Porvenir inexistente

Siempre había un luego, nunca un ahora. Lo fiaron todo al porvenir que apenas les alcanzó. Jack Kerouac y Neil Cassady se embarcaron decenas de viajes por todos los Estados Unidos en busca de quién sabe qué: un fantasmal anhelo juvenil o la renovación de la épica americana, la del viaje como un rito de paso. Vivía Kerouac con la vista puesta en un futuro en el que dejaría de vivir para escribir lo que había vivido. Se sabía un beat en el doble sentido: el de un joven abandonado por la sociedad, un bohemio, y el de un ser beatífico. Correspondían a su juventud y madurez, aunque madurez no llegase a tener porque murió demasiado pronto, cuando estaba ya preparado para ser un contador de historias, las míticas historias de su juventud.

Nunca hay tiempo para luego, un porvenir que solo existe en nuestros deseos y que conforme se acerca, se aleja aún más. El futuro solo existe en nuestros sueños y deseos. El resto es presente urgente y pasado crepuscular.

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Nostalgia

2016-12-06 23.49.54

“Escribo este libro porque todos moriremos”, dice Jack Kerouac al comienzo de Visiones de Cody, aunque en realidad no está pensando en la muerte como en el final de la existencia sino como el olvido. Al final – sin que importe lo que hayamos hecho o dejado de hacer, las ganas que le hayamos puesto a la vida, o la indolencia con la que hayamos pasado por ella – lo cierto que tenemos es el olvido. El rastro que dejamos va despareciendo gradualmente; incluso si tenemos hijos, la carga genética es cada vez menor: al principio la mitad, luego un cuarto, un octavo, un dieciseisavo y así sucesivamente. Cada vez, menor: el olvido.

Iban a morir, aunque entonces no lo sabían y lo único que veía Kerouac alrededor de sí era un mundo que iba desapareciendo: las pequeñas ciudades americanas donde todo el mundo se conoce, donde el sentimiento de pertenencia, aunque no de arraigo, está tan presente. Uno forma parte de una sociedad, y parece que la vida adquiere un cierto sentido, más que en la Nueva York que tanto le atrajo durante unos años. ( Billy Wilder puso en escena ese formar parte anónima de una empresa enorme de una manera muy aguda en El apartamento). Hacia eso se dirigía la Generación Beat mientras de eso huía.

El olvido, la tristeza por lo que dejó de ser, por lo que desapareció de nuestras vidas, “escribo esto porque todos vamos a morir”, al igual que murió Charlie Parker.  Tristeza y visiones, un sentimiento ácido de nostalgia por un mundo que está dejando de ser, por unos años en que vivió con Neal Cassady, y no solo observaba, también vivía, aunque luego se recluyese para dejar constancia de lo vivido. Para dejar constancia lo que vivieron las mejores mentes de su generación: la urgencia de vivir, la inocencia desnuda, las santas visiones en medio del torbellino.

El final casi ineludible es la nostalgia. Y la orquesta de Charlie Parker en lo profundo del tocadiscos.