Sin sentido al final

20171228_29.JPGSuponemos, por aquello del examen de conciencia que tan arraigado tenemos debido en parte a nuestra educación, que cuando se acerca el final de año debemos hacer recuento. Intentamos discernir en dicho examen las líneas de sentido que el año ha tenido. Sabemos que no es así, que la vida transcurre silvestre y montaraz y solo a posteriori nosotros intentamos que aquello que fue pura vitalidad tenga un sentido. Esto más o menos viene a decir que nos inventamos la teoría que nos permite imponer un patrón a lo que no es sino flujo libre sin motivo, orden ni razón. La teoría así se convierte en la coartada que justifica lo que es solo vida, o la excusa que nos permite imponer nuestra vision del mundo (por decirlo de algún modo).  Creo que el amor fati de Nietzsche es un intento desesperado de librarse de toda explicación teleológica de la vida. Es un dejarse llevar por los acontecimientos, conforme van sucediendo, sin orden ni concierto, sin razón ni sentido, solo porque así es la vida, y disfrutar en medio de ellos, saber apurar lo poco o mucho de felicidad que haya en ellos: algo que está muy cerca de la alegría de vivir. No tiene un por qué la vida, pero sí una passion, algo infinitamente superior a lo primero.

El sentido de un final se titulan una novela y una película. (No puedo dejar de lado la mala traducción del título, que no es sino un calco del original). Es una película pausada, melancólica. No en vano el personaje principal está ya cercano a la muerte. Es un recuerdo de lo que fue un momento de su vida, de los malentendidos que ahora, cercano el final, se despejan. Es también una película donde el protagonista se deja engañar, por sí mismo, es cierto, pero no por ello deja de ser engaño. Me queda la duda de si no indagó más en el tema porque no pudo o porque no quiso (y así los hechos confirmaban su hipotesis). Al final de su vida, una vida de la que nos dice poco pero intuimos que ha transcurrido sin pena ni gloria, el pasado vuelve a él, por arte de birlibirloque más que po una carambola del destino. Así se entera de que lo que él estuvo pensando durante varias décadas no fue de ese modo, y nosotros nos percatamos de una relación subterránea, oculta aunque sugerida también, sin que quede del todo despejada esa incognita.

No fueron las cosas como las pensamos ni tienen sentido cuando suceden. Es la necesidad de la teoría la que impone la pauta, el modelo o el canon rompiendo así con lo terrible del destino. No tienen sentido los finales y, en cualquier caso, son más excitantes los comienzos cuando todo aún está por suceder y podemos elegir el rumbo.

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