De la danza y la escultura

Después de ver la muy interesante película Bobbi Jene, pienso en la escultura del cuerpo, en el uso del cuerpo como una escultura, en que la danza no es solo movimiento acompasado por la música. La danza, en algunos casos, es escultura en el tiempo; escultura de un cuerpo que cambia en el presente del escenario porque acompaña la música pero también cambia en la ausencia que es la vida cotidiana – ausencia del escenario y de la danza – y se vuelve más fuerte o más débil, más compacto o más grácil, y esos cambios acompañan al intérprete en su peregrinar por escenarios.

Nada es eterno y en ese discurrir se halla parte de la belleza del mundo. El cambio siempre activo, la vida como proceso.

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