Playa de interior

DSCF7355La playa está lejos, o eso nos dicen, equivocados, los que no saben que la playa está dentro, que solo hace falta un poco de imaginación y uno puede vivir la vida que Ceesepe vivía como capitán Achab retirado en una ciudad fantasmagórica como si fuera el decorado de un Blade Runner posmoderno y onírico (aún más onírico que el de la película).

La playa, para los que, varados en medio de los secos trigales de Castilla no viajamos, es una idea de playa con una brisa fresca, un cocotero y un daiquiri. A lo lejos, el sonido de las olas que rompen perezosas en la arena.

Para este viaje apenas se necesita nada: un sombrero rayado, una pared y un foco para hacer la foto que luego se pega en la pared con una chincheta.

Todo es frágil e inestable

Todo es leve e inestable: la vida, el cuerpo, el canto de los pájaros en las avenidas, los bulevares y las ramblas. Todo dura solo un instante aunque queramos creer que el tiempo no se detiene y todo continúa. Lo que ayer fue, mañana, esta misma tarde ha dejad de ser: “Fue sueño ayer, mañana será tierra”. Apenas un leve anuncio, un estremecimiento, y todo se ha desmoronado en un instante, antes incluso de que lo viéramos.

Todo pasa, nada queda, aunque el poeta soñara con un rastro en el tiempo, que la realidad desmiente, porque al final, el recuerdo se desvanece y su sitio lo ocupa el vacío. Como los muertos de hoy, como Will More, que falleció días atrás y era ya sombra desde hacía años.

Nadie hablará de cuando tuvimos veinte años

hotel cisca

Me entero de que el abandonado hotel Chisca, en la calle principal, lo han rehabilitado y ahora es un edificio de apartamento. Cerca, el viejo teatro, con su cartel de neón, donde actúan viejas y novedosas bandas de rocanrol, mantiene la apostura de lo que ha adquirido ya el marbete de clásico, aunque esto solo sea una manera de querer cerrar los ojos a la evidencia del paso inexorable del tiempo, el olvido, la decadencia, … El hotel Chisca me interesa porque allí, en los años 1950 había una emisora de radio, y en el programa de Dwight Phillips sonó por primera vez “That’s All Right, Mama”, en la versión que poco antes había grabado Elvis Presley en Memphis Recording Studio, más conocido como Sun Records.  En gran medida ese fue el inicio, aunque no fuera el único y en otros lugares estuviera forjándose también el rocanrol. Dwight Phillips pinchó la canción una vez, y después del abrumador número de llamadas que recibió no tuvo más remedio que ponerla otras catorce. Un buen comienzo, sin duda alguna.

El estudio de grabación Memphis Recording Studio, sede del sello discográfico Sun Records, no se encontraba muy lejos del hotel, unos cinco minutos en coche, que en el tranvía que nos llevó aquella mañana hasta la calle Ocean, se convirtieron en casi veinte. El tranvía continuaba hasta el hospital, y algunos de los pasajeros eran tullidos o cojos que se acercaban allí a pasar la revisión médica o recoger medicamentos, tiendo a suponer.  Bajamos del tranvía al lado de un enorme aparcamiento al aire libre, desierto casi, y enseguida nos encontramos con la trasera del edificio decorada con enormes fotos de Jerry Lee Lewis, Roy Orbison, Johnny Cash, y otros de los héroes del Sur, héroes que no cayeron en el campo de batalla. Al torcer la esquina, vimos la pequeña entrada bajo la enorme guitarra Gibson, seguida de la fachada donde luce el cartel de neón en tonos rojos y azules.

Allí estuvimos, donde todo empezó, al menos un todo personal, que quizás no dé sentido a la vida en un sentido religioso, pero sí en otros más mundanos, porque al fin y al cabo, he logrado entender que sin Elvis, sin el rock, que descubrí gracias a él, yo no habría viajado tanto a Estados Unidos, y no habría ido ni a Memphis ni a Nueva Orleáns, tampoco, es lo más seguro, habría recorrido la ruta 66, ni habría ido en busca del fantasma de los Beats. Ahora son solo eso, un fantasma, un recuerdo, una imagen que perdura, débil, en algunos lugares, a punto de desaparecer, al igual que Elvis Presley, un reclamo turístico solamente, un nombre pronunciado en las conversaciones de muchos que hoy en día son abuelos, y que escuchan los nietos sin entender quién fue ni las puertas que abrió, puertas ya lejanas, fantasmales, al fondo de las cuales apenas logramos entrever un pasillo oscuro, silencioso. Aún en Memphis, en algunos bares hay quien se afana en cantar sus canciones, son músicos de edad venerable, coetáneos de Elvis, aunque cada vez son menos porque, cosa del tiempo, van muriendo. Van dejando de vivir quienes lo conocieron, quienes lo vieron actuar en Memphis, en Luisiana, en tantos conciertos al aire libre o en pequeños garitos durante sus primeros años.

Llegará un tiempo en que esa América que tanto me ha gustado, que tan importante ha sido en mi vida, desaparecerá. Elvis lo hará, y Jack Kerouac y Allen Ginsberg, y los bohemios neoyorquinos y californianos que contemplaron atónitos a Ginsberg recitando Aullido, y Charlie Parker o Charlie Mingus, por no hablar de Johnny Cash. Nada hay eterno, ni siquiera el recuerdo. Algún día, cuando hayamos muerto, nadie recordará cuando tuvimos veinte años.

La historia, no paran de decírnoslo, se repite

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Hubo una Primavera de Praga, en que el gobierno checo inició tímidas reformas de democratización, que se resolvió con la ocupación de Checoslovaquia por parte de la URSS, y los comunistas protestaron, solo algunos, débilmente y siguieron apoyando a la URSS. Hubo, décadas después, protestas en la Plaza de Tiannanmen para pedir mayor libertad y democracia. El gobierno comunista chino masacró a los manifestantes. Y los comunistas europeos siguieron apoyando el comunismo. Ahora hay en Venezuela protestas ciudadanas para que haya más libertad y democracia, y el gobierno chavista reprime las protestas con ferocidad, Y los comunistas españoles, que tanto hablan de democracia, callan y no critican. Solo apoyan el régimen tiránico chavista. La historia se repite siempre demasiadas veces, y los miserables no cambian de bando.
Desde otro punto de vista Eduardo Jordà lo explica muy bien.

Verano de lecturas

 

Cartel_2.jpgMás o menos hoy comienzan mis vacaciones. Aún tendré algunos asuntillos que rematar, pero lo gordo — por decirlo de algún modo — ya lo he acabado. Ahora me espera un verano de lecturas, caribeñas como lleva siendo costumbre desde hacia varios años. LLego a las vacaiones con alguns relecturas en el cuerpo, Sodoma y Gomorra de Marcel Proust, de quien me he propuesto volver a leerme  todo En busca del tiempo perdido a razón de un volumen por verano.

Ahora hay tiempo y ganas de leer por placer. Durante el año el palcer de leer existe y lo siento, pero hay veces que las obligaciones se cruzan en nuestro camino. Ahora, no, lo que ahora leo es solo por placer.

Estamos mejor que nunca, dice el optimista vital

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Todo es decadencia y desorden. Así ve mucha gente el estado actual de la cultura. Yo, sin embargo, no lo veo así. Es de los pocos momentos optimistas que tengo en mi vida. Cuando me hablan de la cultura me niego a aceptar la idea, tan extendida, de que las cosas van a peor.

Hay gente, que para demostrarme que estoy equivocado, me habla del esplendor de la Antigüedad grecolatina, que va desde el 500 A.C. al 400 D.C., y lo comparan con la literatura que se está escribiendo en los dos últimos siglos. Yo, por el contrario, pienso que los Antiguos, que tuvieron a Homero, Hesíodo, Jenofonte, Esquilo, Platón, Safo, Virgilio, Cicerón, Plutarco, y tantísimos otros, se perdieron –cosas de la cronología – a Shakespeare, Cervantes o Hölderlin, entre tantísimos otros. Se perdieron también a Guillermo Cabrera Infante o Alice Munro.

Esto del pesimismo es, en el fondo, pereza mental e intelectual. EN el caso de la cultura, es desconocer que ya Hesíodo habló de las tres edades: de oro, de bronce y de hierro, en la nos encontramos, y, por lo visto la peor.  Luego está la larga decadencia española (cierta, sin duda) y la leyenda negra. Y el discurso falso pero impactante (por lo que tiene de pesimista y tremendista a lo Camilo José Cela). Eso sí cuando se analizan  los datos, lo que queda son los restos de la mentira, humeantes aún esos restos, sí, pero solo rescoldos ya.

Es lo que tiene haber nacido tarde… y no ser un pesimista ni de la razón ni de a voluntad..