La épica demediada

UFwSIQ2uTtWkk70vL6VlPw_thumb_2fd“Las semanas que vivimos peligrosamente”, así las llamarán de manera cursi y sin la menor originalidad. Lo segundo es normal. La izquierda desde hace muchas décadas, digamos que finales de los sesenta o comienzos de los setenta, vive del pasado.

Así cuando todo esto acabe, y no será muy tarde, comenzará el momento de la creación épica, de la idealización de unas vidas que no fueron mucho pero que se salvarán, de manera privada y sentimental, por unas horas, unos días o unas semanas en que sintieron el pellizco de la adrenalina en el corazón mientras La Luz del membrillo clareaba en sus cabellos.

Toda épica es siempre diferida, una creación posterior en el tiempo que busca esconder las vergüenzas, al tiempo que pretende crear una ética. En el caso de la épica homérica, es la del héroe griego; una ética, pues, aristocrática. Lo de estos días es la ética del resentimiento (que siempre se esconde tras el victimismo mientras lo va alimentando), una ética de la destrucción solo porque sí.

En la mayoría de los casos solo permanecerá el brillo de lo superfluo y de la brillantina y la bisutería. La adolescente ilusión de haber participado en una asamblea, en una manifestación. Poco más. Los héroes desaparecieron tiempo atrás, y con ellos la épica. lo de ahora es solo decorado pintado de purpurina.