Porvenir inexistente

Siempre había un luego, nunca un ahora. Lo fiaron todo al porvenir que apenas les alcanzó. Jack Kerouac y Neil Cassady se embarcaron decenas de viajes por todos los Estados Unidos en busca de quién sabe qué: un fantasmal anhelo juvenil o la renovación de la épica americana, la del viaje como un rito de paso. Vivía Kerouac con la vista puesta en un futuro en el que dejaría de vivir para escribir lo que había vivido. Se sabía un beat en el doble sentido: el de un joven abandonado por la sociedad, un bohemio, y el de un ser beatífico. Correspondían a su juventud y madurez, aunque madurez no llegase a tener porque murió demasiado pronto, cuando estaba ya preparado para ser un contador de historias, las míticas historias de su juventud.

Nunca hay tiempo para luego, un porvenir que solo existe en nuestros deseos y que conforme se acerca, se aleja aún más. El futuro solo existe en nuestros sueños y deseos. El resto es presente urgente y pasado crepuscular.

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