Alerta

Los días — unos mejor, otros no tanto — uno los pasa atento a los latidos del corazón. Cuando esta sano uno no nota nada; el corazón late a su ritmo, silencioso y así puede uno ensimismarse en los suyo. Cuando el corazón no va bien, se hace notar: late con más fuerza, o mayor rapidez, o altera el ritmo, tanto que a veces parece un mambo o una conga el ritmo que lleva.

“El corazón y otros frutos amargos” es un cuento extraordinario de Ignacio Aldecoa, sin duda uno de los mejores relatos españoles del siglo veinte. El caso es que eso de los frutos amargos ahora tiene otro sentido; también lo tiene el corazón.

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