los tópicos de nuestra época.

No es de extrañar que tengan una banda sonora de su vida, que haya una comunidad de afectos generacionales (más bien intergeneracionales, pero parece que no se enteran; los conceptos la sentimental masa tiene problemas para entenderlos). No es de extrañar ese canturrear continuamente “L’estaca”, o hace meses, al perder las elecciones, “Ítaca”, cuando habría sido mucho más apropiado “Esperando a los bárbaros”. Aunque habría sido un problema, pues el poema acaba de este modo:

Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.
¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.

La política desde Platón hasta nuestros días – con algunas excepciones como el período de entreguerras – ha sido un ir eliminando los sentimientos para que la razón se fuera abriendo camino. Hoy en día retrocedemos: pierde terreno la razón para ganarlo los sentimientos y la irracionalidad.

En esas estamos, en el retroceso hacia formas que podemos llamar, con pleno derecho, de fascistas. Creo que la vida me ha dado mucho. Entre otras cosas, ver la caída del Muro de Berlín, y ver el ascenso del fascismo (en su vertiente populista, que no es sino otro nombre de nacional-socialista). Eso sí, estoy seguro de que en cuanto salga a la calle, mañana o pasado, habrá quien seguirá repitiendo esa jaculatoria de que vivimos una época aburrida en que no pasa nada interesante.

La épica de la Revolución, la lírica de los sentimientos: eso es lo que nos espera, y dentro de unos años, las confesiones del desengaño, aunque desconozcan,  quizás, por eso, lo que Friedrich Hölderlin escribió:

Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en su infierno

¡Menudo panorama nos espera!

Más allá del sol …

Suena “I’m Gonna Sit Right Down and Cry” en la version de Chris Isaak. El ritmo tiene poco que ver con lo que el título anuncia. Chris Isaak se embarcó en lo que, para mí sin duda, es su mejor proyecto: la grabación de algunas de las mejores canciones que salieron de Memphis Recording Studio, los estudios de grabación de Sam Phillips, uno de los hombres que, sin ser político ni militar, logró cambiar el mundo. La cultura popular tiene una deuda enorme con este hombre discreto que, aunque era consciente del valor de sus músicos, nunca pudo imaginar lo que se avecinaba, y parte de ese cambio se lo debemos a él. Fue capaz de ver lo nuevo e valioso que había en esos músicos, casi todos desconocidos, algunos pequeñas estrellas locales, que se acercaban a su estudio para grabar un single y probar suerte en el mundillo de la música, en los clubs de blues y jazz que salpicaban la calle Beale, no muy lejos de su estudio de grabación y muy cerca de la emisaora local donde su hermano pinchaba las últimas grabaciones.

En el 2011 Isaak viajo a Memphis y recaló en esos estudios para grabar Beyond the Sun, una colección de canciones de los años 50, cuando el rocanrol comenzaba a formarse, orgulloso y vibrante. Jerry Lee Lewis, Roy Orbison, el gran Johnny Cash y, por supuesto, mucho Elvis Presley.